Exo – Las guerras Corporativas

Las guerras Corporativas son un acontecimiento que ha sido citado en muchas ocasiones en los suplementos de EXO y en algunos artículos de esta revista. En el propio manual básico se cita muy de pasada, como una de las guerras civiles que ha sufrido la República a lo largo de su historia. No fue la primera y tampoco la última, pero sí la que tuvo mayores repercusiones posteriores. A continuación, desgranaremos un poco su desarrollo y consecuencias. Por si a alguien le interesa, a título personal lo identifico con el equivalente a la «guerra civil galáctica» de Star Wars. Si quieres llevar una campaña en la que un grupo de aguerridos rebeldes luchan contra las opresivas fuerzas del gobierno, esta es tu época.

Si exceptuamos la guerra Veddia (911-945 dV), y a pesar de que los pequeños conflictos internos fueron continuos, durante los primeros mil años de existencia de la República de Vettera (RdV) no hubo grandes enfrentamientos militares. Sin embargo, el fin del primer milenio trajo consigo uno de los enfrentamientos que más honda huella han dejado en la historia republicana: la guerra Corporativa (1032-1049 dV).

Para finales del primer milenio, y a lo largo de los últimos cuatro siglos, las primeras grandes corporaciones de la República de Vettera habían crecido exponencialmente en influencia, saliendo de sus planetas de origen para implantarse en otros sistemas solares: estas fueron las primeras megacorporaciones o, como eran llamadas por entonces: «intercompañías».

Cien años antes, la República de Vettera carecía de un ejército regular estable y los planetas, al menos aquellos que sí los tenían, no estaban pensados para un conflicto galáctico, sino como fuerzas de defensa planetarias. Estas fuerzas se encontraban bajo control del gobierno planetario, y solo mediante medidas legislativas excepcionales, podían ser movilizadas por la República. Cuando estalló la guerra contra el imperio Veddio, la RdV no estaba preparada para entablar un conflicto galáctico a gran escala. Carecía de la organización política o el tejido industrial que le hubieran permitido asumir los costes por sí sola; sin embargo, poseía un denso entramado empresarial y muchas intercompañías vieron la guerra como una oportunidad más de negocio, y no solo a corto plazo sino como un medio para la obtención de concesiones políticas de largo recorrido.

La guerra contra los veddios se ganó gracias a que muchas industrias y empresas civiles reconfiguraron sus instalaciones para producir armamento, cazas, naves de transporte, etc. Pero no lo hicieron gratis; en muchos casos estas «donaciones patrióticas para el esfuerzo de guerra» iban acompañadas de amplias concesiones políticas y territoriales que convirtieron a las corporaciones en dueñas y señoras de sistemas solares enteros. Los políticos sentían que estaban haciendo un pacto con el diablo, pero la situación era difícil. «Cuando ganemos la guerra, veremos cómo queda la cosa», se decían a sí mismos los políticos. Lo cierto es que para cuando terminó la guerra, las corporaciones controlaban por completo el sistema político, administrativo y judicial de la república.

Durante las siguientes décadas, la RdV vivió un retroceso social y la población perdió muchas de sus anteriores conquistas sociales y laborales. Las grandes corporaciones reformaron el entramado social y legal para su propio beneficio hasta el punto de que algunos politólogos contemporáneos llegaron a definir a la República como un «Estado corporativo».

Como reacción a esta «plutocratización» de la sociedad, se fue gestando en la sociedad una fuerte conciencia anticorporativa. Dentro de este contexto, en el año 1011 dV, Eli Wladimiro fue elegido gobernador de Vettera. Antiguo activista por los derechos civiles, Wladimiro era tachado de ser un radical y un populista peligroso por los medios conservadores, alguien que solo había logrado alcanzar el poder gracias a un «voto de castigo» a los partidos tradicionales vetteranos, la mayoría de ellos salpicados por numerosos casos de corrupción. Ya desde su primer año de mandato, el gobernador Wladimiro inició una política fiscal fuertemente progresiva y un plan de redistribución de la riqueza que empezó a levantar resentimiento entre las grandes corporaciones.

