Número: 76.     4ª época.     Año XIX     ISSN: 1989-6289

76 > Aventuras > Rol Negro > El lote número 13 (RN). Por: Roberta Alias

 

El lote número 13.

La mañana del 24 de Mayo de 2010, Carol Ficher, empleada de Pablo Carrelero de "Carrelero e Hijo", una afamada casa de subastas de la ciudad de Cunia, se dispone a abrir el negocio. Había llegado un poco antes de lo habitual, pero, por la tarde, tenían una sesión muy importante y aún quedaban cosas que hacer. Era una de esas ocasiones en la que la Casa reunía a un selecto grupo de invitados en una subasta privada. Muchos preferían estas veladas, la ausencia de subasteros profesionales les daba cierta tranquilidad y la privacidad les permitía satisfacer sus caprichos personales ajenos a la publicidad de una subasta pública.

Además, era una ocasión importante pues la crisis económica también había alcanzado a los Carrelero y esperaban de sus invitados, lo más granado de Cunia, algunas importantes aportaciones que les permitieran mantenerse a flote. En total iban a exponer 12 piezas únicas procedentes de Alejandría: un escarabajo tallado en jade, varias figurillas ushebti de lapislázuli y otras reliquias documentadas de la tumba de Amenhotep III (noveno faraón de la dinastía XVIII). Todas las obras pertenecen a un coleccionista privado de la ciudad de Alejandría y era la primera vez que se exhibían fuera de Egipto. De hecho, las autoridades egipcias habían intentado evitar la subasta y eso había generado algún coste adicional.

Pero al traspasar el umbral del negocio, las preocupaciones económicas de Carol se desvanecerían de su mente como lluvia caída sobre el mar. Tras desconectar la alarma nocturna y acceder a la sala de exposición, descubre el cadáver de su jefe sobre el frío y pulido suelo de mármol. Lo primero que piensa es que les han robado, pero al revisar la sala descubre los 12 lotes que van a formar parte de la subasta. Están allí, en sus urnas, y nadie parece haberlos tocado. Hay una decimotercera mesa, con la urna abierta y lo que contuviera ha desaparecido.

Aquello parecía un caso para la Agencia Holmes...

Los personajes

A pesar de la última frase de la introducción de la aventura, la verdad es que puedes jugarla con cualquier grupo de detectives. De hecho, para la trama es incluso recomendable que la Agencia Holmes, tan famosa por descubrir siempre a los culpables, no se meta por medio. También puedes hacer que los personajes sean miembros de la policía de Cunia o, si quieres, subalternos de alguna de las personalidades invitadas a la subasta de la tarde.

La aventura a la que vas a enfrentar a tus personajes, es una aventura de investigación, donde los hábiles interrogatorios pueden ser más importantes que unos buenos puños y donde tus personajes tendrán la tentación de reunir a todos los sospechosos al final y explicar los acontecimientos emulando a los grandes detectives de la literatura (tampoco es imprescindible que lo hagan así). Si vas a crear los personajes para esta partida, sugiere a tus jugadores personajes carismáticos, con manías de genios. Aunque la película no tiene nada que ver con la trama, sugiéreles "Un cadáver a los postres" (Murder by Death en inglés) como muestra de detectives variopintos. La partida también exigirá al DJ una buena dosis de interpretación. Las reacciones y los sentimientos de los personajes son importantes.

Los personajes, si son detectives privados, serán enviados por la agencia de seguros (es el procedimiento habitual en estos casos); si son policías, serán enviados por su jefe en el departamento; y si son subalternos, será Don Víctor (uno de los invitados) el interesado en descubrir quién le ha fastidiado las doce compras que pensaba hacer.

Como atractivo para la lectura de esta aventura y siguiendo el ejemplo del libro básico, no desvelaremos al asesino hasta el momento final, aunque seguro que lo descubres antes...

La sala de subastas

Nadie, aparentemente, ha tocado la sala de subastas y está como la encontraron. La policía la ha acordonado enseguida y a excepción de Carol, nadie ha entrado en ella. Cuando lleguen los personajes, habrá un par de policías custodiando la zona, pero no estarán llevando a cabo ninguna investigación, sólo impidiendo pasar a la gente. Ya les habrán informado de su llegada (aunque sea Don Víctor el que les envía) y no pondrán ninguna pega a que pasen a la sala.

