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viernes, 7 de agosto de 2020


 

Matome Ugaki, el almirante kamikaze

Fotografia de Matome Ugaki antes de su último vuelo

Matome Ugaki no es uno de los oficiales japoneses de alto rango más conocido, pero, posiblemente, su final es uno de esos incomprensibles enigmas del ejército japonés para nuestra escala de valores occidentales, donde la lealtad hacia la figura del Emperador va más allá de cualquier otra consideración.

Ugaki nació en una pequeña localidad japonesa de la región de Okayama, conocida por su artesanía cerámica y sus melocotones, el 14 de Agosto de 1890. No hay muchos datos sobre su familia, pero no eran de origen militar. Sin embargo, desde pequeño, mostró muchos deseos de pertenecer al ejército de tierra. Es posible que la victoria de la flota japonesa sobre la rusa en los primeros años del siglo XX, un hecho de armas que tuvo mucha repercusión dentro y fuera de Japón, fuera lo que finalmente le llevó a ingresar en la escuela naval de Eta Jima en la que se graduó en 1912. Más tarde ingresaría en la Escuela de oficiales de la Armada japonesa de la que saldría en 1924.

Entre 1928 y 1930 sirvió como agregado naval japonés en Alemania, pero tras ser ascendido a capitán, volvió a Japón y en 1932 llegó a ser instructor de la misma escuela de oficiales en la que había estudiado él.

Dejó la escuela en 1935 para ponerse al mando de un crucero y tres años después, después de ser ascendido al grado de contralmirante, estuvo al mando de un acorazado. Poco antes del ataque japonés a Pearl Harbour, Ugaki fue transferido al Estado Mayor de la Flota Combinada convirtiéndose en ayudante de Yamamoto hasta que en abril de 1943 sobrevive al mismo ataque de P-38 (operación "Venganze") en el que muere el almirante japonés. Pocos meses después, en octubre, le ascienden a vicealmirante y le dan el mando de la 1ª división de acorazados de la flota japonesa, lo que incluía al Yamato y al Musashi. Bajo su dirección, la división de acorazados participa en la batalla de Filipinas y en la del Golfo de Leyte y son muchas las fuentes que señalan que la dirección de Ugaki puso en más de un apuro a los estadounidenses a pesar de su superioridad.

En Febrero de 1945 es retirado del mando de los acorazados y enviado a Japón para hacerse cargo de la V flota aérea. Ésta tenía su base en Kyushu y su misión era más nominal que efectiva porque aunque el ejército japonés aún era capaz de fabricar aviones (tampoco muchos), hacía tiempo que había perdido la capacidad de entrenar buenos pilotos (miles habían sido derribados en la batalla de Filipinas). Tal vez fue este exceso de material o un mal entendido deber el que le llevó a pensar en pilotos kamikazes. La primera operación de este tipo que salió de la base de Kyushu fue el ataque a un barco estadounidense anclado en Ulithi (un atolón de las islas Carolinas) en Marzo de 1945, pero sólo fue un ataque de prueba. La verdadera operación masiva fue llamada "Ten-Go" (que podríamos traducir como Cielo) en la que participaron cientos de aviones que atacaron a los barcos enemigos en las cercanías de la isla de Okinawa.

Salvo los primeros ataques kamikaze que sorprendieron a las tripulaciones de los barcos, la influencia de los ataques suicidas en el desarrollo de la guerra fue mínima. Sin embargo, independientemente del espíritu de sacrificio de los pilotos, Ugaki debía tener una capacidad de mando realmente importante si era capaz de convencer no sólo a los pilotos de hacerlo, sino al resto de la Armada japonesa de prestarle los aviones que necesitaba para ello.

En previsión de una posible invasión de la isla en la que se encontraba, Ugaki diseñó la operación Ketsu-Go (Decisiva). La idea era reunir una importante flota de aviones y barcos kamikazes y lanzarlas contra los barcos que participaran en el desembarco. Ketsu-Go nunca pasó de ser un plan. Los Aliados nunca invadieron la isla y Ugaki no consiguió reunir todo el material que deseaba.

Japón se rindió a los Aliados a principio de agosto de 1945 tras el lanzamiento de dos bombas atómicas. El Emperador emitió un comunicado instando a todos los oficiales y soldados a rendirse. Ugaki, y aquí es donde empieza su leyenda, decide desobedecer esa orden. Hace una última anotación en su diario y pide voluntarios para un último ataque en el que él mismo participaría. Tiene muchos voluntarios, pero sólo dispone de 5 aviones operativos así que todos se reparten en los aviones como buenamente pueden (2 ó 3 en cada aparato). Antes de partir, arrancado los galones de su uniforme y armado con un pequeño sable ceremonial regalo de Yamamoto cuando sirvieron juntos, se hace la que sería su última fotografía.

De los cinco aviones que despegan al anochecer del 15 de Agosto de 1945 desde Kyushu con destino a Okinawa, tres tuvieron que volver por problemas en los motores (el exceso de peso y el pobre mantenimiento, seguramente) y los otros dos fueron derribados y cayeron al agua por las defensas antiaéreas de los buques estadounidenses. A la mañana siguiente, el LST-926 encontró la cabina de uno de los aviones atacantes. Dentro había tres cuerpos y uno de ellos tenía el uniforme verde oscuro de los oficiales y sujetaba en la mano un pequeño sable ceremonial...

 

 

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Cita

«Que lo unido por la fantasía no sea roto por la realidad.»

Lema de las Talazbrágoles