Los grandes medios de comunicación, en manos de las corporaciones, iniciaron una agresiva campaña contra el Gobierno, provocando que perdiese las siguientes elecciones (1016 dV). Su sucesor, Alderak Montar, dio marcha atrás deshaciendo todas las medidas de reforma emprendidas por Wladimiro, incluso yendo mucho más allá: fue una época de cierre de colegios, privatización de servicios y recortes de las casi ya inexistentes prestaciones sociales y sanitarias.

Eli Wladimiro pasó a la oposición. Con el dinero de millones de donantes y colaboradores consiguió crear una pequeña productora que emitía a través de la GWW a toda la República, y que la que solo se emitían programas culturales, holopelículas clásicas y programas de denuncia de las políticas de Montar. Su cadena tuvo una audiencia casi nula salvo lo que respecta a los programas de información, que ganaron rápidamente fama de ser los únicos que no estaban manipulados por las corporaciones. Durante este período, fueron abortados al menos tres atentados contra el gobernador Montar, y la productora de Wladimiro estuvo a punto de perder su licencia en varias ocasiones bajo la acusación de alentar tales actos de terrorismo contra el gobernador.

Pero a pesar de las costosas campañas en su contra (o precisamente debido a ellas), en las elecciones en el año 1022 dV Wladimiro obtuvo casi un 73% de los votos, siendo hasta ahora el gobernador que más porcentaje de votos ha conseguido en unas elecciones en Vettera. Y eso también en el año con mayor participación de toda la historia de Vettera, un 94% de vetteranos con derecho a voto, lo ejercieron.

De nuevo, el gobernador Wladimiro reconstruyó su política social y volvió a chocar con la oposición frontal de las principales intercompañías, que esta vez no se limitaron a hacer una mera campaña en su contra. Como método para ejercer presión sobre el consistorio planetario, comenzaron a llevar a cabo un boicot abierto a Vettera. Simplemente empezaron a dejar de servir sus productos a la capital, o si lo hacían era con retrasos, incremento de costes y subidas de precios que repercutían en el consumidor. De este modo, pretendían forzar un cambio de gobierno.

Durante unos años la propia Vettera sufrió un grave problema de desabastecimiento, pero el problema se solventó parcialmente gracias a la decidida apuesta del ejecutivo de Wladimiro, que organizó una serie de empresas públicas destinadas a cubrir el hueco dejado por las intercompañías. Para sorpresa de muchos, incluso de sus propios asesores, esta autarquía económica no solo funcionó sorprendentemente bien, sino que además redujo los índices de paro hasta niveles no recordados desde las guerras Aolha. Estas empresas públicas generaron un importante déficit público, pero por lo demás funcionaron estupendamente; tan estupendamente que las corporaciones empezaron a sentir miedo de perder definitivamente lo que hasta entonces había sido su mayor y mejor mercado; la joya de la corona: Vettera.

Finalmente, la situación no fue sostenible por más tiempo: las empresas tuvieron que regresar a Vettera con el rabo entre las piernas, encontrándose con una situación peor para ellas de la que habían dejado antes del inicio del boicot, mientas que Eli Wladimiro alcanzaba máximos históricos en los índices de popularidad. Era considerado por el pueblo como el hombre que había derrotado a las todopoderosas intercompañías.

Aprovechando su popularidad, Wladimiro se presentó a las elecciones a la presidencia de la República en el año 1029 dV. La campaña electoral fue una de las más sucias que se recuerdan, ya que todos los grupos políticos se unieron contra él, a pesar de lo cual según los sondeos parecía tener muchas posibilidades de ganar. Comenzaron a circular rumores de que tenía la intención de destruir definitivamente el predominio de las corporaciones en la sociedad republicana. Incluso hubo varios grupos religiosos marginales que anunciaron que Eli Wladimiro era un mesías enviado por alguna divinidad para acabar con las injusticias en la galaxia…

El momento álgido de la campaña electoral se dio en Sila, lugar de donde Eli Wladimiro salió entre vítores y manifestaciones de apoyo, rompiendo la ley no escrita que afirmaba que ningún antiguo gobernador de Vettera contaría con la simpatía de los silanos (debido a la histórica rivalidad existente entre ambos planetas). Su famosa imagen saludando a las masas de la mano de Dermon Urb, famoso líder revolucionario de Sila, es una de las imágenes que se repiten en todos los documentales de historia de la RFP, y que han pasado al imaginario colectivo como las de los obreros almorzando sobre una viga a gran altura durante la construcción del edificio de La Aguja o el impulsivo beso que una sargento de los inmos da a un tripulante de la Flota en la calle tras conocerse en final de la segunda guerra Verriana.