El suelo, como ya hemos dicho, es de mármol. Todas las paredes están decoradas con frescos de bastante buen gusto que recuerdan mucho a algunos artistas del siglo XIX (el hijo del fallecido o una buen TA de Conocimiento o de Habilidades artísticas les dirá que sí, que son del siglo XIX y que son ejemplos auténticos de algunos artistas poco conocidos de ese siglo: paisajistas imitando a Turner, impresionistas imitando a Manetingleses, o preconstructivitas como Cézanne). Los pilares, de hierro forjado, están decorados con dinteles de pan de oro y el techo es de largas vigas de roble. En la pared del fondo, delante de un paisaje de un atardecer británico salpicado por colores casi imposibles, hay trece mesas con un fino tapete de hilo egipcio, sobre las que descansan 12 urnas cerradas conteniendo un objeto y una tercera, en el extremo derecho, vacía. Delante de las urnas hay un púlpito donde es fácil adivinar que se coloca el subastador. Y frente a él, 24 sillas colocadas en dos grupos de 3 sillas en 4 filas, dejando un amplio pasillo en el centro. Es evidente que la sala puede acoger a muchas más personas, la escasez de sillas indica que el acto era bastante privado. Cada silla, sobre el asiento, tiene un pequeño libro con imágenes de las piezas expuestas y algunas referencias históricas (el catálogo de la subasta).

Entre el púlpito y las mesas de los objetos está el cuerpo de Pablo Carrelero, dueño de la casa de subastas. A primera vista (TA Descubrir), no parece haber sufrido ningún tipo de violencia, pero una investigación más minuciosa (TA Medicina) revelará que tiene marcas de asfixia (petequias - manchas de sangre - en los ojos).

La sala de subastas tiene un sistema de seguridad bastante sofisticado. Todas las ventanas y puertas están conectadas a una red de sensores que si se abren, hacen saltar la alarma. Además, en todas las habitaciones hay un sistema de detección de presión. La pisada de una persona haría saltar la alarma igualmente. Además, una cámara de seguridad vigila la puerta de la sala. Si revisan las cámaras, verán entrar al padre en la sala (sobre las 16:00 horas), más tarde a Carol que entra y sale poco después (de 16:30 a 17:30) y posteriormente al hijo (18:30) que también se va enseguida (19:00). Más tarde, a las 20:00 hay un apagón de la alarma (como si alguien la hubiera desconectado) y esta se activa a las 20:15. No se ve movimiento hasta la mañana cuando Carol entra en la sala y descubre el cadáver.

Nota sobre el apagón: si hablan con el hijo, les dirá que es posible que el apagón lo provocara su padre. Él no se manejaba bien con la alarma y si tenía que abrir la cámara de seguridad, la desconectaba entera y luego la volvía a conectar. Para él era más fácil así. Ningún empleado corroborará las dificultades del padre con la alarma.

Los objetos

No los han robado y no tienen relación con el crimen, pero seguro que a los personajes les interesará saber qué se iba a subastar (nota PS=precio de salida):

El objeto número 13 es desconocido y el hijo no sabe cuál es. Los catálogos no lo incluyen, pero no es raro. Los catálogos se encargan con semanas de antelación y si a última hora llega una pieza nueva, se puede incluir en la subasta y no aparecer en el catálogo.

Los invitados a la subasta

Tarde o temprano, los personajes se preguntarán quién estaba invitado a la subasta. Poca gente sabía la celebración de ese acto y sabía, por tanto, que el fallecido estaría en la sala de subastas, los invitados están en ese reducido grupo. Carol les facilitará una lista:

Como verás, los invitados eran gente de bastante postín y casi todos ellos hubieran venido acompañados de guardaespaldas y algún asesor que no aparece en la lista. Lo que debe quedar claro a los personajes es que ese es un río en el que es preferible no pescar, pero, no les impidas hacerlo. Puede ser muy interesante que intenten conseguir una cita con el presidente de Cunia para interrogarle como sospechoso de asesinato.

