Eriloe – Oscuridad tranquila

Xâlin, Solario 1547

Emblema de los Cinco de Ôs

Aún escuchaban los gruñidos de los cánidos intentando escapar de la prisión a sus espaldas, pero en el siguiente eslabón una silenciosa oscuridad les aguardaba. Las luces de las linternas sordas no arrancaban las sombras de las paredes; pareciera que estaban teñidas de un negro infranqueable.

-No me gustan las cosas que huelen a magia -dijo Gorusa quién siempre insistía que la magia olía como los girasoles en el final del invierno, una mezcla de podredumbre y alimento.

No recibió respuesta. A los demás tampoco les gustaban esas cosas, pero siguieron avanzando. Las salas eran muy grandes y atravesarlas requería cierta habilidad trepadora de la que no todos disfrutaban. Lo que empezó como algunas bromas y chanzas entre compañero, se convirtió pronto en un lenguaje técnico por la supervivencia, pero ni siquiera este era capaz de llenar la silenciosa mortaja que les envolvía. ¿Quién habitaba aquel eslabón? ¿Nadie? Y si no había nadie allí, ¿por qué? Sigue leyendo

Eriloe – La batalla del eslabón

Xâlin, Solario 1547

Emblema de los Cinco de Ôs

La escaramuza que se había iniciado con aquella flecha desde la oscuridad se saldó con varios heridos entre los atacantes y cierto enfado en Roba a quien atacar así a la gente le parecía de mal gusto, un descortesía impropia de gentes más civilizadas. Cierto que habían entrado en su casa sin avisar, pero la curiosidad o la exploración no era un delito castigado con la muerte. Cuando hubieran encontrado algo jugoso que llevarse y lo hubieran cogido, quizás se les podría acusar de algo, pero no al principio. Podría haber sido un encuentro amistoso.

No lo fue.

Cruzar aquel eslabón requirió de mucha astucia por parte de Valtar, mucha mano dura de Gorusa e, incluso, requirió las habilidades marciales de Tempesta, pero la peor de todos, a ojos de sus enemigos, fue la mujer de las dos cimitarras. Estos, los enemigos, parecían una raza de cánidos algo degenerada por vivir en aquellos eslabones, pero no parecían los habitantes originales de aquella extraña edificación. Demasiados pequeños para unas puertas tan grandes. Sigue leyendo

Eriloe – La Cadena está hueca

Xâlin, Solario 1547

Emblema de los Cinco de Ôs

Lo primero que les indicó que aquella no era una cadena normal, aunque aumentada de tamaño, fueron las estructuras metálicas que sobresalían de ella. No quedaba claro su uso, pero había cierta regularidad en su disposición. Además, aquello les hizo darse cuenta de algo que deberían haber adivinado: los eslabones eran más grandes. ¿Cuánto llevaban descendiendo? Sentían que los flotadores de tillium tiraban de ellos hacia arriba, pero nadie estaba dispuesto a quitárselos todavía. La cadena oscilaba con peligro movida por las corrientes de aire, un mal paso y acabarían perdidos en el Vacío.

De repente, dos de esas estructuras metálicas custodiaban un agujero con forma de arco de medio punto. Había herrajes en uno de sus laterales, pero sí sostenían una puerta, hacía tiempo que había desaparecido. A pesar de que la oscuridad no invitaba a pasar, descender por el interior de la cadena siempre era mejor que seguir haciéndolo por el exterior. Además, aquello era algo que esperaban. Siguro les había contado las historias de un asentamiento que vivía dentro de las cadenas. Sigue leyendo

