Pangea – Timil, hijo del Oso

Autor: Jorge Coto

En las gélidas tierras del norte se extiende el gran mar helado. El Merskroa, que en dialecto timil significa «El blanco que derrota al azul».

El Gran Espíritu decidió otorgar esta tierra a las nieves y para ello envió al mil, el gran oso blanco. Y es que, como bien saben los ancianos timil, son los mil los que expanden el hielo y allí donde ellos viven el blanco supera al azul y los timil pueden vivir y prosperar sobre la nieve en vez de ahogarse y perecer en el mar.

El mil es el verdadero dueño y señor del Merskroa. Para alimentar al mil, el Gran Espíritu envió al conejo de nieve. Y para adorar al mil, el Gran Espíritu envió a los timil, los únicos mendwan que han sido capaces de vivir en estas latitudes.

Para los timil es un honor, ya que se consideran parientes. De hecho, timil significa «hijo del oso» y entre los timil, aquellos pocos que nacen albinos, se consideran especialmente próximos al espíritu del mil y son respetados como poderosos chamanes.

Pero, albinos o no, un timil debe recibir la aprobación de un mil antes de ser chamán.

Para ello debe pasar varios días cerca de la zona de caza de algún mil, meditando sobre la nieve, hasta que muere de hambre, es muerto por un oso o consigue su aprobación. Si el mil se acerca a él, le olfatea y le deja vivir, el timil se convierte en chamán.

Algunos chamanes tienen un espíritu tan poderoso que, sin tan si quiera haber querido nunca ser chamanes, el mil decide encontrarse con él y perdonarle la vida, dejando así claro que ese timil ha de ser un shaman. Los shamanes mil nunca son atacados por los mil y, en ocasiones especialmente desesperada, pueden suplicarles su ayuda. A veces los mil incluso les hacen caso.

Cuando un timil es atacado por el mil, no se defiende ni trata de huir. Es señal de que no era digno y un honor ser devorado. Por si acaso no son dignos el caso es que los timil han desarrollado una excelente habilidad a la hora de evitar encuentros con los osos. Muchos timil viven toda su vida cerca de ellos sin llegar nunca a ver ninguno.

Los timil viven directamente sobre el hielo, cazando conejos y focas que le proporcionan alimento y vestido. Son también hábiles pescadores, en agujeros practicados en el hielo. Saben construir canoas con las que pueden navegar entre icebergs o a algunas de las islas cercanas, pero no es algo que les guste especialmente. Los timil han de vivir sobre el hielo firme, no sobre el agua temblorosa.

Más peligrosa que la navegación es, para los timil, la práctica que conocen como endera, «la muerte bajo el hielo». La endera comienza con un la excavación de un pozo en el hielo lo suficientemente grande como para permitir a un timil descender hasta una playa. Los timil saben bien que, cuando la marea baja, se producen grutas ahí donde el hielo no llega a descender y estas grutas, siempre cambiantes, son recorridas por los timil en busca de distintos tipos de marisco, y deseando no encontrarse con algún smiomo, el «hambriento devorador», un cocodrilo de aguas saladas que habita en estas tierras. Tienen para ello hasta que la marea vuelve a subir, y entonces más les valdrá acordarse de donde estaba la salida o acabaran atrapados entre el hielo y las gélidas aguas.

En medio del Merskroa, rodeado de una permanente nube de vapor, se levanta el volcán Irmeoma, «El Terrible», santuario del Wukran. El Irmeoma está siempre furioso y periódicamente escupe rocas que parten el hielo a kilómetros de distancia. Los hielos en torno al Irmeoma están repletos de laberintos ahí donde los ardientes gases del volcán han ido derritiéndolo todo a su paso, formando estrechas grutas por las que un timil puede arrastrarse y trepar. Estos laberintos son territorio del Wukran y están poblados con horribles criaturas.

El Wukran y el Irmeoma quieren derrotar a Merskroa y derretir sus nieves, pero los mil lo impiden. De hecho, los timil encuentran muy a menudo alguna horrible criatura del Wukran, matada por los osos y congelada en la intemperie.

El Irmeoma tiene una merecida fama de ser un lugar prácticamente inaccesible. Aparte de los timil, pocos son los que han llegado a verlo.

En algunas ocasiones, cuando algún shaman se ha encontrado frente a algún objeto de gran maldad pero difícil de destruir, ha enviado a aguerridos aventureros al Irmeoma, para que lo escondan en los laberintos de hielo. Devolviendo así al Wukran lo que es del Wukran y alejándolo del mundo de la luz y del verde. Es por ello que cuentan que los laberintos del Irmeoma están repletos de malvados artefactos de gran maldad.

Algunas personas ambiciosas han intentado llegar al Irmeoma para conseguir rescatar alguno de estos objetos, pero para ello deberán engañar a los desconfiados timil. Sin la ayuda de los timil, es imposible alcanzar Irmeoma sin morir de hambre ni ser devorados por los osos o los lobos. Y los timil nunca ayudarán a alguien que busque recuperar algún objeto maligno.

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