Pangea – Puente Largo

Entrada a Puente largo

Puente Largo es el nombre de un pequeño grakin en la región occidental de Pangea. Está poblado principalmente por mendwan, aunque todas las razas son bienvenidas, unas más que otras, o al menos toleradas. Situado en una región pedregosa y semiárida en la que el alimento escasea, Puente Largo es una comunidad consagrada a la pesca y el comercio, que son la auténtica fuente de su riqueza. Está situado en un vado sobre un caudaloso río que nace en las Montañas Negras y desemboca en la costa de poniente, en un segmento de aguas mansas y profundas teñidas de un intenso color turquesa. Y es precisamente al río a lo que el pueblo debe su prosperidad, puesto no que solo provee de alimento, sino que los líderes del grakin cobran peaje a todo aquél que pretenda atravesar el río por este lugar.

El grakin comenzó siendo una pequeña choza para cazadores en la orilla sur. Los animales usaban este lugar como abrevadero, y los Lanzas rojas, una tribu de hombres de las llanuras, pronto descubrieron que se debía a que las aguas parecen tener un cierto efecto nutritivo. En efecto, beber el agua acalla el rugir del estómago y calma el hambre (evidentemente, no se puede sobrevivir indefinidamente solo bebiendo agua, pero algo alimenta). Esto se debe a la presencia de una planta subacuática que abunda en este tramo del río, cuyo nutritivo “polen” se diluye en el agua y que también es el agente responsable de tintarla de su llamativo tono turquesa.

La choza de cazadores dio paso a un pequeño asentamiento cuando los Lanzas rojas decidieron trasladar a este lugar su poblado. Tiempo después, un grupo de hombres de rubias cabelleras, esta vez llegados desde el lejano norte, se instaló justo en la orilla contraria; se trataba de la tribu aisdwan conocida como Gatos de nieve, la cual había emigrado hacia el sur cuando una plaga mató a la mayor parte de rebaños de su territorio. Al principio las relaciones entre ambos grupos fueron bastante tensas, pero pronto vieron que el río era capaz proveerles a todos de alimento, y ambas tribus sellaron una alianza, fruto de la cual levantaron el puente que hoy une ambas orillas.

Fue durante las guerras Raciales cuando el campamento se consolidó definitivamente. Dividido en dos mitades separadas por un paso fácilmente defendible, el poblado nunca cayó totalmente en manos enemigas. Cuando eran atacados por un lado, ancianos, niños y mujeres preñadas cruzaban el río con cuantos bienes pudieran acarrear. En el peor de los casos, si los atacantes lograban saltar la empalizada era solo la mitad del asentamiento el que resultaba quemado. Si el enemigo trataba de cruzar el puente eran blanco fácil para las lanzas y dardos de los defensores. Solo una vez el enemigo logró reunir una fuerza tan numerosa y coordinada como para asaltar ambas orillas a la vez, e incluso en esa ocasión el asentamiento resistió gracias a la oportuna llegada de los Comefuego, otra tribu de hombres de las llanuras que tiempo atrás había sido expulsada de sus tierras por los ogros.

Estas victorias hicieron que otros que se habían visto obligados a huir de sus tierras ante el avance de los saqueadores terminaran por convergir en este lugar, pasando a engrosar la población local y transformando la comunidad en un auténtico grakin.

En la actualidad, el asentamiento está formado por dos campamentos, ambos rodeados por sendas empalizadas de madera de muchas varas de alto. En cada una de las dos orillas viven alrededor de una mano de manos de manos de adultos, más incontables niños y algunos ancianos. La gran mayoría de ellos son mendwan, aisdwan o una mezcla de ambos. En general, en la parte norte del grakin predominan el pelo rubio y los ojos claros, mientras que la gente de la orilla sur tiende a tener el pelo oscuro y rizado así como la tez morena. Además, un pequeño número de comerciantes de otras razas también pernocta aquí de forma más o menos intermitente, ya que el puente sobre el río es un paso crucial en la ruta que une las Montañas del Hielo con las Tierras de los Akari, y hay que caminar muchas jornadas si se quiere evitar pasar por aquí.

El puente en sí consiste en una endeble estructura de cuerda y madera malamente apuntalada sobre la corriente. Hombres armados vigilan día y noche que nadie lo atraviese sin el permiso del jefe de la respectiva orilla (ver más abajo), el cual se obtiene mediante la entrega de un canto de río con un intrincado dibujo azul y verde (los colores identificativos del grakin). Solo existen ocho de estas piedras, cada una con un diseño distinto para evitar posibles engaños y falsificaciones. Quienes pretendan cruzar el puente deben entregar la piedra a los centinelas y, cada noche, éstos se las devuelven a su jefe. El peaje puede ser pagado tanto en bienes como con servicios al grakin. Por supuesto, los habitantes del grakin pueden atravesar libremente el puente cuando les venga en gana.