Los trabajadores de la subasta

El personal de la casa de subastas es un objetivo más asequible:

Nota sobre los empleados y la alarma: el padre y el hijo, así como Carol, Marta y Durán sabían manejar la alarma. Sin embargo, Durán les dirá que no sabe la clave. Siempre que había una subasta se la daban y siempre era diferente. Cómo no empezaba a trabajar hasta ese día (el de la muerte) aún no se la habían dado.

Las pesquisas policiales

La policía, si no son los personajes, determinará que no hay nada raro en la escena del crimen. Todo parece indicar que se trató de un accidente mientras el fallecido trabajaba. El apagón de la alarma lo atribuyen a la versión aportada por el hijo que es bastante creíble. Las nuevas tecnologías y la gente mayor nunca se han llevado bien.

El forense determinará, dos días después del incidente, que la víctima murió de un infarto al corazón alrededor de las 20:00 horas que le provocó una parada cardiorrespiratoria. Su dictamen es que el fallecimiento es debido a causas naturales.

Si los personajes preguntan por las manchas petequiales de los ojos, el forense les explicará que en un infarto se puede producir un momento de asfixia que origine esas manchas. Si piden ver el cuerpo, les comentará que ya lo ha enviado a la funeraria.

Funeraria y entierro

Al no haber una investigación oficial, el oficio fúnebre se celebrará pocas horas después del fallecimiento. Es decir, la mañana del 25 de mayo. Si los personajes llegan antes, podrán asistir al velatorio y podrán ver el cuerpo del difunto tras una mampara de cristal. Tendrán que superar muchas TA de Dialéctica para que la familia y el de la funeraria les permita entrar a curiosear en el cuerpo.

Si hablan con el de la funeraria de forma oficial y le preguntan si algo le ha parecido extraño en el cuerpo, les comentará que él no ha visto el cuerpo. Es raro, pero no es la primera vez que pasa, que la familia envía el cuerpo al tanatorio completamente vestido y maquillado. Algunas familias, sobre todo si tienen dinero, prefieren dejar esto en manos de maquilladores profesionales y no de los del tanatorio. Al de la funeraria le da igual porque cobra lo mismo, tenga que maquillar o no.

Si consiguieran ver el cuerpo antes del entierro (un soborno podría ayudar), descubrirían debajo del maquillaje las indudables marchas de un estrangulamiento con una soga o similar.

En el funeral estarán todos los empleados de la casa de subastas, todos ellos de riguroso luto y mostrando caras serias. Marta irá acompañada por su padre y Leopoldo por su mujer. También estará la persona que cuida de la casa de los Carrelero, el forense del caso, así como dos personas desconocidas para los personajes que se mantendrán a parte del reducido grupo. A pesar de la escasa asistencia, la tumba estará repleta de coronas de flores y muchos de los invitados a la subasta habrán enviado su muestra de respeto.

Tras el funeral

Los personajes, si siguen sospechando que ha sido un crimen, pueden dividirse (y lo harán) para seguir a todos los protagonistas de la historia. Este es un resumen de lo que descubrirán.

Nota: si investigan las cuentas corrientes del forense descubrirán que tiene algunos ingresos sospechosos. Si investigan el pasado del forense, descubrirán que no es de Cunia y que no es posible que compartiera colegio con el hijo del muerto. De hecho, no tienen la misma edad.

En el Loro Azul

Uno de nuestros protagonistas volverá al Loro Azul mediada la tarde, pero su actitud dependerá de las acciones de los personajes. Si éstos entran en el bar y se dejan ver (los de la puerta los califican como "polis"), la alarma sonará en el local (en realidad son unos carteles de publicidad de bebidas que sólo se encienden cuando el interior del local no es seguro) y la gente se dedicará a hacer cosas inocentes. Alfonso Carrelero estará en el local, en una mesa solo, pero mucha gente estará en la barra con una bebida recién puesta. Si entran en el local con un buen disfraz (TA correspondiente) podrán ver una escena diferente (por lo pronto más oscura al estar los carteles apagados). Alfonso y una segunda persona están sentados en una de las mesas del fondo del local, una especie de semi-reservado. Una TA de Bajos Fondos les permitirá descubrir que la tercera persona es Sergio Senante (uno de los capos de la mafia de Rafael González y responsable de la organización económica de la misma). Será imposible escuchar lo que están hablando. Si lo intentan, los hombres de Rafael, que son la seguridad del local y están en todas partes, lo descubrirán y, probablemente, les inviten a un crucero por el río, por el fondo del río.

