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sábado, 15 de agosto de 2020


 

Anne Margrethe Bang

La Segunda Guerra Mundial no tiene mucha presencia femenina. Los historiadores suelen fijarse en las batallas, los dirigentes y demás protagonistas bélicos y, en ese campo, hay pocas mujeres. Sin embargo, la participación femenina en la Segunda Guerra Mundial es muy amplia y, aunque no muchas fuentes lo reconocerán, fue importante para los avances sociales que años después se conseguirían. Queremos romper un poco esta tendencia masculina trayendo a nuestro sótano el ejemplo de una mujer noruega, de nombre Anne Margrethe Bang.

Anne de joven

Anne nació en Trondheim entre 1913 y 1914, las fuentes no se ponen de acuerdo. Para quién no haya oído hablar nunca de esta ciudad, diremos que no es muy grande, que alternan los días y las noches con meses de duración y que casi siempre es invierno. Es un lugar ideal si te gusta esquiar, pero no tanto si eres de los de sol y playa. Su padre era médico y sirvió como voluntario en la Primera Guerra Mundial. Estaba convencido que tanto Alemania como Rusia acabarían atacando a Noruega si no se les detenía antes. Eso no ocurrió nunca, pero la experiencia médica del padre marcaría la infancia de Anne quien a los once años ya asistía a su padre como ayudante (en tareas sencillas como desinfectar el instrumental). Sin embargo, no se decantó por una profesión médica sino que tras acabar los estudios primarios, entró en una escuela de comercio y acabó trabajando en un banco de Trondheim.

En 1940, los alemanes invadieron Noruega y el país se vio involucrado en la Segunda Guerra Mundial. Anne estaba en una residencia de montaña de Kongsvoll recuperándose de una bronquitis cuando se enteró de la invasión, se calzó sus esquíes y combinando una serie de transportes, llegó a la ciudad de Trondheim a tiempo para evacuar y poner a salvo a su madre. Después intentó volver a la ciudad, pero se encontró a un grupo de pilotos noruegos que habían sido evacuados de Vaernes. Por ellos se enteró que algunas unidades del ejército noruego se estaban dirigiendo a Hegra, pero que andaban escasos de suministros médicos. Sin pensárselo, Anne recogió cuanto suministro médico encontró y se dirigió a Hegra. Anne ayudó como enfermera a varios civiles antes de la batalla y cuando los alemanes llegaron a Hegra, se infiltró en la fortaleza esquivando sus patrullas a través del terreno nevado.

Una de las batallas más famosas de la campaña de Noruega fue la defensa de la fortaleza de Hegra. En ella, unos pocos noruegos retuvieron a fuerzas alemanas mucho más numerosas durante 25 días. En todos estos días, Anne compartió las dificultades con los defensores. Hay informes alemanes que dicen haberla observado en las murallas de la fortaleza, vestida con uniforme noruego y con su larga melena ondeando al viento. En aquellos días la llamaron la Juana de Arco de los defensores de Hegra. Algunas fuentes la señalan como la "única mujer soldado de la Segunda Guerra Mundial", pero es una afirmación bastante inexacta. Hubo más mujeres soldado (en la Unión Soviética, por ejemplo) y, además, su papel fue más médico que bélico dentro de la fortaleza. Es cierto que no tenía estudios de medicina, pero se vio obligada a poner en práctica todo lo que había aprendido de su padre realizando algunos tratamientos. Debido al frío y a las malas condiciones, tras la batalla tuvieron que amputarle algunos dedos de los pies.

Tras la capitulación de la fortaleza de Hegra el 5 de mayo, Anne fue capturada por los alemanes y aunque se dice que la trataron bien (no la violaron ni nada parecido), acabó en un campo de trabajos forzados. Sus compañeros de Hegra capturados eran obligados a trabajar reparando los puentes que los propios noruegos habían destruido durante los combates. Ella no trabajaba, pero consiguió, en el campo, contactar con los representantes de la Cruz Roja y consiguió que los prisioneros recibieran tratamiento médico. Muchos de ellos ya empezaban a mostrar signos de tuberculosis.

Tras el final de la campaña de Noruega, muchos soldados noruegos fueron liberados de los campos y enviados a sus casas. Para el ejército alemán, mantener los campos, una vez acabado los trabajos de reconstrucción, no tenía mucho sentido. Anne fue liberada, algunas fuentes muy exaltadas dicen que lo fue en reconocimiento a su labor en la batalla de Hegra; tampoco hemos encontrado nada que diga lo contrario. Tras su liberación, Anne empezó a trabajar en la resistencia noruega intercalando sus actividades con su formación médica en el hospital de Trondheim. La Gestapo la detuvo en una ocasión en 1940, pero no pudo probar su pertenencia a la resistencia y la liberó y, más tarde, se vio obligada a irse de la ciudad poco antes de que la detuvieran; curiosamente, el aviso de su detención lo recibió de un miembro nazi de la ciudad.

Sus actividades como miembro de la resistencia fueron muchas y fue conocida como Lotten fra Hegra (que si mi noruego no está muy oxidado significa algo así como "fortaleza de Hegra"). Por su participación en la defensa de Noruega durante y tras la invasión recibió varios reconocimientos y medalla, noruegas y de otras naciones. Sin embargo, la que más nos ha llamado la atención es que fue la persona elegida para recibir al rey noruego cuando visitó Trondheim tras la guerra. Fue una visita para reconocer a la ciudad su importante papel en la guerra.

Tras la guerra, Anne se dedicó a diversas causas humanitarias. A ayudar a los niños ciegos, a los inválidos de guerra y a los buzos heridos en los trabajos petrolíferos del mar del Norte. Sin embargo, siempre fue un poco crítica con la guerra y con la preparación del ejército noruego actual. Ella creía que el gobierno no estaba bien preparado para defender el país y sus recursos y que la gente no contaba con suficiente información sobre lo que era una guerra. Sin embargo, siempre mantuvo una estrecha relación con el museo de la fortaleza de Hegra y participó en muchos de sus actos.

Anne en un acto de la fortaleza de Hegra en el 2001, fotografía de Ivar Vaernesbraden publicada en http://www.bladet.no/

El 6 de Octubre de 2011, Anne Margrethe Bang murió en su residencia de Baerum. No fue la única soldado de la Segunda Guerra Mundial, pero sí una de ellas.

 

 

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Cita

«En la guerra no hay premio para el corredor adelantado.»

General Bradley