Pangea – 3×03 – La noche corta

Dicen que el Wukran camina por la tierra en las noches cortas del verano. Dicen que lo hace porque es cuando menos se le espera, cuando la gente cree que está más protegida y es por esa creencia que muchos caen bajo su embrujo. La locura de las noches cortas del verano afecta a bestias, a esclavos y a seres libres.

Se empieza durmiendo mal, con sueños ligeros, llenos de pesadillas, que están alimentados por las historias que se cuentan al abrigo del anochecer y fortalecidos por el cansancio de las largas caminatas. El zumbido de los mosquitos no deja dormir y sus picaduras hacen del día una tortura de picores y alivios más o menos inefectivos.

El mal dormir, el mal descansar, afectan pronto a los humores y las palabras se responden con frases cortas o con gruñidos y cosas que hubieran resultado indiferentes se responden con malos gestos. Es ahí cuando el Wukran empieza a hacer efecto y cuando cualquier nimiedad se convierte en una ofensa.

Dicen las leyendas que la caravana del Lobo fue afectada en una ocasión por dicho mal camino del desierto. El Lobo hacía guardia en medio de camino, malhumorado, molesto y aferraba su lanza hasta blanquear sus nudillos. Y entonces, en el momento más oscuro de la noche apareció un anciano que vestía viejas pieles que parecían a punto de caerse y se apoyaba en un cayado de retorcida madera ennegrecida por el uso. Sus manos tenían dedos largos con las articulaciones muy marcadas; sus uñas desconocían el agua. Y el anciano miró al Lobo con media sonrisa que dejaba ver sus dedos amarillentos. Sus pupilas parecían no tener párpados y le miraron como si pudieran atravesar y capturar su espíritu. Ojos rojos que reflejaban las llamas de fuegos inexistentes. Sigue leyendo

Pangea – 3×02 – El Caminante

Viajar solo por Pangea es una temeridad. Lo más fácil es que algún depredador acabe con tu vida mientras duermes o mientras transitas por algún lugar peligroso, también puedes ser víctima de un accidente y que nadie te socorra o que algún grupo desaprensivo acabe con tu vida. Un viajero solitario se esconde, se esconde por su vida. Es muy raro verlos por los caminos y las caravanas, cuando esto ocurre, se ponen inmediatamente en guardia: quizás sea una añagaza para atacarlos cuando se confíen o, peor aún, quizás sea un engendro del Wukran dispuesto a devorarlos.

La caravana del Lobo se detuvo cuando descubrieron a aquel mendwan haciéndoles señales en mitad del camino. Todos adoptaron posiciones defensivas en torno a las bestias de carga, incluso los esclavos agarraron palos para defenderse y defender la carga. El último ataque, nada más salir del refugio de invierno, había sido realmente duro. El líder de la caravana se adelantó unos pasos y, sabiéndose cubierto por Aarthalas, hizo señal al viajero para que se acercara. Sigue leyendo

Pangea – 3×01 — Refugio de invierno

—Deberíais quedaros unos días más —dice un anciano jefe del grakin esperanzado por contar con la ayuda de la caravana.

—Las bestias de carga y los esclavos están engordando. No es bueno que ellos engorden y nuestras reservas se vayan reduciendo.

—Algunas cosas nuestras lleváis.

—Y por eso mismo debemos partir antes de que las echéis de menos —y ambos rieron.

El jefe se dio por vencido.

—Intenta no tardar tanto la próxima vez.

—Así lo haré.

Y aquella respuesta fue suficiente.

En esa fría mañana de finales de invierno, la caravana del Lobo se puso en marcha con pereza, como intentando romper la escarcha que se había acumulado en los huesos. Aarthalas abrió camino con pequeños saltos, contenta de salir de una vez de un lugar civilizado o quizás porque sabía que pasarían cerca de las tierras donde vive su gente. Kel no está contento porque para él ha sido una época de descanso y reposo bien ganada. A diferencia de Slissu que no va a echar de menos a esa gente que le miraba como si fuera un víbora rezumando veneno. Sigue leyendo

Pangea – Lobo – 2×14 El gato de las nieves

Las nieves les sorprenden en su camino hacia el norte. Patas, Bigotazos y Perezoso parecen alegres por el cambio de la rutina y aunque andar por la nieve debe ser más cansado, a veces trotan con ligereza mientras sus enormes patas se hunden en el manto blanco. Los seis esclavos también bromean con la nieve e intercambian bolas con mucho cuidado de no molestar a ningún otro miembro de la caravana. Bim y Sim, los guerreros les lanzan algunas a traición, pero los jugadores hacen bien en ignorarles. Reina el buen humor en la caravana a pesar de que el camino se hace largo y las noches son frías.