Artesania de Puente largo

Puente Largo es regido por un trío de ancianos que adopta todas sus decisiones por mayoría. Cada uno de ellos representa a una de las tres tribus que fundaron el grakin: los Lanzas rojas, los Gatos de nieve y los Comefuego. Los ancianos solo se reúnen cuando es necesario, pero en el día a día las decisiones son tomadas por dos personas: el jefe de la orilla norte y el jefe de la orilla sur. Estos dos jefes tienen potestad para tomar decisiones ejecutivas, al menos hasta que los ancianos se reúnan y decidan sobre el asunto. Los jefes sirven como líderes de sus respectivas comunidades y como adalides en tiempo de guerra. Sus decisiones pueden ser impugnadas ante los ancianos. En caso de conflicto entre ambos jefe, prevalece la decisión de aquél en cuya orilla se encuentren en cada momento, al menos hasta que se reúnan los ancianos. Los jefes son los únicos que pueden entregar las piedras pintadas que sirven a modo de salvoconducto para atravesar el río.

El jefe de la orilla norte es un hombre llamado Orresh, un aisdwan de gran estatura y musculoso pecho, con el pelo y la rubia barba recogidas en elaboradas trenzas. Porta una larga lanza cuya punta está tallada de un llamativo bloque de hielo azul (ver Ver). Se sabe que la lanza es un fetiche que, antes de la creación del grakin, era portada por cada jefe de la tribu de los Gatos de nieve. Orresh está casado y también posee una concubina o segunda esposa, adquirida a un mercader de esclavos. De ambas mujeres tiene seis hijos, uno de ellos recién nacido. Es un hombre que trata de ser justo y ecuánime con todos, pero que tiene un pequeño vicio: le gustan demasiado las apuestas. Orresh es incapaz de resistirse a apostar con cualquier excusa: a ver quién acierta un blanco con una piedra, qué pájaro levanta antes el vuelo, a ver si llueve antes del siguiente amanecer, etc.

El jefe de la orilla sur es una mujer menuda y delgada llamada Hagata, una mujer de las llanuras de piel color aceituna sin un solo gramo de grasa en el cuerpo. Su espalda está surcada por la visible cicatriz de un zarpazo. Cazadora infatigable, Hagata perdió a su marido en el ataque de un tigre dientes de sable que les sorprendió mientras cabalgaba a su hombre durante un descanso de una cacería. Herida, ella logró huir y ponerse a salvo, pero su hombre no. Desde entonces lucha con tal rabia que se ha ganado el sobrenombre de “tejona”. Su salvaje forma de luchar con los dos cuchillos de sílex que lleva a la cintura ha hecho morder el polvo a más de un ogro que pretendía intimidar a la pequeña mujer. Varios son los hombres que la han rondado, pero hasta el momento los ha rechazado a todos.

Otra figura importante es Menes, chamán y curandero del grakin. Se trata de un hombre de edad madura, con el rostro y parte del cuerpo y el rostro cubierto de cicatrices de quemaduras. Heredero de las tradiciones místicas de los Comefuego (su padre era el chamán de dicha tribu), la mayor parte de sus prácticas se centran en la adoración y la ofrenda de sacrificios a los insaciables espíritus del fuego. Tiene un pequeño grupo de dos o tres manos de seguidores que se hacen llamar los “bailarines de las llamas”, los cuales participan en el culto. Los rituales habituales incluyen danzas en torno a la hoguera, escarificación por fuego, sacrificio de animales que son quemados vivos, éxtasis adivinatorios contemplando las llamas, etc. Exceptuando a sus seguidores, el resto de los habitantes del grakin piensa que Menes es un tipo siniestro que cauteriza las heridas aplicando piedras ardientes con tal entusiasmo que raya el frenesí, así que le evitan siempre que pueden. A Menes le gusta que la gente le tema, especialmente los niños; su truco favorito consiste en impresionar a los más asustadizos escupiendo llamas (lo hace usando un alcohol que destila él mismo, igual que los actuales tragafuegos).

Con la excepción del puñado de Menes y los suyos, la mayoría de los habitantes del grakin prefiere reverenciar al espíritu del río, casi siempre mucho más pacífico y sosegado. Éste les provee de alimento y protege de sus enemigos. A cambio, los habitantes de Puente Largo nunca orinan en el agua, piden perdón al espíritu antes de entrar en el agua, le imploran para que aleje a los cocodrilos de los alrededores, le dan las gracias tras una buena jornada de pesca, le ofrecen ocasionalmente unas gotas de su sangre para aplacarle, etc.

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