Sin embargo, Eli Wladimiro nunca ganó las elecciones. Su nave estalló durante un viaje de la campaña electoral cuando se dirigía a Hégaton. Oficialmente fue un accidente, de hecho, hoy se considera generalmente que sí que lo fue, aunque está claro que mucha gente se alegró y hubiera pagado por provocarlo. Pero entonces, nadie se lo creyó. Toda la República lo consideró un asesinato pagado por las intercompañías. Ninguno de los seguidores de Wladimiro se conformaba con su muerte y Estim Xavier, uno de sus colaboradores más cercanos, se apresuró a continuar la carrera interrumpida de Wladimiro.

Xavier intentó continuar la campaña ocupando su lugar, pero la Comisión Electoral se lo impidió, afirmando que estaba fuera de plazo para presentar su candidatura. Poco después se celebraron las elecciones y en ellas Eli Wladimiro consiguió, después de muerto, batir un nuevo record. Todos los analistas afirman que su muerte fue la principal causa de que esas elecciones fueran las de mayor abstención de toda la historia de la República, casi un 87%.

A lo largo del año 1030 dV, se convocaron manifestaciones en toda la República en contra del recientemente elegido presidente Isaak Alino, pero la mayor tensión se acumuló en el sistema Extrema. En una de sus últimas apariciones públicas, el candidato Wladimiro había hecho declaraciones en las que prometía restañar las heridas abiertas entre humanos y veddios, la mayor parte de los cuales se hallaban confinados en planetas que en la práctica eran colonias penales. Los veddios no podían abandonar dichos planetas, en los que habían sido reubicados forzosamente tras la guerra como método de que pudieran tratar de restaurar el viejo imperio Veddio. Wladimiro había prometido que, si ganaba las elecciones, entablaría conversaciones con los líderes veddios de cara a la concesión de indultos generales y la eventual creación de un protectorado autónomo veddio, al amparo de la RdV.

Así pues, fue en Extrema en donde una macromanifestación en apoyo de la causa veddia fue declarada ilegal por las autoridades y, a pesar de ello, se celebró de todo modos. El momento álgido se vivió cuando grupos de incontrolados empezaron a atacar los edificios de las intercompañías y el gobernador planetario dio orden de disolver la manifestación por cualesquiera medios. A sabiendas de que cumplir sus órdenes causaría el pánico y que entre los manifestantes había numerosos ancianos y niños, los mandos policiales se negaron a actuar. Ante tal insubordinación, el gobernador decidió abandonar el planeta, en una actuación que ha sido recordada, quizás algo injustamente, como ejemplo de cobardía por las generaciones posteriores. Aprovechando el vacío de poder, un comité de representantes civiles de composición paritaria entre humanos y veddios asumió el poder en Extrema. El modelo no tardó en extenderse a otros planetas de las cercanías, en donde estallaron revoluciones similares.

Los aires de revolución se respiraban en toda la República. Las corporaciones y los políticos temieron que lo sucedido en Extrema fuese el pistoletazo de salida para una sublevación a gran escala, así que la respuesta no se hizo esperar. Movilizadas por un decreto urgente del Presidente, las guarniciones de Ferella y Daerea cayeron sobre Extrema, realizando una durísima represión sobre la población. Se estima que para principios del año 1031 dV ya habían muerto unos quince millones de civiles en todo el sector. Mientras tanto, la guarnición de Extrema fue desarmada y confinada en los cuarteles.

Los medios de comunicación corporativos silenciaron el suceso y se impuso un bloqueo de todas las redes de comunicación con Extrema. Pero a pesar de lo precario de las comunicaciones estelares de esa época, intentar ocultar lo que pasaba era como tratar de contener una fuga de agua con las manos. Lentamente, las noticias de lo que había sucedido fueron filtrándose y difundiéndose a través de algunos medios de comunicación alternativos. El gobierno de la República, incapaz de comprender que todo era una serie de movimientos espontáneos, acusó a Estim Xavier de estar detrás de los disturbios. Xavier y un puñado de sus colaboradores fueron detenidos y encarcelados «por crímenes contra la República», tras lo que fueron trasladados a una prisión de máxima seguridad en Bixnuür, lejos de Vettera.