El crimen

Pablo Carrelero era consciente de la mala situación económica que atravesaban y siguiendo las insistentes sugerencias de Carol iba a poner a la venta el diamante de la familia. Aunque el diamante no estaba en el catálogo de la subasta, los visitantes habían sido avisados de su presencia.

¿Por qué Carol no informa a los personajes o a la policía del contenido del lote 13? Sencillo. Para Carol es evidente que el diamante ha sido robado por alguna de las personas que sabía que iba a estar allí. De todos los trabajadores sólo el padre y ella lo sabían (habían tomado la decisión esa misma tarde) y ella, desde casa, tras abandonar y convencer al padre, se había encargado de avisar a los asistentes. Sus sospechas recaen en uno de los asistentes y no es tonta, si les señala con el dedo, su vida laboral estará acabada.

Lo que Carol no sabe es que hay una persona más que supo lo del diamante. Se trata de Alfonso, el hijo. Su padre le pide que vaya a buscar el diamante y lo lleve a la sala. Alfonso le dice que debe hacer un recado previo y que luego volverá (en una media hora) y lo hará. Lo que nadie sabe (ni Carol ni el padre) es que el diamante ya no está en posesión de la familia. Alfonso lo ha dado como aval de unas deudas de juego contraídas en el Loro Azul. El diamante está en poder de Rafael González. Va al bar la tarde del 24 para pedir que le devuelvan el diamante para la subasta y asegura que pagará la deuda con el dinero que saque de él, pero Rafael González se niega. El diamante es un valor seguro y ponerlo en la subasta es un riesgo inaceptable. El mafioso cuinés no le deja muchas opciones.

Al final, Alfonso cede a la presión de Rafael (a sus amenazas) y va a la casa de subastas acompañado de dos guardaespaldas (de Rafael). La idea es enfrentarse a su padre y explicarle que no tiene el diamante y que está en poder de las personas que le acompañan. Espera que su padre pueda darle el dinero que debe y así recuperar el diamante. Sabe que su decisión provocará que su padre se disguste, posiblemente le eche de casa y lo desherede, pero así se acabará todo y, de alguna forma, eso le alivia. Sin embargo, Rafael tiene otros planes, cuando el hijo desconecta la alarma y los tres entran en la sala de subastas, sus acompañantes, sin mediar palabra, atacan al padre y lo estrangulan ante la atónita mirada de su hijo. Tardan muy pocos minutos en ello y le explican muy clara la situación a Alfonso: tú has apagado la alarma, tus huellas están por toda la habitación y tú tenías motivos para matar a tu padre ya que descubrió que no tenías el diamante y te iba a denunciar. El miedo y horror de lo que acaba de ver y provocar le hacen asentir a todo. Rafael González se quiere quedar con el negocio de los Carrelero (de hecho, muchas de las dificultades recientes son culpa de la organización de este mafioso). A cambio de darle una coartada para el momento del crimen y de asegurar que no habrá problemas con la policía, le comprará el local a buen precio, suficiente para que Alfonso desaparezca para toda la vida.

El forense determina que la muerte es natural porque el forense está en la nómina de Rafael González y éste le suelta bastante dinero cuando hace apaños como ese. En el funeral, el forense y los asesinos están presentes no para presentar sus respetos al difunto, sino para recordarle al hijo que no haga ninguna tontería. En el funeral comunica a todos que ha decidido vender la casa de subastas y hacer un largo viaje. No todos se toman esa noticia de igual manera.

En la segunda visita al Loro Azul, lo que está haciendo Alfonso es vender la casa de subastas a Rafael González y comprobar que una cuenta en las Islas Caimán ha sido puesta a su nombre.

Nota de la autora: tras releer la aventura, antes de mandársela al redactor, me he dado cuenta que es posible que sea uno de los casos más complicados que he escrito. Hay muchas pistas falsas (la colección egipcia, los invitados especiales a la subasta, la sospechosa Carol) y eso puede hacer que los jugadores se pierdan. Creo que a mis jugadores les ayudé un poco exagerando la reacción poco emotiva de Alfonso. Hice que su miedo fuera más evidente, por encima de la tristeza propia del momento.