Número: 177.     4ª época.     Año XVI     ISSN: 1989-6289

177 > Ambientación > Callejero > Teletodo (RN). Por: Roberta Alias

 

Teletodo

Un pequeño local en una de las calles del barrio Génova (en concreto en la calle de María la Canastera cerca de la iglesia de San Fulgencio) especializado en llevar a los clientes aquello que soliciten. Aunque pueden llevar comida rápida, de esas de grandes franquicias, hay muchas empresas que ofrecen ese mismo servicio, más rápido y más barato. Teletodo está especializado en llevar todo lo demás, las típicas cosas que nos tienen un servicio de tele venta. Si necesitas una medicina en un horario raro, Teletodo va a tu casa, recoge la receta y en unos minutos te lleva el medicamento a casa. Si quieres una comida de un restaurante selecto, Teletodo hala con el chef y lleva a tu domicilio el servicio de catering y luego lo recoge (ideal para citas románticas).

La dueña del comercio se llama Mai y es hija de unos emigrantes vietnamitas que llegaron a Cunia en los años 70. Es española de nacimiento, pero su forma de expresarse recuerda mucho a ese país oriental. Según Mai, los cunienses son muy vagos y prefieren llamar a alguien para que les lleve cosas a levantarse del sofá e ir a buscarlas por sí mismos. Si le dices que está exagerando te enseñará un cuadro que tiene en la pared en el que van marcando palotes y te dirá que es el número de veces que le han pedido papel higiénico en el año. No es cierto, pero a Mai le parece gracioso.

Junto a Mai trabaja su marido Tuan y sus tres hijos, los tres varones, Din, Dan y Du. Los tres son los repartidores de la empresa y siendo cunienses de tercera generación han perdido el acento y los ademanes vietnamitas de sus progenitores. Están plenamente integrados en la sociedad de Cunia, lo que les permite franquear bastantes puertas.

Teletodo no es barato. Como diría Mai: "si vas a discutir el precio, levántate tú del sofá".

Lo que la realidad esconde

El negocio no empezó como algo turbio, pero, poco a poco, los pedidos que recibían de sus clientes se fueron volviendo más raros, más especiales, más ilegales. ¡Una bolsa de cadáveres! ¿Por qué no? ¿Ácido fluorhídrico? En un momento. Y claro, droga. Los pedidos de droga se fueron haciendo cada vez más habituales y Mai, que considera que la droga es como el azúcar: una sustancia que se vende en sobrecitos, se fue haciendo con una red de suministradores. Cuando necesita algo, llama a su suministrador que se acerca a la tienda, entrega la cantidad y uno de los hijos la acerca al cliente. Es un negocio de menudeo que no llama la atención de la policía, pero que abastece a muchas buenas familias de la zona norte de Cunia.

Para las cosas más raras aún (¿puedes conseguirme una lancha para unas horas?) Mai tiene una nave en el polígono Nuevo, al norte de la ciudad. Es ahí donde guarda ese tipo de pedidos extraños. Nada realmente ilegal, salvo que alguien de Seguridad o de Incendios se le ocurriera pasarse por allí y preguntar por esos depósitos amarillos con sustancias químicas.

Por cierto, el tablero con marcas en la pared (el del papel higiénico) representa los favores que le deben algunas personalidades de Cunia. Hay dos líneas, una para Don Víctor y otra para Rafael González. No está claro si ellos lo saben.