Pero en vez de relajarse, la tensión fue en aumento. El año 1031 dV es conocido por muchos historiadores como «el año de los preparativos». Amparadas bajo la clasificación de «servicios de seguridad», muchas megacorporaciones reclutaron, adiestraron y armaron auténticos ejércitos privados. Al mismo tiempo, miles de soldados miembros de las milicias planetarias desertaron para instruir clandestinamente a civiles, quienes comenzaron a adquirir y acumular armas de forma más o menos encubierta. Alarmado por la situación, el gobierno dictó una orden extraordinaria a las guarniciones de todos los planetas para que trocasen sus posiciones, de modo que ningún planeta estuviera vigilado por una guarnición de soldados nativos.

Y entonces, estalló la guerra.

El inicio del conflicto suele marcarse en el año 1032 dV, aunque para entonces ya se habían producido una notable cantidad de incidentes y pequeñas escaramuzas locales. El día de año nuevo, aprovechando la resaca de las celebraciones, un grupo de rebeldes asaltó la prisión en la que se encontraban Estim Xavier y los suyos y le liberaron. Apenas dos días después, Dermon Urb emitió un llamamiento global desde Sila, llamando a la rebelión abierta.

Los incidentes y los sabotajes se extendieron por toda la república y pronto fue evidente que las corporaciones no podrían mantener la guerra por mucho tiempo, ya que sus propios soldados desertaban en masa para unirse a las filas de sus familiares y amigos.

Dermon Urb no dudó en colocarse a la cabeza de un movimiento que estalló a lo largo y ancho de toda la República. La sublevación triunfó en Bixnuür, Vaapula, Ferella, Daerea, Sila y Vettera. Sin embargo, Dero-1, Extrema, Ral y Dala se mantuvieron fieles al gobierno (principalmente por la masiva presencia de las tropas corporativas en dichas zonas). En el resto de sectores ninguno de los dos bandos logró imponerse totalmente sobre el otro. En aquellos planetas donde los levantamientos tenían éxito y las tropas corporativas eran expulsadas, las naves comerciales eran bloqueadas y las comunicaciones cortadas. El planeta quedaba aislado.

Los rebeldes contaban con planetas industriales y un mayor número de efectivos, pero carecían de oficiales con experiencia militar y de una flota capaz de transportar tropas y suministros. Probablemente el movimiento habría fracasado antes de empezar si no hubiera sido gracias a la ayuda prestada por gremios de contrabandistas. Entre estos destaca especialmente la ayuda prestada por el Gremio de contrabandistas de Cordi (actualmente la Asociación Mercante Cordita) y la ayuda prestada por grupos aislados de piratas veddios (un hecho que la mayor parte de los historiadores humanos ha tendido a ignorar o soslayar). Por otra parte, Dermon Urb no fue capaz de imponer su mando sobre todas las facciones de insurrectos hasta el año 1037 dV. Precisamente en ese año, el movimiento tomó sus tintes más revolucionarios al afirmar Estim Xavier que tras la guerra disolvería las corporaciones, prohibiría la propiedad privada y repartiría su riqueza entre todos los ciudadanos de la República. Este hecho hace que muchos le consideren como uno de los precursores de la filosofía oeonista. Todavía se discute hasta qué punto hizo ese anuncio por convicción y hasta qué punto lo hizo con la intención de ganarse a los grupos más radicales, puesto que en ese momento su liderazgo estaba siendo eclipsado por el de Dermon Urb.

Por su parte, el bando corporativo contaba con el apoyo de lo que quedaba de las guarniciones de algunos planetas (que habían sido purgadas de elementos disidentes o se hallaban muy mermadas por las deserciones). A pesar de que sus tropas eran inferiores en número a los revolucionarios, tenían más experiencia, estaban mejor equipadas y todavía mantenían el control sobre las naves militares más modernas de la RdV. Mientras tanto, los rebeldes debían conformarse con aprovechar viejas naves robadas o con cargueros armados y reacondicionados como improvisadas naves de combate. También fue vital para el bando gubernamental el refuerzo que recibieron por parte de las tropas a sueldo de las corporaciones aunque, en ocasiones, se dedicaron a luchar entre sí tanto como contra los rebeldes. Al calor de las llamas de la guerra también acudieron al territorio humano gran cantidad de mercenarios alienígenas, que se hicieron tristemente famosos por su extrema crueldad. Incluso con todos estos refuerzos, la falta de soldados se volvió crónica, y al final las corporaciones tuvieron que recurrir al último recurso: fue entonces cuando hicieron aparición los soldados-robot. Estas máquinas, carentes de alma, hicieron que la guerra corporativa se volviera más sangrienta que nunca. Sus masacres pasaron al imaginario colectivo de los ciudadanos de la RFP, quienes desde entonces han rechazado el uso de robosoldados. Estos asesinos mecánicos generaron una psicosis en la sociedad de la RdV y una profunda antipatía hacia los robots que perdura hasta la actualidad.

