1808 – 1×08 – El superviviente (sinopsis)

 Por: Don Toribio Hidalgo

Tras los acontecimientos de las pasadas semanas, los habitantes de la urbe se muestran temerosos por las posibles consecuencias de sus actos. Cualquier forastero, cualquier caminante es recibido con silencios y quedos susurros. Incluso la taberna de El Cojo parece tener menos parroquianos de lo habitual.

Los miembros de Rojo y Oro no tienen descanso y participan en muchas disputas entre vecinos que reclaman bienes previamente requisados por los franceses y que otros parroquianos han distraído en sus propias alacenas. En medio de una se esas disputas les encuentra Doña Candida, una de las ancianas más dulces de la localidad, y les cuenta que cree que alguien está robando en su casa. Para allá parten a toda velocidad, no todos con la misma agilidad, pero llegan tarde, el ladrón se ha marchado, pero ha dejado la casa llena de manchas de barro, unas botas francesas, al parecer. Sigue leyendo

1808 – 1×07 Venganza (sinopsis)

Por: Don Toribio Hidalgo
Rojo y Oro 

Una vieja bandera española que ha sobrevivido a algunas batallas ondea quejumbrosa tras la espalda del sargento Padilla. Es de noche, pero decenas de ojos brillantes por la emoción le observan mientras espera que se haga el silencio. Como un susurro de muerte todos acaban callando y les dice: Sigue leyendo

1808 – 1×05 Requisa (sinopsis)

Por: Don Toribio Hidalgo
Rojo y Oro

Una unidad de dragones de Napoleón ha decidido vivaquear en las cercanía de la localidad donde nuestros protagonistas ejercen la función de autoridad. Por la noche, su presencia en la taberna es ruidosa y molesta para alguno de los vecinos, pero no hay ningún incidente digno de reseñar, excepto el posadero que tiene las manos en carne viva de tanto frotárselas la una contra la otra. para sorpresa de los vecinos, la unidad recibe la orden de acampar y esperar nuevas órdenes. hay combates al sur y al norte y el general francés prefiere mantenerlos en reserva. Sigue leyendo

1808 – 1×05 Muerte en las montañas (sinopsis)

Por: Don Toribio Hidalgo

Rojo y Oro

Galíndez, que nuestros lectores recordarán porque es el dueño de unos perros asilvestrados en las granjas cercanas al pueblo, aparece muerto en la escarpada senda que sube a la montaña (un nombre optimista) del Grito del Cuervo. El cadáver lo halló un joven zagal que subía por el camino a robaralgunos huevos a las aves de la zona (o con alguna intención peor que no se atreve a contar). Alguien le ha descerrajado un disparo a bocajarro en el estómago. Se trata de un trabuco o un arma similar porque la tripa de Galíndez ha dejado, literalmente, de existir. El cuerpo ya huele; eso significa que lleva un tiempo en la senda, desde primera hora de la mañana. Sigue leyendo

1808 – 1×04 Batida de caza (capítulo)

Autor: Don Toribio Hidalgo

Rojo y Oro

La mañana parecía tranquila, de esas típicas en las que no pasa nada y uno puede amodorrarse en la silla escuchando el zumbido de los insectos y esperar a que llegue la hora de ir a almorzar algo a la taberna; pero no fue así, no tardó en llegar un pequeño zagal a la carrera preguntando por la “autoridá” comiéndose letras con el descaro que da el saber que lleva un mensaje importante. Y lo era. A Frascaleto, uno de los granjeros que vivía en las afueras de la población, le habían matado una vaca. Él aseguraba que habían sido los perros de Galíndez, su vecino (término engañoso pues había muchas hectáreas entre medias de los dos caseríos), que los tiene asilvestrados (“asalvajados” fue el término del zagal). Sigue leyendo

1808 – 1×03 La paloma (capítulo)

Autor: Don Toribio Hidalgo

Rojo y Oro

En el anterior capítulo (Ver), los miembros de Rojo y Oro descubrieron una trama en el pueblo para eliminar a los agentes y correos, una persona que ponía en peligro la neutralidad de la urbe. Detuvieron al responsable del asesinato del muchacho, pero el sargento Padilla no quedó contento del resultado. Tras un par de jarras de vino con Madales y Chaparro tenían claro que había algo más. Sigue leyendo

1808 – 1×02 El mensaje (capítulo)

Autor: Don Toribio Hidalgo

Rojo y Oro
La tranquilidad de una mañana aburrida se ve interrumpida cuando Mariana, una de las vecinas de la localidad, entra en el cuartelillo como alma que lleva el diablo. Está muy sofocada, con la cara colorada y le cuesta recuperar el resuello antes de hablar. Unas palabras amables y dos buenos tragos de agua del pozo que Padilla hace que Chaparro le traiga, hacen explicar a la mujer lo que ha visto: ¡un muerto en su era! Sigue leyendo

1808 – 1×01 Don José (capítulo)

Autor: Don Toribio Hidalgo

Rojo y Oro

Eleuterio es un conocido periodista de la localidad. Sus columnas, que siempre firma como “Ele”, en el periódico El Pregonero son bastante populares. Es un escritor de mucha calidad y un investigador bastante inquisitivo. Sus detractores le acusan de ser amigo de los franceses, de colaborar con los guerrilleros, de lamer las botas de los ingleses, de cualquier cosa; un signo bastante claro de su independencia periodística. Sin embargo, la noche de autos, Eleuterio aparece muerto en el callejón junto a la taberna “El Cojo”, paso casi obligado de Padilla y sus subalternos. Sigue leyendo

1808 – Rojo y Oro

Autor: Don Toribio Hidalgo

Bajo este nombre se conoce a un grupo de agentes de la autoridad de una localidad cuyo nombre reservaremos de momento. Son españoles que se han visto forzados a campear los avatares de la guerra desde su responsabilidad de miembros de la Santa Hermandad. Enemistados con parte del pueblo, que los considera afrancesados, con la otra parte, que los considera amigo de los guerrilleros, con los franceses, que creen que se escabullen de los trabajos duros, y con los ingleses, que no ven con buenos ojos que estén fuera de su autoridad. Deben su nombre a las divisas que portan en las hombreras del uniforme de gala, aunque, como es normal, no es su vestimenta habitual. Sigue leyendo

1808 – Juan Martín Díez «el Empecinado»

Autor: Don Toribio Hidalgo

Juan Martín Díez nació en 1775 en Castrillo de Duero en la provincia de Valladolid (su casa aún se conserva). Eran labradores en su familia y, según las fuentes, no les iba mal. La agricultura y la ganadería eran uno de los principales motores económicos de España en 1808. El trabajo de labrador era duro, pero si las tierras eran fértiles, como las de Valladolid, y el agricultor las tenía en propiedad, era posible tener una vida desahogada. Eso sí, las sequías o la climatología adversas podían arruinar a cualquiera en el momento más inesperado. Sigue leyendo