Eriloe – Paga, amigo, y entra

Xâlin, Solario 1547

Emblema de los Cinco de Ôs

Se pertrecharon en Xâlin, la ciudad que daba nombre a la isla y que hacía las veces de segunda capital del reino. Era una ciudad cara en la que tuvieron que regatear mucho y, como pronto descubrieron, ocultar su intención de ir a las cadenas. En ello, Siguro, el hacedor de historias, demostró que no era una carga para el grupo pues competía en inteligencia con Roba, pero le ganaba en labia. Los lugareños, como se enteraron, tenían cierto temor a las cadenas de las que no esperaban nada bueno y cada vez que alguien se acercaba a ellas con intención de entrar, alguna desgracia acontecía en la zona: tifones, incendios, enfermedades). No, mejor dejar tranquilas las historias del pasado con toda su magia y poder corrupto. Aquello, naturalmente, hizo que su deseo de salir hacia allí se acrecentara. Sigue leyendo

Eriloe – Uno más

Xalîn, Lluvio 1547

Emblema de los Cinco de Ôs

Expulsados de la biblioteca, a pesar de haber salvado a los escribas, decidieron que no descubrirían más cosas de su destino que, por otra parte, eran muy pocas. La isla estaba recorrida longitudinalmente por montañas y decidieron sortearlas por el camino del sur. Era un poco más largo, pero también más civilizado y sería más fácil proveerse de pertrechos cerca de su destino. Sortearon varios arroyos que nacían en las montañas y que, junto al rico sustrato, favorecían el crecimiento de vides en ese lado de la isla. Aquello era un tesoro para los isleños que consideraban cualquier comentario hacia sus vinos como una afrenta nacional. Se decía que, antaño, hubo guerras por dicho motivo. Ahora, el único recuerdo de esos caldos era el olor a tierra mojada por las recientes lluvias.

-Permítanme que me presente -apareció un desconocido anunciando que pronto dejaría de serlo; llevaba ropa de viaje polvorienta, un pequeño zurrón y una pequeña mandolina a su espalda-, mi nombre es Siguro el hacedor de historias y he escuchado a las buenas gentes de los caminos que os dirigís a la cadena. -No dio tiempo a una respuesta-. Permitidme acompañares nobles señores y damas. Seré más pequeño que la sombra de una mosca y ni siquiera escucharéis el sonido de mi voz si no lo deseáis. Sigue leyendo

Eriloe – Demonio en el abismo (2ª parte)

Xalîn, Lluvio 1547

Emblema de los Cinco de Ôs

El demonio les derrotó. Eran solo dos y no tenían ni la fortaleza de Gorusa ni la sabiduría de Roba. Si hubieran tenido al menos la de la segunda, no habrían bajado allí solos. Huyeron y el demonio que ansiaba su sangre les persiguió. Piedras derrumbadas, vigas de madera partidas, cascotes, restos por todas partes y el sonido jadeante de un ser que no está acostumbrado a que la comida corra.

La escalera de madera putrefacta se hizo añicos y Tempesta tuvo que librar el último tramo de un salto. Aquello retuvo a la criatura un instante y les dio un respiro. La oían moverse, en círculos, como una especie de ocho o de símbolo del infinito más deprisa cada vez y, de repente, saltó y su boca negra llena de infectos dientes asomó por el agujero. Poco faltó para no agarrara a uno de los dos. Sigue leyendo

Eriloe – Demonio en el abismo

Xalîn, Lluvio 1547

Y como habían imaginado, algo oscuro y retorcido se escondía en las tinieblas de aquellos pasadizos bajo la biblioteca. Un ser de odio que impregnaba los abovedados pasadizos y el alma de la gente que cometía el error de internarse en ellos. Encontraron un primer cadáver tras bajar por unas escaleras que no invitaban al tránsito, tras descender un poco más animados por el «solo estamos mirando«.

Valtar y Tempesta no estaban solo mirando y en la biblioteca quedaban Gorusa y Roba, ignorantes de la aventura que corrían sus compañeros por cuenta propia. ¿Se enterarían alguna vez de su destino si les pasaba algo? Ambos creían que sí, que harían algo por encontrarles, que la muchacha que les había señalado el camino, también se lo señalaría a ellos. A pesar de esta pequeña duda, siguieron adelante.

