1808 – Periódicos editados en Alicante

Como hablamos en el artículo de introducción (20564 Ver), el principio del siglo XIX fue testigo del nacimiento de la prensa escrita en España. No se trataba de periódicos como los conocemos hoy, sino de panfletos de alcance local y que, en muchas ocasiones, no sobrevivían muchos números.

En este artículo hablaremos de las cabeceras publicadas en Alicante durante la Guerra de la Independencia. La mayoría no aparecerían hasta 1813 cuando Valencia fue tomada por los franceses (cuando decidieron quedarse en ella más exactamente) y su origen estaba, en ocasiones, en los periodistas que huyeron de la ciudad.

Boletín patriótico

Este boletín apareció por primera vez en 1811 y se publicó por decreto de la Regencia. Es decir, su perfil político era muy favorable a dicha regencia. Lo dirigía D. Antonio Buch.

No conocemos ni su composición ni paginación ni precio. Sigue leyendo

1808 – Rata negra

Aunque a principios de 1808 se había empezado a cuidar el saneamiento urbano, estas mejoras fundamentales alcanzaban solo a las grandes ciudades y no a todos los barrios de estas. No era raro ver pueblos o ciudades pequeñas donde los habitantes seguían echando sus desperdicios a la vía pública. La rata siempre había encontrado su hábitat en el campo donde la comida era abundante: campos plantados, graneros, pero también es verdad que allí había algunos depredadores (incluyendo los granjeros) que controlaban su número. Sin embargo, con el crecimiento de las ciudades y el incremento del comercio marítimo en épocas anteriores, varias especies de ratas invadieron los entornos urbanos. Entre ella, la rata negra (o rattus rattus) y la rata parda (de esta última hicimos un artículo en Rol Negro que podrás aplicar a 1808 sin muchos inconvenientes: 10353 Ver). Sigue leyendo

1808 – La Fiebre amarilla

Hoy sabemos que la fiebre amarilla se contagia por la picadura de un mosquito que transmite un flavivirus, pero en 1808 se conocía la enfermedad, pero no así el método de transmisión. Se sabía que era una enfermedad procedente de América y, en concreto, de la zona del Caribe y que afectaba a las ciudades portuarias y ribereñas. Se asociaba con algo que llevaba en el nutrido comercio, pero no se sabía qué. Ciudades como Cádiz, Sevilla, Cartagena, Málaga, Granada, Alicante, Valencia, Barcelona o Palma de Mallorca tuvieron sus brotes de fiebre amarilla durante el siglo XIX. Durante la guerra de la Independencia y dado el desconocimiento general, los brotes fueron más devastadores que a mediados o finales del XIX.

La fiebre amarilla se incuba en 3 a 6 días y es posible pasarla sin darse cuenta, sin síntomas, y esta es una de las razones por las que entraba a través de los puertos a bordo de enfermos que no sabía que lo estaban. Sus síntomas leves son fiebre, dolores musculares (en especial en la espalda), dolor de cabeza, pérdida de apetito, náuseas y vómitos. Estos síntomas desaparecen solos a los 3 o 4 días de aparecer. Hasta aquí, la enfermedad puede parecer otra cosa (un mal resfriado, por ejemplo) y eso dificultaba el diagnóstico a tiempo. Si la enfermedad se agravaba (lo que ocurría 24 horas después de la remisión de los primeros síntomas), la enfermedad atacaba a los órganos internos (en especial al hígado) y volvía la piel y los ojos del enfermo amarillos (de ahí el nombre de la enfermedad), además de oscurecer la orina, provocar de nuevo vómitos con gran dolor abdominal y el sangrado oral, nasal y ocular. La mayoría de los pacientes que se ponían amarillos, moría al cabo de 7 a 10 días. Sigue leyendo

1808 – Periódicos editados en Zaragoza

Como hablamos en el artículo de introducción (20564 Ver), el principio del siglo XIX fue testigo del nacimiento de la prensa escrita en España. No se trataba de periódicos como los conocemos hoy, sino de panfletos de alcance local y que, en muchas ocasiones, no sobrevivían muchos números.

