Pangea – Cacería Nupcial

Algunas tribus mendwan de las orillas del río Púrpura, en especial las cercanas a su desembocadura, tienen costumbres monógamas, las parejas se unen para toda la vida, y tienen una ceremonia para el miembro de la pareja que pertenece al grakin (o los dos si son ambos) que llaman cacería nupcial. Se trata de una cacería que dura varios días en la que el afortunado realizará su última salida sin obligaciones familiares y en la que, además de caza, hay muchas bebidas fermentadas y muchas historias subidas de tono. El objetivo de la cacería nupcial es cazar algún animal impresionante que regalar a la pareja y su carne se aprovecha en el banquete de unión.

PD: con el tiempo, esta tradición se iría civilizando y con la aparición de la tecnología y los bares acabaría llamándose «despedida de soltero».

Las bebidas fermentadas corren en las noches de cacería nupciales y el futuro contrayente no suele acabar en buenas condiciones físicas, no, al menos, para cazar algo decente. Son los amigos del cazador los responsables de que eso no se note, de ayudar a su amigo para que la caza sea un éxito. Todos forman parte de este engaño y es parte del juego social que representa esta tradición. Algunos cazadores vuelven con heridas o lesiones a su ceremonia nupcial, pero eso también forma parte de esta legendaria tradición. Si no hay heridas, es que la cacería ha sido un poco sosa. Sigue leyendo

Pangea – Silbato dwaldur

Silbato dwaldur - la fotografía en realidad es un silbato de la cultura Hopewell (Ohio, EEUU, 400 a. C.)

Los dwaldur fabrican silbatos con los huesos largos de sus enemigos tras devorarlos. Prefieren usar los huesos de los brazos, aunque se han visto silbatos con huesos de la clavícula e, incluso, costillas. Suelen tener un puño de largo y un orificio acanalado que es el que produce el sonido. La médula interior es un manjar y se la comen, pero el interior del hueso es limpiado y limado a conciencia para afinar el instrumento.

El exterior del hueso se graba con dibujos y adornos geométricos a gusto del propietario. Existe una leyenda que asegura que las tallas las hacen con los dientes, pero, la realidad es que las hacen con instrumentos punzantes y que su aparente tosquedad es fruto de la inexperiencia artística de su fabricante. Sigue leyendo

Pangea – 2×12 – El encargo de Ursus (cuarta y última parte)

Llegaron al atardecer, cuando la gran población que era Aguaclara empezaba a amodorrarse y sus habitantes a desaparecer bajo la techumbre de las chozas, los niños aún correteaban buscando una última aventura y en los agujeros de los hogares danzaba el humo blanco de los guisos y el aroma del festín.

Si había guardias en los accesos, nada les dijeron. Quizás sí les habían visto y decidieron no meterse en problemas. Aarthalas y Lobo subieron por una de las calles principales donde acabaron topándose con el puesto de venta de su caravana. Estaba en una posición privilegiada, bastante mejor que donde les había dejado. Lobo inclinó la cabeza ante Slissu quién le devolvió el silencioso saludo. El h´sar hizo un gesto a Motaas y a los seis esclavos y estos continuaron recogiendo mientras él serpenteaba tras el jefe de la caravana. Unos pasos por detrás de él, trotó Kel.

Los cuatro llegaron hasta las puertas de la casa de Ursus donde descubrieron a Addebi, montando guardia. Había sangre a su alrededor, en su lanza y en su cara, ninguna era suya. Lobo también le saludó con la cabeza y el lugarteniente dejó que sus blancos dientes mostraran la alegría que sentían. Aarthalas puso una mano en el hombro de guerrero y enfrentándose a la ciudad se quedó de guardia con él. Lobo continuó al interior donde nadie le impidió el paso; el hacha de Ursus, aún envuelta, entró con él. Sigue leyendo

Pangea – 2×11 – El encargo de Ursus (tercera parte)

Dejaron atrás la enorme puerta tallada en la roca, un dintel de antes de que el mundo fuera mundo, cubierto por el musgo y vigilado por una higuera crecida en un hendidura con las raíces serpenteando hasta terreno más estable. Parecía dispuesta a saltar sobre los intrépidos o estúpidos que se atrevieran a pasar bajo sus ramas. Lobo y Aarthalas puede que fueran ambas cosas, pero no temían al vigilante verde, sino a la oscuridad que se adivinaba en su interior.