Durante años esta fue una guerra sin frentes, con ataques inconexos realizados por grupos locales de fuerzas sin más pretensiones que la de conquistar una o dos ciudades, con luchas locales en cada planeta. Las pocas campañas organizadas y coordinadas solían caracterizarse por un avance rápido de las tropas del gobierno (gracias a su superioridad espacial) que, sin embargo, tenían que detenerse ante la imposibilidad real de ocupar la superficie de los planetas por completo, tras lo que acababan por replegarse a las posiciones más seguras. Las batallas espaciales fueron escasas y espaciadas, ya que la «flota rebelde» nunca concentró sus fuerzas en un único punto, prefiriendo dispersarse por todo el territorio de la República. De este modo, obligaron a las fuerzas corporativas a perseguirlas incansablemente en un interminable juego del gato y el ratón que duró años.

Para el año 1047 dV, el presidente Alino estaba más que amortizado políticamente hablando. Su incapacidad para sofocar la rebelión provocó su caída y la joven Ahïsa Alanda ocupó su lugar. La personalidad de Alanda, es sin duda singular. Siendo demasiado moderada como para ser apoyada por los rebeldes y demasiado radical para las intercompañías, no había contado con ningún apoyo hasta entonces. Sin embargo, tras quince años de guerra las cosas habían cambiado. A lo largo de toda la República empezaba a cundir el hastío por un conflicto que no parecía tener fin ni objetivos claros, y que ninguno de los bandos parecía ser capaz de ganar. Por otra parte, las corporaciones estaban perdiendo demasiado dinero con la guerra. La desobediencia civil había desangrado los activos económicos de las empresas. Podría decirse que el desgaste fue lo que finalmente derrotó a las todopoderosas corporaciones. Sus recursos se acababan y su acceso a los planetas (y a los mercados) se redujo hasta límites insostenibles.

Muchas pequeñas y medianas empresas aprovecharon la oportunidad y empezaron a apoyar en secreto a los insurgentes. Puede que por genuina solidaridad, pero también como un medio para eliminar a la poderosa competencia que les había machacado durante décadas. Con el paso del tiempo, las megacorporaciones quedaron dueñas de enormes emporios económicos que, o bien no tenían mano de obra para producir o bien no tenían clientes a los que vender. Una a una, las grandes corporaciones del pasado fueron desapareciendo o se transformaron en estados convencionales. Los medios de producción fueron transferidos a los planetas (nacionalización lo llamaron) y las grandes corporaciones dueñas de grandes latifundios planetarios se evaporaron.

Era el momento adecuado para negociar un compromiso, y Ahïsa Alanda era la persona más indicada. Gracias a sus gestiones diplomáticas, en el año 1049 dV los responsables de las últimas intercompañías firmaron la que se conoce como la Paz de Sertia. En realidad, más que un tratado de paz al uso, es una serie de normas que obligaba a todas las empresas de la RdV a mantener un estricto código anti-monopolio que evitase que el control económico pudiera quedar en manos de unos pocos. Dicho tratado no está ya en vigor, pero muchos de sus artículos han sido incorporados a numerosas leyes posteriores. Su espíritu sigue estando en la sociedad, aunque ya solo los historiadores recuerden el por qué.

La guerra sirvió para alcanzar una situación de equilibrio entre las megacorporaciones y el poder civil que, a grandes rasgos, se ha mantenido hasta la actualidad. Pero quizás el rasgo más curioso de esta guerra es observar que en ningún momento hubo intentos secesionistas. Para la mayoría de los humanos, ya no existía ninguna alternativa a la República de Vettera.

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