Pangea – Unt Namper

Unt Namper

Unt Namper, el arte de la conservación de cabezas reducidas, es una práctica compartida por muchos grupos sociales de Pangea, que incluyen tribus de razas tan diversas como ogros, mendwan y tikkis. Este místico procedimiento de momificación preserva las cabezas de sus enemigos, que son usadas como talismán protector, trofeo de guerra e incluso medio de transmisión del conocimiento.

El proceso de crear una cabeza reducida se conoce en algunos lugares como Unt Namper. Consta de varias etapas: se comienza realizando un corte cerca de la clavícula, detrás de la cabeza, y cuidadosamente se separa la piel del cráneo. Posteriormente se realiza una incisión en la parte superior del cuello, y se retiran del cráneo la piel, la grasa y la carne. A continuación se colocan unas misteriosas semillas rojas debajo de los párpados cosidos y la boca se une con pasadores de palma. Se coloca una piedra o similar con el fin de mantener la forma. La piel se hierve en agua y una gran variedad de raras hierbas secretas, que evitan la caída del cabello. Este proceso reduce su tamaño a la mitad. Luego, se ahúma la piel y se utilizan rocas calientes y arena para moldear la cabeza y que ésta conserve su forma y facciones. Una vez seca, se da vuelta a la piel y los últimos vestigios de carne se eliminan con un cuchillo, para prevenir posibles olores y evitar la putrefacción. Se cose la parte posterior donde se realizó el corte. Se secan los labios con un machete al rojo vivo y se le clavan tres espinas de chonta y se amarran con cuerdas. Para finalizar, se tiñe la piel y se les adecenta: se les añaden granos, cuentas para el pelo, trenzas y otros elementos decorativos.

El procedimiento de reducción incluye unos largos y elaborados cánticos denominados ujáj, que traen de vuelta y atrapan el alma del difunto en el interior de su cabeza, impidiendo que huya y su rabia le convierta en un groka (fantasma). De este modo, el poseedor de la cabeza obtiene poder sobre dicha persona. El alma de una persona encerrada en una cabeza es llamada tzantza. La cabeza atrapa el alma, impidiendo que escape y se transforme en un groka (fantasma) capaz de tomar represalias contra su asesino. El proceso completo de reducción suele durar aproximadamente una mano de días, y la cabeza terminada llega a tener el tamaño de un puño.

Por supuesto, la mayoría de los cazadores y guerreros emplean las tzantzas como objeto visual que pretende intimidar a sus enemigos, ya que es un objeto que también simboliza la fuerza y destreza marcial de quien lo porta. Debido a la rareza de los materiales necesarios para reducir y conservar la cabeza, esta práctica no resulta tan frecuente como podría esperarse. Casi siempre se lleva a cabo para evitar la venganza del espíritu de un enemigo especialmente odiado (o que odia a quien le dio muerte); muchas desprenden «malas vibraciones» y se cree que pueden causar pesadillas a los durmientes, así que los propietarios no suelen guardarlas durante demasiado tiempo. Pasado un tiempo prudencial para que el espíritu pierda ímpetu vengativo, suelen entregárselas a un chamán como pago por sus servicios, o las intercambian con guerreros que desean aparentar mayor experiencia y fiereza. Como no está claro si la destrucción de la cabeza implicaría la liberación del espíritu, no suelen ser destruidas; por este motivo muchas cabezas terminan expuestas en postes en los alrededores de los poblados, o son acumuladas para ser empleadas como elementos decorativos en las ceremonias y fiestas que celebran las victorias de la tribu. Unas pocas incluso son empleadas por los chamanes a modo de «biblioteca» personal, puesto que muchos conocen ritos que les permiten apaciguar y entablar conversación con las tzantzas.

En raras ocasiones, si alguien considera que una tzantza ha servido bien a su dueño o que el alma encerrada en su interior es especialmente fuerte, sabia o poderosa, éste puede pedir a un chamán que libere el alma atrapada, reclutándola para su grupo. Para ello se lleva a cabo una nueva ceremonia para recuperar el alma perdida y que se integre en el grupo, naciendo de nuevo de una mujer de la tribu (normalmente en la familia del propietario de la cabeza). Para ello se coloca la tzantza en un lugar de honor durante una mano de días, para indicarle que lo que contempla es su nueva tierra y que ahora pertenece a esta tribu. También se llevan a cabo unos cánticos ujáj a su alrededor, para que los escuche bien. Estos cánticos le dicen expresamente que del antiguo enemigo que fue en vida ya solo queda la parte buena de su alma, que su viejo nombre ya se ha olvidado para siempre y que ahora su vida podría unirse a la que crece en el interior de una mujer de esta tribu; una mujer que se ofrece a darle una nueva vida a cambio de que perdone definitivamente cualquier ofensa sufrida en el pasado. Durante esa noche, las mujeres embarazadas interesadas en albergar el alma del tzantza se acercan y entablan un diálogo (en ocasiones competitivo) con la cabeza. Le ofrecen su protección, cariño, ayuda incondicional y un nuevo hogar. El tzantza es libre de aceptar o no la oferta. En cualquier caso, la cabeza es quemada ritualmente antes de que se produzca el nacimiento. Lo que sucede con las almas tan consumidas por el orgullo, el odio y el rencor como para no aceptar el ofrecimiento que se les hace de una nueva vida entre sus antiguos enemigos es un misterio, aunque algunos chamanes rumorean, en temerosos susurros, que se reencarnan como poderosos espíritus del Wukran que regresarán para atormentar a sus captores.

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