-Huele a la sangre negra -afirmó la dwandir y dejándose guiar por su olfato descubrió un recipiente de piedra en la penumbra de la entrada. Ató una piel a un palo que allí mismo encontró y tras impregnarlo bien en aquella sustancia, chasqueó el pedernal sobre ella. Tras varios intentos consiguió que prendiera una llama envuelta en humo e iluminó la estancia.

Era más grande de lo que parecía y estaba cubierta por hongos en los que se escondían esquivos insectos que huían de la repentina claridad. Un enorme dwaldur custodiaba la estancia y la única puerta visible se abría bajo sus piernas. Sigue leyendo

Pangea – Azagaya del uro blanco

Azagaya del uro blanco

La azagaya es la punta de hueso que se coloca en el extremo de las lanzas para que estas puedan penetrar en la piel de los animales. Suelen llevar un atado simple de cuerda que evita que se mueva en vuelo y, en general, al extraer la lanza, la azagaya se queda dentro del animal y se recupera tras cortar la piel y repartir la lanza. En los grakines suele ser la prueba de la virtud del cazador cuando su azagaya se saca del animal. Es por ello, que los cazadores las adornan o graban para que se pueda reconocer. Que tu azagaya esté en el corazón del animal abatido es una muestra de precisión cazadora y es respetado por el resto del grakin ofreciéndote la mejor parte del animal.

La azagaya del uro blanco está fabricada con el cuerno de un uro albino de las montañas y no lleva ninguna marca ni señal, pero es un poderoso fetiche que otorga mayor precisión al cazador (-3 a las TA). Se cree que solo existe una azagaya en toda Pangea, pero la verdad es que hay varias sin llegar a ser muy numerosas. Se desconoce cómo se han fabricado ni quién las ha hecho y, evidentemente, hay algunas azagayas falsas en manos de comerciantes sin escrúpulos con clientes crédulos. Sigue leyendo

Pangea – Mordisco negro

Mordisco negro

La enfermedad del mordisco negro afecta a todas las especies de sangre caliente (no se conocen casos entre los h´sar o los gruba) y afecta tanto a seres inteligentes como a animales. Se manifiesta en la piel del afectado como pequeños círculos, ligeramente ovalados, donde la piel se vuelve negra. Las llagas recuerdan a mordiscos o besos y de ahí su nombre. La creencia más firme es que se trata de espíritus que se están alimentando (si las heridas son rojizas) o se han alimentado (si las heridas son negras) del enfermo. Los chamanes creen que los espíritus hambrientos (así los llaman) habitan en regiones concretas de Pangea y algunas de ellas están señalizadas con tótems y advertencias. Dicen que andar por esas zonas es una invitación a ser atacado por esta enfermedad.

La enfermedad no ataca directamente sino que pasarán bastantes días hasta que la víctima presente algún síntoma. Esto hace difícil identificar las zonas peligrosas para que los chamanes las marquen. En la zona afectada se formará una especie de ampolla que puede pasar desapercibida en las criaturas con mucho vello. Al cabo de unos días se seca y se cae dejando un agujero sonrosado conocido como el beso del espíritu. Este agujero se agranda posteriormente y se vuelve negro con los días tomando la característica forma de un mordisco. Sigue leyendo

Pangea – 2×10 – El encargo de Ursus (segunda parte)

Las cosas se están complicando en el asentamiento de Aguaclara. Ya son varios los que se han acercado al mercado a tantear a los miembros de la caravana del Lobo, a sonsacarle su opinión sobre la ausencia de Ursus, a saber si apoyarán a uno u otro pretendiente. Ninguno se ha llevado la respuesta que esperaba.

