Comandos – Wolfgang Borchert

Borchert

Wolfgang Borchert es un conocido poeta (o lo era hasta hace poco) para la juventud en Alemania, sobre todo si han vivido en la parte oriental de Alemania tras la Segunda Guerra Mundial y el dominio soviético.

Nació el 20 de mayo de 1921 en Hamburgo en una familia acomodada y progresista. Su padre, profesor y artista dadaísta local; la madre escritora y poeta. Era un mal estudiante pero su vena artística es temprana y escribe poemas que no dejará de producir hasta su muerte.

En 1939 comienza a trabaja como librero y lo compagina con su formación como actor. En marzo de 1941 comienza a trabajar en Hannover en el teatro Landesbühne Osthannover, pero su carrera dura muy poco ya que le reclutan como soldado de unidad de blindados y le mandan al frente oriental.

Antes, había recibido dos avisos del Gobierno: su poca implicación en las juventudes hitlerianas (a las que le inscribieron, de manera obligatoria, como todos los jóvenes de la época y su tendencia a no ir a las reuniones patrióticas y la segunda, más seria, en el 40 en que la Gestapo le detiene por escribir poesía subversiva (recordemos que era un intelectual progresista por educación y sus historias sobre bohemia y frivolidades no encajaba por «decadente»).

Pero, como decíamos, es el frente oriental y la Operación Barbarroja la que hace que sus últimos años de vida sean un calvario.

Borchert

Además del sufrimiento habitual en el frente que sufrieron sus compatriotas, Borchert sufre un periplo aún mayor. En enero de 1942, resultó herido en la mano izquierda por una pelea contra un ruso que acechaba y en forcejeo recibió un disparo que le hizo perder parte de un dedo, por lo que tuvo que ser trasladado a un hospital militar en Schwabach. Pero bajo la sospecha de que pudiera haber sido él mismo el autor del disparo (recordad, no tenía las mejores credenciales debido a su pasado bohemio) en un intento por ser licenciado, fue arrestado y condenado a pasar tres meses de aislamiento. Donde enferma de gravedad (hepatitis y difteria).

Poco importa todo esto, porque entre medias le mandan a la prisión de Núremberg y está varios meses esperando si la petición del fiscal, la pena de muerte, llega o no. Es declarado «no culpable».

A esto se añade que, además, había mandado cartas a casa. Cartas muy críticas con el régimen, la guerra y en definitiva, la calamitosa situación en la que se encontraba. Le acusaron de haber escrito afirmaciones que ponían en peligro al país y lo condenaron a seis semanas más. Eso provocó que sus dolencias se agravaran.

Tras esto, le envían de vuelta con su unidad a Topolev, al frente ruso. Ese mismo año, 1942, vuelve al ser hospitalizado, esta vez por una congelación. Allí contrae el tifus e ictericia. Además, es donde su hígado empieza a dar señales de estar dañado de gravedad.

Borchert

Tras esto, le dan un permiso y vuelve a Hamburgo, ciudad en ruinas por la guerra y el tiempo de permiso se apunta a un grupo de cabaret y se dedica a la interpretación. Regresó al frente y se une al grupo de teatro del ejército. Al parecer, allí hace una parodia improvisada de Goebbels que no sienta anda bien. Le denuncian y vuelta a prisión en Moabit y se pasa nueve meses allí hasta que la ruina de la guerra para Alemania y su necesidad de soldados le alista de nuevo y es enviado al frente occidental, donde el 1945 se rinden a los franceses.

Cuando lo llevan a un campo de prisioneros, Borchert y otros compañeros saltan del camión y nuestro personaje camina seiscientos kilómetros hasta Hamburgo. Se cuenta que en el camino le detienen unos soldados americanos pero se libra de ellos porque se hace pasar por una persona mentalmente trastornada.

Llega a su ciudad y se refugia en casa con sus padres en la que vivirá dos años escribiendo de manera febril en aquello que podía (cartones, papeles desechados. recordad, Alemania era una ruina) cuando apenas puede salir de la cama pues su cuerpo se apaga.

Produce poemas y cuentos cortos que nadie lee (todos estaban ocupados tratando de comer al menos una vez al día en aquella época). Finalmente, publica su única obra de teatro: Fuera, delante de la puerta. La historia narra la vida de un soldado que vuelve del frente y nadie le espera a su vuelta y por eso nadie le quiere. Ni la Muerte. Y esto es literal. En un momento de la obra, el protagonista trata de acabar con su vida y ni la Muerte le permite eso. Es a efectos prácticos un paria y un muerto en vida.

Contra todo pronóstico la obra se convierte en un éxito tras ser emitida por la radio. Se dice que Borchert y su familia no pudieron escucharla. Ese día no había suministro eléctrico en su barriada. Se prepara una obra de teatro a marchas forzadas para ser representada. Sin embargo, Borchert, muy enfermo ya, ha sido enviado a Suiza para tratar sus males hepáticos. Ha tenido que ir solo desde la frontera porque sus padres no pueden acompañarle: no tienen pasaporte autorizado.

Su obra se estrena finalmente el 21 de noviembre de 1947. Nunca pudo verla. Murió el día anterior al estreno debido a sus dolencias.

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