Es a la segunda noche cuando Motaas escucha el sonido de pasos más allá del fuego del campamento; no puede identificarlos, pero están ahí, como si un conejo saltara y se hundiera en la nieve que es cada vez más copiosa. La caravana se alerta y pasan la noche en vela vigilando los sonidos. Estos siguen ahí, pero cualquier intento de descubrir su origen, resulta en fracaso.

El día siguiente es más duro, no solo hay más nieve, sino que la falta de sueño agria el viaje. Todo es más complicado y hasta los bueyes lanudos parecen sentir el peso de su carga. Por la noche vuelve el ruido y la preocupación de la caravana. Kel es el único que duerme, aunque lo hace de pie, apoyado en una lanza. Las orejas de Mootas se pasan toda la noche erguidas. Cuando amanece, algunos miembros de la caravana se alejan del campamento para buscar el origen del ruido y Lobo acaba descubriendo varias huellas de felinos, bastante profundas que parece caminar a veces a dos patas y a veces a cuatro. Sigue leyendo

Pangea – Lobo – 2×13 Hacia el norte

Solucionados los problemas en Aguaclara, al menos en un tiempo, el grupo del Lobo decide que ya han perdido mucho tiempo y que deben continuar su hacia el norte, siguiendo el río Púrpura, hacia las tierras del principio bendecidas por la Taga.

No será un camino fácil, las dificultades de Aguaclara han afectado a algunos grakines cercanos, hay tambores de guerra en las hogueras y el frío, el frío del invierno por llegar les pillará en los caminos. Cargan con todo lo que pueden, tanto que las bestias de carga protestan lo que los esclavos no se atreven a hacer. Pero la decisión de Lobo es clara. Aguaclara es uno de los mejores mercados de la zona, hacia donde van encontrarán gente deseosa de ser propietaria de algunas de esas cosas.

Un viejo dicho de los mendwan reza: “Viajar ligero es viajar seguro” y Lobo y Adebbi lo saben. Por eso vigilan cada paso que dan y Aarthalas siempre va unos cuantos pasos por delante, caminando oculta a un lado del camino. Las noches eran peor porque eran un blanco más sencillo y podrían atacarles en la oscuridad. Las guardias, en parejas, no tranquilizaban a veterano comerciante. Sigue leyendo

Pangea – 2×12 – El encargo de Ursus (cuarta y última parte)

Llegaron al atardecer, cuando la gran población que era Aguaclara empezaba a amodorrarse y sus habitantes a desaparecer bajo la techumbre de las chozas, los niños aún correteaban buscando una última aventura y en los agujeros de los hogares danzaba el humo blanco de los guisos y el aroma del festín.

Si había guardias en los accesos, nada les dijeron. Quizás sí les habían visto y decidieron no meterse en problemas. Aarthalas y Lobo subieron por una de las calles principales donde acabaron topándose con el puesto de venta de su caravana. Estaba en una posición privilegiada, bastante mejor que donde les había dejado. Lobo inclinó la cabeza ante Slissu quién le devolvió el silencioso saludo. El h´sar hizo un gesto a Motaas y a los seis esclavos y estos continuaron recogiendo mientras él serpenteaba tras el jefe de la caravana. Unos pasos por detrás de él, trotó Kel.

Los cuatro llegaron hasta las puertas de la casa de Ursus donde descubrieron a Addebi, montando guardia. Había sangre a su alrededor, en su lanza y en su cara, ninguna era suya. Lobo también le saludó con la cabeza y el lugarteniente dejó que sus blancos dientes mostraran la alegría que sentían. Aarthalas puso una mano en el hombro de guerrero y enfrentándose a la ciudad se quedó de guardia con él. Lobo continuó al interior donde nadie le impidió el paso; el hacha de Ursus, aún envuelta, entró con él. Sigue leyendo

Pangea – 2×11 – El encargo de Ursus (tercera parte)

Dejaron atrás la enorme puerta tallada en la roca, un dintel de antes de que el mundo fuera mundo, cubierto por el musgo y vigilado por una higuera crecida en un hendidura con las raíces serpenteando hasta terreno más estable. Parecía dispuesta a saltar sobre los intrépidos o estúpidos que se atrevieran a pasar bajo sus ramas. Lobo y Aarthalas puede que fueran ambas cosas, pero no temían al vigilante verde, sino a la oscuridad que se adivinaba en su interior.