En este artículo hablaremos de las cabeceras publicadas en Zaragoza durante la Guerra de la Independencia.

Página del Diario Napoleónico

Diario Napoleónico

Este es un periódico que, a pesar del nombre, se dedicaba a satirizar a los franceses. Es su cabecera decía: «?de hoy martes, aciago para los franceses y domingo feliz para los españoles?» y sus noticias proponían cosas como canonizar a Bonaparte a sablazos (el periódico era satírico, no de humor en nuestra perspectiva del siglo XXI). Sigue leyendo

1808 – José Antonio Joaquín Pérez Martínez y Robles

Este personaje de las Cortes de Cádiz no nació en la España de hoy, aunque sí en lo que era España en aquella época. En concreto, el 13 de mayo de 1763 en la Puebla de los Ángeles (también conocida como Heroica Puebla de Zaragoza) en México, aunque en aquella época se conocía como virreinato de la Nueva España. De familia española (lo que debe entenderse como acaudalada) no era, sin embargo, el heredero de la familia y, quizás por ello, eligió dedicarse al sacerdocio donde destacó en los estudios de filosofía, teología y sagradas escrituras, tanto en su ciudad La Puebla como en México.

Su carrera no fue sacerdotal en el sentido eclesiástico habitual, sino, más bien, administrativa, dentro del obispado. Llegaría a ser secretario particular de dos obispos de La Puebla; el sucesor del primero, además, tuvo una importante implicación en los asuntos políticos de la Puebla y del virreinato. Gracias a esa relación, es elegido diputado en las Cortes de Cádiz en 1810. Ya en España, en Cádiz, destaca como un político liberal y apoya las leyes para abolir la inquisición (siendo sacerdote), la libertad de prensa y ampliar la soberanía de las diferentes instituciones. También participó en la promulgación de la Constitución de 1812. Llegaría a ser nombrado presidente de la Asamblea tres veces y es, de hecho, el último presidente de dicha asamblea. Sigue leyendo

1808 – Gacetilleros

Una de las gazetas de la época

La libertad de prensa no se instauró en España hasta 1910, pero es cierto que muchas personas, a pesar de las dificultades y el peligro que entrañaba, se dedicaban al noble oficio de compartir noticias con sus vecinos desde muchos años antes. Por lo general, cada periódico era hijo de una sola persona que se encargaba de escribir y redactar las noticias y de venderlas luego o distribuirlas a puestos de ventas (comercios variados). Algunos se encargaban de componer e imprimir sus periódicos, pero, por lo general, este trabajo correspondía a los impresores que ejercían, además, un papel censor de lo escrito (ellos también se podían meter en problemas si lo escrito cruzaba determinados límites).

El contenido de las gacetas (por cierto, gazeta en esta época que aún conservábamos la influencia del término italiano) era político, muy político y se dividía en dos grandes corrientes: liberales y afrancesados. Más adelante se dividiría entre reformistas (los liberales antiguos) y absolutistas (los que apoyaran a Fernando VII). Su influencia en la vida social fue tan importante que después de la guerra (algunas incluso antes) muchas cabeceras fueron prohibidas (incluso provocaba la excomunión leerlas). Por tanto, la profesión de gacetillero no era muy lucrativa (en la mayoría de los casos lo comido por lo servido) y era más una dedicación pasional que una profesión laboral. Sigue leyendo

1808 – Periódicos editados en Valencia

Como hablamos en el artículo de introducción (20564 Ver), el principio del siglo XIX fue testigo del nacimiento de la prensa escrita en España. No se trataba de periódicos como los conocemos hoy, sino de panfletos de alcance local y que, en muchas ocasiones, no sobrevivían muchos números.

En este artículo hablaremos de las cabeceras publicadas Valencia durante la Guerra de la Independencia

Atalaya Patriótica

Periódico de febrero de 1809 que llegó a alcanzar la nada desdeñable cifra de 255 números. Sin embargo solo se han conservado unos pocos (menos de dos decenas). El autor de los artículos del periódico es un tal Ingenuo y Bonifacio Clarillos, pero no era raro que, en esta época, los autores reales se escondieran bajo seudónimos.

