1808 – Manadas de perros

Durante la Guerra de la Independencia, el perro no era una mascota como la que estamos acostumbrados ahora (en el siglo XX) sino, más bien un compañero de caza o de labranza. La aristocracia podía tener animales más domesticados que convivieran con la familia, pero, en general era animales que formaban parte del grupo de caza que bien por vejez o por mansedumbre acababan viviendo en las casas (en vez de en establos o cuadras).

«Perra de Pomeramia y cachorro» (1777) de Thomas Gainsborough. Original en la Tate Gallery (Londres).

La sensibilidad hacia los animales no empezaría a generalizarse (y a ser legislada) hasta 1850 (fecha de la primera ley de derechos animales, la ley Grammont) y es consecuencia de las ideas ilustradas que recorrían Europa en esa época. Sin embargo, los perros habían convivido con los hombres desde mucho tiempo antes, incluso habían sido objeto de la atención de importantes artistas. A pesar de lo anterior, en 1808, la visión generalizada hacia los perros era más laboral, más como animales que daban un servicio, como cazar, cuidar del ganado, pastorearlo, etc. Sin embargo, es importante decir que no faltan anuncios en la prensa escrita buscando mascotas perdidas y recompensando su devolución. Algo estaba cambiando en aquellos años, indudablemente.

«Un perro» (1820-23) de Francisco de Goya. Original en el Museo del Prado (Madrid).

La guerra tiene muchas víctimas y una de ellas fueron los perros. Sus dueños, ya fueran gentes de clase alta huidos a Francia o unidos al ejército o trabajadores del campo cuyas tierras o ganados habían quedado destruidas por el paso de un ejército, no podían ocuparse de un gran número de estos animales y muchos se encontraron abandonados y sin atención humana. Recuperando parte de sus instintos, estos perros se agrupaban en mandas y recorrían zonas apartadas sin mucha presencia humana (caminos, aldeas abandonadas, etc.)

No llegaron a convertirse en un peligro en sí mismo, pero a algún grupo pequeño de viajeros podrían darle un susto. Los perros vagabundos están acostumbrados a la presencia del hombre y pueden acercarse a él sin mostrar ningún tipo de temor, para, sin aviso, robar algo de comida y llevárselo entre sus fauces. Lo más peligroso es enfrentarles (o perseguirles) y toparse con toda la manada que no reaccionará de forma amigable.

CUERPO: 4
DESTREZA: 5
INSTINTO: 7
INTELIGENCIA: 4
PRESENCIA: 5

Niv. Social: 0
Iniciativa: 5, 5
Puntos de Vida: 12
Resistir el dolor: 0
Ajuste por fuerza: 0
Alerta: 18
Esquivar: 15
Andar: 6
Marchar: 12
Dur. Marchar: 50
Correr: 18
Dur. correr: 50
Sprintar: 24
Dur. sprintar: 5
Intimidar: 9
Observación: 18
Sigilo: 9
Supervivencia: 6
Ataque C/C (Mordisco): 15
Daño: I-1

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