-Huele a la sangre negra -afirmó la dwandir y dejándose guiar por su olfato descubrió un recipiente de piedra en la penumbra de la entrada. Ató una piel a un palo que allí mismo encontró y tras impregnarlo bien en aquella sustancia, chasqueó el pedernal sobre ella. Tras varios intentos consiguió que prendiera una llama envuelta en humo e iluminó la estancia.

Era más grande de lo que parecía y estaba cubierta por hongos en los que se escondían esquivos insectos que huían de la repentina claridad. Un enorme dwaldur custodiaba la estancia y la única puerta visible se abría bajo sus piernas. Sigue leyendo

Pangea – 2×10 – El encargo de Ursus (segunda parte)

Las cosas se están complicando en el asentamiento de Aguaclara. Ya son varios los que se han acercado al mercado a tantear a los miembros de la caravana del Lobo, a sonsacarle su opinión sobre la ausencia de Ursus, a saber si apoyarán a uno u otro pretendiente. Ninguno se ha llevado la respuesta que esperaba.

Tras recoger el puesto, Kel es rodeado por tres mendwan en su camino a la zona de reposo, cercana a las defensas del perímetro. El pequeño tamaño del tikki hace imposible que se pueda enfrentar a los tres matones y estos lo saben y bromean sobre su escasa altura y le insultan y vejan esperando que se enfade y les ataque y así tendrán la excusa para devolverle golpes hasta que se cansen. Kel aguanta, pero sus puños están blancos de ira. De repente, uno de los hombres cae y rápidamente la melena de Motaas le cubre disculpándose.

—¡Cómo he podido ser tan torpe! —dice, pero al intentar levantarse enreda su rabo con las piernas del segundo y azorado se gira y golpea al tercero con la lanza. En un instante los tres hombres están en el suelo viendo como el pequeño tikki les mira sonriente desde arriba. Motaas sigue disculpando su torpeza, aunque ninguno de los hombres cree que haya sido casual. Sigue leyendo

Pangea – 2×09 – El encargo de Ursus (primera parte)

Dos figuras parten un puño antes del amanecer, uno es un lobo, la otra un pantera, y si a esas horas de la noche hay guardias en las entradas de Aguaclara, ninguno comete la insensatez de intentar detenerlos. Se alejan hacia el este, pero cuando la ciudad se ha perdido tras las colinas, giran al norte en silencio. A la espalda de él, un objeto pesado golpetea contra sus caderas a cada paso.

Mientras tanto, en Aguaclara, se queda el resto de la caravana y empieza a comerciar con los productos, numerosos y buenos, que transportan. Kel lleva la voz cantante y es bueno con los trueques y las conversaciones y, poco a poco, su voz se va imponiendo a otros comerciantes. Eso llama la atención de algunos rufianes, los que vienen a robar descubren que Motaas es joven, pero fiero; y los que vienen a cobrar supuestos impuestos de comercio, descubren que Slissu hace algo más que serpentear y que sus sibilantes maldiciones pueden hacer que la sangre huya del rostro de los guerreros más audaces. Adebbi aún no interviene y lo observa todo con una ligera sonrisa de satisfacción. Su mirada de ojos oscuros aleja más de un problema antes de que se fragüe en la mente del incauto.< Sigue leyendo

Pangea – Lobo – 2×08 Aguaclara

El clima va mejorando con cada día que pasa y las nieves ya solo resisten en las zonas sombrías, donde el sol nunca alcanza. El caminar es alegre y las pieles de brako recién cazadas les permitirán hacer buenos negocios allá a dónde se dirigen. Escuchan un golpeteo sordo mucho antes de verlo, pero cuando superan la última de las colinas pueden contemplar, en toda su extensión, el grakin de Aguaclara, el mayor asentamiento de la civilización en palabra del propio Lobo.

—No sé cómo pueden vivir ahí todos hacinados —responde al comentario Aarthalas. Sigue leyendo