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domingo, 25 de octubre de 2020


 

4x06 - A por los culpables

La investigación de los restos de las naves que torturaban a las extrañas criaturas no ha revelado muchos datos. Casi toda la información fue destruida por los propios tripulantes y ellos, en su mayoría humanos, prefirieron morir antes que ser capturados, pero la 501 ha conseguido un vector, una dirección que lleva directamente al sistema Coan. Allí era donde las criaturas tenían que haber llegado, de no ser por la liberación de los exos.

Están en territorio hostil, lo saben, y deben avanzar con cuidado. Afortunadamente la Victoria B puede camuflarse como un carguero independiente y eso les libra de algunos encuentros que se habrían convertido en desagradables, pero su disfraz no vale a corta distancia, no pueden entrar en un espaciopuerto con el característico perfil de la nave. Es por ello que Juana toma una decisión: planetizar en secreto e continuar la investigación mezclándose con la población local. Si les descubren, será el final de su carrera.

Todos agradecen, sin embargo, salir por fin de la nave en el que llevan demasiados días metidos. Además, la Unión Pangaláctica es una nación multirracial, y orgullosa de ello, y ni siquiera Tor llama la atención entre los temerosos parroquianos. El miedo es patente, las casas tienen fuertes cerraduras y las ventanas tienen rejas. Si no fuera difícil de creer que una sociedad como la de la vieja Oeon pueda haber degenerado tanto, la sensación de miedo es similar a la que existe en los barrios marginales de las grandes urbes de la RFP, un miedo a tus vecinos, al gobierno y a que algo entre en tu casa por la noche. Todos lo notan, especialmente el tyrano y es una sensación que les pone nerviosos.

Se alojan en un mal hotel cercano al espaciopuerto con la excusa de ser una tripulación a la espera de un nuevo destino. Seguramente no les creen, pero nadie hace preguntas si pagan por adelantado. El trio aioll que les aloja se muestra muy satisfecho con el intercambio económico y les comenta, triste, que son los únicos clientes de su establecimiento.

Las pesquisas del primer día no llevan a ningún sitio, ni en el gremio de transportistas, ni en la taberna del espaciopuerto, ni en los rumores del mercado donde acuden a comprar algo fresco. Hay un autococina en el hotel, pero no es muy bueno, ni tienen muchas opciones.

Es la segunda noche de estancia cuando reciben una visita. Una sombra oscura se cuela desde el tejado y desciende los escalones sin ruido aparente. Decide entrar en la habitación de Arles y la puerta le franquea el paso a pesar de estar cerrada con llave desde el interior. El cuerpo queda quieto, tras pasar el umbral y, de repente, se desploma. En ese momento suceden varias cosas, Arles enciende la luz, Genweb y Deslez apuntan con sus armas desde el pasillo y Ale salta desde el techo donde a saber cómo estaba sujeto y clava su puñal en el suelo de sintedol.

Instantes después, el NheTi:Narä que pretendía apropiarse del cuerpo de Arles muere entre convulsiones. Juana, que ha entrado en la habitación, observa en silencio y con cara de asco hasta que la criatura deja de moverse. Parece una esponja a la que alguien estuviera aplicándole un secador. Cuando queda claro que ha muerto, dan la vuelta al cuerpo y observan, sin sorpresa, que se trata de uno de los tipos con quién hablaron en la taberna.

-Bien -explica la capitán- ahora sabemos por dónde seguir buscando.

 

 

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«¿Los italianos? La próxima vez que luchen con vosotros.»

Mariscal Keitel