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viernes, 14 de agosto de 2020


 

Rodolfo Graziani, el carnicero italiano

Rodolfo Graziani

Rodolfo Graziani es un conocido personaje que levanta algunas pasiones favorables y desfavorables por sus actuaciones antes y durante la Segunda Guerra Mundial. Nació en Filettino (Fronisone, provincia en la parte central de Italia), el 11 de agosto de 1882. Con 21 años de edad entró en el ejército con la intención de hacer de la carrera militar su profesión.

Durante la Primera Guerra Mundial destacó en sus puestos hasta el punto de ser nombrado Colonello (Coronel), el más joven del todo el Regio Esercito italiano.

Tras acabar la guerra, en 1920, Graziani es enviado a Libia como comandante de las fuerzas italianas destinadas en la colonia. Tuvo que enfrentarse a la revuelta Senussi (una facción político religiosa musulmana popular en Libia y Sudán). Se enfrentó a ella con bastante contundencia, construyendo campos de concentración o de trabajos forzados para los prisioneros y ahorcando o fusilando a varios de ellos, como a Omar Mukhtar, líder de la revuelta, que moriría ahorcado en 1931. En este periodo, Graziani se ganó dos sobrenombres: "El Carnicero de Fezzan" y "El Pacificador de Libia", uno por los árabes y el otro por los italianos.

En 1926, Graziani es nombrado Vicegobernador de Cirenaica (Una parte de Libia) sin dejar de ser responsable directo de la lucha contra los Senussi. En 1930 le nombrarían Gobernador de Cirenaica y se mantendría en ese puesto hasta 1934. Terminada (pacificada según los italianos) la revuelta libia, el gobierno italiano pensó que podría ser más útil en otro lugar de África y le nombró gobernador de la Somalia italiana (en aquella época, Somalia estaba dividida en la parte británica y la italiana).

Entre los años 1935 y 1936 se enfrentó a la segunda guerra de Abisinia siendo el comandante del ejército sur. La invasión de Etiopía se realizó desde dos direcciones, desde Eritrea, con un ejército bajo el mando del general De Bono (y posteriormente Badoglio) y desde la Somalia italiana, bajo el mando de Graziani. Aunque fue Badoglio quien lideró el principal esfuerzo de aquella guerra y quien finalmente entraría en Addis Abeba, la participación de Graziani en la campaña, en la batalla de Genale Doria o en la de Ogaden no pasaron desapercibidas para el gobierno quien le nombró mariscal. Además fue nombrado virrey de la parte italiana de África oriental y gobernador general de Addis Abeba.

Su relación con la población local nunca fue buena, pero el 19 de febrero de 1937 (una fecha que los etíopes recuerdan muy bien) dos habitantes de Eritrea intentaron asesinar a Graziani. Se salvó, pero desencadenó una represión sin precedentes sobre el país. Miles de personas de Addis Abeba murieron en los días posteriores al intento de asesinato, otras miles murieron tras varios juicios sumarísimos a lo largo del siguiente mes y otros miles fueron hechos prisioneros y exiliados del país. La mujer de uno de los atacantes de Graziani era una religiosa devota y eso hizo pensar a Graziani que los clérigos ortodoxos etíopes (a los que no tenía mucha simpatía por problemas previos con ellos) estaban detrás del atentado contra su persona. Sin ningún tipo de prueba real, ordenó matar a los monjes del monasterio de Debre Líbanos (en la propia Addis Abeba) y a los cientos de peregrinos que habían acudido a celebrar una festividad local. Por actos como este se ganó el sobrenombre de "El Carnicero de Etiopía".

En 1939, nombran a Graziani comandante del Estado Mayor del Ejército y vuelve a Italia. La muerte por "fuego amigo" del mariscal Italo Balbo hace que ocupe su puesto como Comandante en Jefe de las tropas en el Norte de África y Gobernador de Libia. El 8 de Agosto de 1940, Mussolini le da la orden de invadir Egipto. Graziani se mostró reacio a esa orden, pero finalmente la acató y el 9 de septiembre las tropas del 10º Ejército italiano invadían libia. Ocuparon algunas posiciones y las fortificaron como pudieron. Graziani sabía que no tenía fuerzas suficientes para derrotar a los ingleses, pero el pequeño ataque le permitía cumplir las órdenes recibidas. La operación británica Compass provocaría la destrucción del 10º Ejército y, finalmente, la sustitución de Graziani por Gariboldi al mando de las fuerzas italianas en el norte de África.

Tras dos años de inactividad, Graziani fue el único mariscal italiano que se mantuvo leal a Mussolini tras la rendición del gobierno a los Aliados. Eso permitió que le nombraran Ministro de Defensa en el gobierno de la República Social Italiana (el país ficticio que los italianos pro-Mussolini crearon en el norte de Italia tras la rendición a los Aliados, pero que en realidad estaba controlado por las tropas alemanas).

Los partisanos le capturarían al final de la guerra, pero a diferencia de Mussolini se contentaron con encerrarle en la prisión de San Vittore. Estuvo allí unos pocos días hasta que fue entregado a los Aliados. Estos, temiendo que fuera linchado y asesinado por los italianos (muchos, acusados de fascistas, murieron en los meses posteriores a la guerra a manos de sus vecinos) le trasladaron al norte de África. Allí permaneció hasta febrero de 1946 que fue devuelto a Italia, en concreto a la prisión de Procida.

Un tribunal militar le juzgaría en 1948 por colaborar con los nazis. Le encontraría culpable y le condenaría a 19 años. Nunca se le juzgó por crímenes de guerra y nunca se enfrentó ante un tribunal a los hechos que le hicieron ganarse el apodo de carnicero en Libia y en Etiopía. El gobierno etíope presionó en las Naciones Unidas para que Graziani fuera juzgado por sus crímenes de guerra (incluso pidió que se le trasladara a Etiopía), pero los británicos y los italianos, más preocupados por otros temas presionaron a Etiopía para que olvidara sus pretensiones y a cambio le prometieron ayudarla sobre su reclamación sobre Eritrea.

En 1949, poco después de la sentencia, sería puesto en libertad. Se unió al Movimiento Social Italiano (un partido neofascista) y fue nombrado Presidente Honorario del mismo en 1953.

En 1955 moriría en Roma de causas naturales.

 

 

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Cita

«Pero al final venceremos porque lo bueno y lo verdadero siempre triunfa en este mundo.»

Goebbels