Número: 214.     4ª época.     Año XIX     ISSN: 1989-6289

214 > Ambientación > Callejero > La plaza del Fin de Año (RN). Por: Francesc Almacelles

 

La plaza del Fin de Año

A finales del siglo pasado la situación de reyertas continuas entre las diferentes facciones delictivas de Cunia, dejando un reguero de cadáveres considerable, llevó a las cúpulas de los grupos más importantes a intentar alcanzar una tregua que tranquilizara el caos que inundaba la ciudad.

Aprovechando las fechas en las que se encontraban decidieron reunirse una noche de fin de año. Una "fiesta" privada donde se intentaría llegar a acuerdos que suavizaran las diferencias y aliviaran las tensiones.

Como el encuentro realmente fue positivo, al poco se decidió instaurar esta celebración cada año, juntándose para dar la bienvenida al año nuevo y como válvula de escape de posibles rencillas que alteraran el "status quo" actual.

De celebrarlo cada año en el mismo lugar, para evitar suspicacias, se pasó a que cada reunión fuera organizada por uno de los grupos presentes. Esta facción se encargaba de elegir un sitio, adecentarlo para la ocasión y mantener la seguridad de todos los participantes. Con el tiempo se ha impuesto la costumbre de llevar regalos para todos los grupos presentes como presente de buena voluntad.

A este nivel, el lugar donde se reúnen queda siempre oculto, solo conocido por los participantes de cada momento. No acuden todas las facciones. Algunas nunca lo han hecho y otras depende de las circunstancias. Normalmente, como se ha dicho, las grandes organizaciones sí que hacen acto de presencia.

En el devenir de esta celebración llegó un momento que se decidió que los miembros de menor rango también pudieran celebrar la fiesta.

Cada año, y organizada por el mismo grupo que se encarga de la fiesta de capos, en alguna plaza que se halle en sus dominios se monta la celebración para el "populacho". El mismo ritual de organizar el evento, mantener la seguridad de todos y posteriormente dejar la plaza absolutamente limpia corre a su cargo.

A ojos profanos parece más bien un botellón montado por mucha gente de una ralea muy cuestionable y que se dedican a unas horas de desenfreno celebrando la entrada de año nuevo y donde el alcohol y los excesos fluyen sin descanso.

La teoría dice que todos los participantes acceden al lugar desarmados y que se han de comportar, dentro de un orden. Cada facción ya se encarga de no dejar ir a sus elementos que puedan tener demasiado mal rollo con alguien de otro grupo que participe de la fiesta. Ello no es óbice que durante el evento siempre surgen sus más y sus menos, a veces entre integrantes de la misma agrupación, que al poco son sofocados por los vigilantes encargados de llevar la seguridad.

La policía, por conocedora que fuera de esta fiesta y supiera donde se realiza, nunca hará acto de presencia. Valoran demasiado su físico y simplemente pasan de ella. Nunca atenderán ninguna llamada de ningún vecino que se queje de la celebración.