Tras recoger el puesto, Kel es rodeado por tres mendwan en su camino a la zona de reposo, cercana a las defensas del perímetro. El pequeño tamaño del tikki hace imposible que se pueda enfrentar a los tres matones y estos lo saben y bromean sobre su escasa altura y le insultan y vejan esperando que se enfade y les ataque y así tendrán la excusa para devolverle golpes hasta que se cansen. Kel aguanta, pero sus puños están blancos de ira. De repente, uno de los hombres cae y rápidamente la melena de Motaas le cubre disculpándose.

—¡Cómo he podido ser tan torpe! —dice, pero al intentar levantarse enreda su rabo con las piernas del segundo y azorado se gira y golpea al tercero con la lanza. En un instante los tres hombres están en el suelo viendo como el pequeño tikki les mira sonriente desde arriba. Motaas sigue disculpando su torpeza, aunque ninguno de los hombres cree que haya sido casual. Sigue leyendo

Pangea – 2×09 – El encargo de Ursus (primera parte)

Dos figuras parten un puño antes del amanecer, uno es un lobo, la otra un pantera, y si a esas horas de la noche hay guardias en las entradas de Aguaclara, ninguno comete la insensatez de intentar detenerlos. Se alejan hacia el este, pero cuando la ciudad se ha perdido tras las colinas, giran al norte en silencio. A la espalda de él, un objeto pesado golpetea contra sus caderas a cada paso.

Mientras tanto, en Aguaclara, se queda el resto de la caravana y empieza a comerciar con los productos, numerosos y buenos, que transportan. Kel lleva la voz cantante y es bueno con los trueques y las conversaciones y, poco a poco, su voz se va imponiendo a otros comerciantes. Eso llama la atención de algunos rufianes, los que vienen a robar descubren que Motaas es joven, pero fiero; y los que vienen a cobrar supuestos impuestos de comercio, descubren que Slissu hace algo más que serpentear y que sus sibilantes maldiciones pueden hacer que la sangre huya del rostro de los guerreros más audaces. Adebbi aún no interviene y lo observa todo con una ligera sonrisa de satisfacción. Su mirada de ojos oscuros aleja más de un problema antes de que se fragüe en la mente del incauto.< Sigue leyendo

Pangea – Piedra de fuego

Fotografía de una piedra de fuego - Rob Lavinsky, iRocks.com - CC-BY-SA-3.0

Los chamanes del Río Púrpura cuentan en su almacén de objetos valiosos con unas piedras de una transparencia rosácea que denominan piedra de fuego. La guardan en recipientes de arcilla rellenos de aceite o agua y casi nunca dejan que sus aprendices pongan las manos en ellas.

La piedra de fuego puede utilizarse para preparar algunos venenos, pero solo los chamanes más villanos las utilizan con este fin. Si la víctima no muere abrasada al comerla, morirá más tarde entre terribles dolores (la piedra ardiendo en su interior).

El uso más común es para hacer fuego o humo. Los chamanes extraen una pequeña piedra de su recipiente, la depositan sobre madera y hojarasca y solo tienen que esperar a que el aceite resbale de la superficie y la piedra prende de inmediato. Con el agua es más rápido, por eso los chamanes usan aceite para alejarse lo suficiente antes de la ignición. Esa pequeña llama dura lo suficiente para que cualquier hoguera se inicie. Los habitantes de Pangea, la mayoría, saben hacer fuego; el uso de las piedras está restringido a ceremonias especiales como, por ejemplo, las asambleas de los grakines. El chamán de Aguaclara prende la hoguera de la casa de Ursus de esta forma cada vez que hay un concilio. El efecto favorece la atmósfera de la reunión.< Sigue leyendo

Pangea – Mbela

Mbela

Se trata de un arco musical que los tikki fabrican para acompañar con percusión los cantos habituales de sus rituales cotidianos. Su fabricación es muy sencilla, lo que ha favorecido su popularidad y que otras razas de Pangea lo hayan adoptado o adquirido a los comerciantes. Es una rama flexible a la que se ata una cuerda trenzada y fina a sus extremos. La cuerda se ata flexionando la rama lo que hace que la cuerda se Sigue leyendo