Por si el título no era suficiente pista, su línea editorial era antifrancesa y, sobre todo, antiafrancesados. Sigue leyendo

1808 – Manadas de perros

Durante la Guerra de la Independencia, el perro no era una mascota como la que estamos acostumbrados ahora (en el siglo XX) sino, más bien un compañero de caza o de labranza. La aristocracia podía tener animales más domesticados que convivieran con la familia, pero, en general era animales que formaban parte del grupo de caza que bien por vejez o por mansedumbre acababan viviendo en las casas (en vez de en establos o cuadras).

«Perra de Pomeramia y cachorro» (1777) de Thomas Gainsborough. Original en la Tate Gallery (Londres).

La sensibilidad hacia los animales no empezaría a generalizarse (y a ser legislada) hasta 1850 (fecha de la primera ley de derechos animales, la ley Grammont) y es consecuencia de las ideas ilustradas que recorrían Europa en esa época. Sin embargo, los perros habían convivido con los hombres desde mucho tiempo antes, incluso habían sido objeto de la atención de importantes artistas. A pesar de lo anterior, en 1808, la visión generalizada hacia los perros era más laboral, más como animales que daban un servicio, como cazar, cuidar del ganado, pastorearlo, etc. Sin embargo, es importante decir que no faltan anuncios en la prensa escrita buscando mascotas perdidas y recompensando su devolución. Algo estaba cambiando en aquellos años, indudablemente. Sigue leyendo

1808 – El final del camino

Después de dar buena cuenta de los petimetres del bar del parroquiano Mariscal, de rescatar a este hecho un manojo de nervios de su propia alacena y de dar buena cuenta de algunas viandas para que no se echaran a perder, los tres miembros de los mangas verdes se dirigieron a su cuartel. Era tarde, pero era hora de saber qué demonios estaba pasando.

Las calles volvían a estar desiertas y si alguien había oído el escándalo previo, ninguno se había quedado a ver cómo se resolvía. La soledad les acompañó hasta el cuartel y solo el ligero tañido de la campana de la iglesia les acompañó; su badajo debía moverse por efecto del viento o de débiles fantasmas.

Abrieron la puerta del cuartel con ímpetu, como si quisieran espantar a cualesquiera demonios que hubiera dentro, pero, para su sorpresa, solo había dos imberbes muchachos que les observaron con los ojos muy abiertos. Fue Chaparro quien comentó ajustándose las mangas de su abrigo:

—No parece que estos hayan olido pólvora aún —. Una manera rebuscada de insultar a sus oyentes, pero estos no se dieron por aludidos. Sigue leyendo

1808 – Periódicos de la Guerra de la Independencia

Introducción

Antes de la Guerra de la Independencia las imprentas estaban controladas por el poder (absolutista recordamos) y se dedicaban a cosas «importantes». Libros, decretos, bandos y esas cosas. Se publicaba alguna cosa fuera de control, pero de forma reducida y casi testimonial. Todo cambiaría en 1910 cuando las Cortes se reunieron y, entre otras cosas, aprobaron la «Libertad de Imprenta» que venía a decir, más o menos, que los impresores podían imprimir aquello que considerasen. Eso desató una fiebre de publicaciones, muchas efímeras y locales, a las que podría denominarse la primera prensa política de la historia de España. Siendo una época tan convulsa y activa en las ideas políticas, no es de extrañar que los primeros periódicos se parecieran más a panfletos políticos que a medios de comunicación.

El papel no era un bien habitual y mucha gente conservaba los periódicos para darles utilidad posterior. No era raro ver a un vecino con un periódico bajo el brazo que acabada de comprar o recibir (no todos se pagaban) en la plaza del pueblo. En esta serie de artículos que comenzamos, hablaremos de algunas de las cabeceras de esos años para que tus PJ puedan saber de qué periódico se trata (a veces, bastaba ver el periódico para saber de qué pie cojeaba el caballero). Sigue leyendo