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sábado, 24 de octubre de 2020


 

Primer Embate

La nave de la clase Victoria B se deslizaba silenciosa entre las defensas orbitales del planeta de la Unión Pangaláctica. No podían enfrentarse a toda esa potencia de fuego, pero tenían que cruzar y saber qué protegían con tanto ahínco los infectados NheTi:Narä. Una estación orbital, tres satélites de defensa de la clase pesada y cinco patrulleras. Si cualquiera de ellas les descubría, iban a tener un problema.

Juana guardaba silencio en la cabina mientras Arles y Tor realizaban el trabajo pesado. El piloto escudriñaba lo que tenía delante para no tropezar con nada. Una de las desventajas del sistema de camuflaje es que las inocentes naves comerciales tampoco te veían y en zonas de mucho tráfico, era fácil cruzar por un mal sitio. El navegante escuchaba los sensores pasivos intentando identificar cualquier eco que no fuera natural por encima de la estática de los rayos cósmicos de la estrella tipo F2 sobre la que orbitaba aquel planeta. Además, y eso se notaba en el sudor que perlaba toda su calva, escuchaba con sus otros sentidos por si alguien estuviera siguiendo sin que ellos les advirtieran.

Se pusieron a la cola de un carguero y entraron en la atmósfera. No es fácil entrar en modo sigilosos en una atmósfera, pero tampoco es fácil mantenerse en la estela de otra nave cuando se realiza esa operación. Los pilotos inmo realizaban cientos de ellas en los simuladores y decenas en prácticas en diferentes momentos de su entrenamiento, pero ninguna es igual a la anterior. Los pilotos tienen sus manías y Arles tenía que imitar a la perfección la trayectoria de su escudo o la Victoria destellaría en el cielo como una nova.

Cuando superaron las primeras capas, Arles frenó alejándose de su escudo y camuflándose en el interior de las nubes. Desde allí, se dejaron llevar por ellas hasta su objetivo: una instalación enorme donde los infectados NheTi:Narä estaban construyendo algo. Los sensores activos recorrieron toda la instalación y los sistemas de defensa del lugar debieron iluminarse como si hubiera llegado alguna fiesta local, pero era la única forma de hacerlo. Tan sólo tenían unos segundos para recopilar la información y largarse de allí...

En el proyector holográfico se mostró lo que había debajo de ellos, camuflado como una instalación espacioportuaria, pero que en realidad era una enorme nave de combate, del tamaño de un destructor, pero erizado de torretas pesadas. Si le preguntarán a Juan los de inteligencia, lo denominaría acorazado de bolsillo o crucero, pero no le preguntarían

-Las defensas orbitales han lanzado 15 cazas en nuestra busca.

-¿Nos han localizado? -preguntó Juana.

-Lo harán en diez segundos.

Y un plan se formó en la mente de la oficial. Les habían mandado a descubrir qué había, no tenían órdenes de destruirlo, pero quizás no tuvieran una oportunidad mejor que esa. Y empezó a impartir órdenes.

 

 

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Cita

«Todavía podríamos perder esta guerra.»

General Patton