—La energía mágica fluye por este lugar —afirmó Tempesta que podía verla como si fueran corrientes de agua aún más negra que donde estaban— y parecen hundirse aún más y más en el interior de la ciudad. La última vez que vi algo parecido estábamos en Ôs, pero no es el origen de ese cadáver, su muerte es mundana, animal. Sigue leyendo

Eriloe – El misterio bajo la biblioteca

Xalîn, Lluvio 1547

Emblema de los Cinco de Ôs

Ella era una joven que separada de su clan, o como se llamen entre ellos, se había sentido atraída por las palabras encerradas en los libros. ¿Cuántos años llevaba escuchando a los escribas en silencio? Había aprendido su lengua y sabía leer varios idiomas, o eso les dijo a Valtar y Tempesta, quienes, a pesar de sus instintos no acabaron con la desaliñada mujer nada más verla y le dieron tiempo a explicarse.

Ella les explicó que no vivía en la biblioteca, aunque pasaba parte del tiempo en ella. Vivía debajo, en unas cuevas bajo la ciudad, junto a otra mucha gente, pero aquel ambiente no le gustaba. Estaba oscuro y siempre tenía miedo que el demonio la atrapara. Solo bajaba a buscar comida (si no podía robársela a algún escriba dormido en su trabajo) y nunca se quedaba demasiado tiempo. Sigue leyendo

Eriloe – Secreto entre libros

Xalîn, Lluvio 1547

Emblema de los Cinco de Ôs

—Sólo un loco se adentra en una olvidada ruina sin haber estudiado antes su origen y las leyendas locales.— Estas fueron las sabias palabras de Roba y la razón por la que los Cinco se adentraron en la biblioteca de Xâlin antes de acercarse a ver la maravillas de las cadenas de Pel.

Los eruditos del lugar les recibieron con esa fría cordialidad de aquel que piensa que les estás interrumpiendo el trabajo con tonterías. Las leyendas sobre las cadenas son tantas como ancianos de las islas. Cada uno se ha inventado una y estas han pasado de generación en generación, pero nuestros aspirantes a eruditos no desesperaron y consiguieron permiso para consultar los polvorientos legajos, cuanto más viejos, mejor, por supuesto.

¡Ay! La lectura no está hecha para todos los seres y no Tempesta y Valtar no tardaron mucho en encontrar otra ocupación. ¿Cuántas habitaciones crees que puede tener este sitio? Y, naturalmente, se perdieron y se toparon con un misterio más antiguo quizás que aquel que sus compañeros aplicados estudiaban en la sala de lectura. Sigue leyendo

Eriloe – El Cazador de Dragones

Xalîn, Lluvio 1547

Emblema de los Cinco de Ôs

El secreto de la Tumba de los Susurros quedó al descubierto y el triste destino del hijo del anciano de Xâlinsu quedó desvelado. Nunca más volvería a verle, pero, al menos, ya podría descansar tranquilo. El hijo llevaba un anillo en uno de sus índices y entregárselo fue la prueba que necesitaba para creer lo que le contaron. Con lágrimas en los ojos y agradeciéndoles la cortesía, les habló de un misterio aún más grande que el de la Torre de los Susurros.

A su padre se la había contado su padre y a este el padre de este y así desde una época que todos parecían haber olvidado a conveniencia. En esos años, las grandes criaturas del Vacío aún rondaban las islas como esperando que se fueran a precipitar y así devorar a quién en ellas habitaba mientras caían. Pero también fue en esa época cuando llegó del norte Curansu de quién se decía que era hijo de un hombre y una gigante y que había heredado la fuerza bruta de ella y la astucia de él. Curansu se ganó cierto renombre como cazador de bestias y aún solo era capaz de enfrentarse a los osos y a los lobos en solitario. Algunas criaturas salvajes se extinguieron en esos años gracias a su hacha barbada de largo mango, pero que manejaba con una sola mano como si fuera tan ligera como una pluma. Sigue leyendo