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martes, 27 de octubre de 2020


 

Armada húngara

Csuka-Siofok

A semejanza de Checoslovaquia, Hungría es un país que no tiene acceso al mar y que es heredero del desmembrado imperio austro-húngaro tras la Gran Guerra. La principal diferencia con Checoslovaquia es que a Hungría se la responsabilizaba de la guerra. Por ello los vencedores la trataron como una nación derrotada y no como una nación nueva liberada de un "maligno" imperio.

Por cuestiones geográficas, la armada húngara estaba limitada sólo a barcos fluviales cuya principal misión era el Danubio que, tras la desmembración, era su única vía de acceso al mar. A consecuencia de la guerra, le permitieron quedarse sólo con 8 patrulleras (más 2 lanchas y 10 motoras) y, se suponía, que su única misión debía ser misiones de vigilancia policial en las aguas del Danubio. Estos barcos eran antiguos, restos de la desmantelada flota austriaca. El acuerdo post-bélico también permitía que Hungría aumentara su flota ligeramente, no mucho: unas pocas patrulleras más y barcos para el tendido de minas.

A finales de los años 20, en 1927 cuando la recuperación económica se lo permitió, Hungría le compró a Austria 3 patrulleras gemelas de las que ya tenía en servicio; es decir, modelos anticuados aunque tenían la ventaja de ser iguales a los que ya poseía con lo que simplificaba el mantenimiento y la instrucción de las dotaciones. Dos años después, compró, nuevamente a Austria, una patrullera de reciente construcción, pero les transfirió una de las que ya tenía. El motivo de la devolución es que con la nueva patrullera, Hungría se acercaba al límite de la capacidad permitida por los vencedores de la Primera Guerra Mundial.

El crack del 29 congeló la economía húngara e impidió que en los años siguientes pudieran plantearse mejorar o ampliar su armada. Por tanto, cuando Hungría entró en la Segunda Guerra Mundial a favor del Eje, su flota era muy reducida y muy antigua. Todos los barcos fueron puesto bajo mando alemán, concretamente, encuadrados en la flotilla del Danubio y en ella operaron hasta el final de la guerra.

Tenían dos patrulleras de 140 toneladas: la Komaron y la Sopron, de 45,5 metros de longitud; equipadas con dos motores de 1400 CV que le permitían alcanzar 18,6 nudos. Con un blindaje entre 5 y 10 mm, portaban 2 cañones de 75 mm en montaje gemelo y 6 ametralladoras. Iban 42 tripulantes. El resto de las patrulleras grandes, la Barsch, la Compo, la Kecskemet o la Szeged, eran de la clase Baja o Gyor. Un poco más pequeñas que las anteriores, 133 toneladas y 44 metros de longitud. Sus dos motores de 1200 CV le permitían alcanzar una velocidad de 17 nudos. Tenía un blindaje entre 6 y 8 mm y llevaba un montaje antiaéreo cuádruple con cañones de 66 mm, además de 4 ametralladoras. Su dotación era de 40 tripulantes. Por último, tenían una clase patrullera menor, como la Godolo, de 60 toneladas y 36 metros de longitud, 2 motores de 800 CV y una velocidad de 13,8 nudos, un blindaje de 5 mm, un cañón de 66 mm, 2 ametralladoras y 27 tripulantes.

Además de lo anterior, la armada húngara contaba con varios motoras blindadas para tender minas: Homved, Hüszar y Tuzer (todos ellos pertenecieron al imperio austro-húngaro con anterioridad), un barco de abastecimiento: Csobanc, uno de mando: Bük y uno de entrenamiento: Badacsony. Además, durante la guerra, los húngaros modificaron varios barcos civiles y los utilizaron para colocar minas en el Danubio.

La armada húngara desapareció en la guerra, la mayoría quedó en manos alemanas y, posteriormente Aliadas. Tras 1945 y la ocupación soviética del país, Hungría tuvo que reconstruir su armada fluvial desde cero.

 

 

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Cita

«La guerra está perdida.»

Speer