Eriloe – Alcázar de la Vega: Barrio Nuevo

Barrio Nuevo

Barrio Nuevo

¡Bienhallado mi joven amigo! Al viejo Gundemaro le alegra ver lo madrugador que eres. Hoy descubrirás el Barrio Nuevo. Éste se extiende hacia el norte desde la puerta oeste hasta la plaza del mercado, y subiendo por la primera calle donde empieza el Presidio, girando la primera al este y siguiéndola hasta la estatua del Héroe Dragón.

Inicialmente estas eran unas tierras de cultivo que se emplearon para la ampliación de la ciudad durante su último crecimiento. Ahora da cobijo a la mayoría de los laboreros de los campos y a algunos artesanos.

Bien, conforme uno entra por la puerta norte a la izquierda nos encontramos con La Posada de Rosalía. Rosalía fue su fundadora, aunque ahora el negocio lo llevan sus tataranietos. Si buscas una posada limpia con precios razonables esta es la indicada.

Justo a su lado se encuentra la taberna El Pie del Goblin. Pertenece a la misma familia que la posada. ¿Qué de donde procede su nombre? Bueno, hay muchos rumores animados por los propietarios, pero el más extendido tiene que ver con dos aventureros borrachos, una bella moza y un goblin. ¡Pregúntales a ellos para más detalles!

Si bajamos por la calle al este llegaremos a la estatua del Héroe Dragón. La leyenda popular dice que ya estaba aquí cuando la ciudad se construyó, pero la realidad es que no tiene más de cien años. El Héroe fue un aventurero extranjero que vino durante la construcción de este barrio. En aquella época, una banda de forajidos merodeaba por la zona atacando a las caravanas que venían por el camino norte. Y tenían un pequeño draco medio amaestrado que usaban para extorsionar a los viajeros. El aventurero dio buena cuenta del draco y de los bandidos. Sedujo a varias mozas y bebió galones de cerveza. Todo cortesía de la ciudad. Cuando se aburrió, partió de forma discreta, dejando algunos hijos en la zona, todos ellos con el apellido Draco.

Bien, si giramos desde la estatua y vamos al sur, entramos en la calle que nos lleva a la plaza del mercado. La primera casa solitaria que encontramos es El Cardo Azul, un burdel donde puedes encontrar aquello que más gustes. No es el más exquisito de la ciudad, pero en él puedes encontrar bastante entretenimiento. Tiene una selección de mozos y mozas de todas las razas conocidas y una higiene decente. El actual propietario, Astolfo, es un hombre muy serio con su negocio y no tolera ningún abuso a sus trabajadores.

Si seguimos bajando, la siguiente casa es una hospedería para laboreros de temporada. Es barata y limpia, pero solo permite el alojamiento a aquellos que hallan sido contratados para trabajar en la recogida y siembra. Los periodos entre medias permanecen cerrados.

Si continuamos bajando hasta el cruce con el Presidio (no, el Presidio no forma parte del barrio, pero es un buen punto de referencia) y giramos a la derecha, y luego a la izquierda, llegamos a una pequeña plaza con una mansión hacia el norte. La apodamos La Frutería, porque, en temporada, aquí se abren multitud de puestos donde venden fruta fresca. Reconozco que los aromas a veces pueden ser excesivos, pero mucha gente viene por este mercado. La mansión es de una familia de comerciantes de miel, los Bayadulce.

Siguiendo dirección oeste, llegamos a este edificio redondo. En sus tiempos dijeron que pertenecía a un practicante mágico y el pobre anciano fue quemado en la Plaza del Cadalso. Ahora es regentado por un herborista llamado Sigmundo Draco. Es el principal proveedor de hierbas de la ciudad, y siempre está contratando aventureros que estén dispuesto a buscarle suministros.

Desde la casa de Sigmundo, si nos encaminamos al sur llegamos a la Puerta Oeste. Esta amplia avenida que encontramos es la que divide a la ciudad en dos, y es el punto de acceso principal al Distrito Real. Por esa razón esta calle y las aledañas se las conoce como el Barrio del Mercado. Pero luego iremos a él. Ahora estoy cansado y conozco un buen mesón donde podemos sentarnos y comer algo de nuestro Estofado Alcacereño, sí, el que lleva cerdo, coles y manzanas. ¡Seguro que en tu vida nunca has probado algo semejante! Pues sentémonos y pidamos?

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