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viernes, 7 de agosto de 2020


 

175

Quezón Molina, Manuel Luis:

el gandhi filipino.

1878-1944

Generalmente, cuando hablamos de Filipinas, lo solemos asociar a la antigua colonia española o con el intervencionismo estadounidense. Hablamos de la defensa estadounidense de las Filipinas o de la mítica promesa de Mac Arthur sobre su regreso, vinculando Filipinas a Estados Unidos como si fueran una misma cosa. En realidad Filipinas tenía cierta independencia política y la persona que representaba esa independencia era Luis Manuel Quezón Molina.

Nació en Baler en 1878. Con 16 años de edad se graduó en la escuela de artes, pero no fue una época feliz. Su madre murió pocos meses después de su graduación y el gobierno, el gobernador español, le acusó de pertenecer al Katipunam (un grupo independentista filipino). Fue gracias a la intervención de su padre, quien, literalmente, empeñó su palabra de honor en que su hijo no pertenecía ni pertenecería a grupos revolucionarios, por lo que quedó libre y le permitió, en 1895 iniciar estudios de Derecho en la Universidad de Santo Tomás.

Un año después saltaba La Insurrección (contra España), pero Quezón se mantuvo apartado de la misma por respeto a la palabra de su padre. Un año después, 1897 volvía a la Universidad.

En 1898 los estadounidenses ocupan Manila, lo que hace que buena parte del país se subleve contra la invasión americana. De regreso a Baler, Quezón descubre que su padre y sus hermanos han muerto a manos de los rebeldes.

En 1989 comienza la lucha entre los filipinos y los estadounidenses y Quezón, a pesar de que sus sentmientos no debían estar con los revolucionarios, luchó por su país. Debido a sus estudios, le nombraron comandante y le dieron el mando de tropas en primera línea, pero contrajo la malaria y estuvo en un tris de fallecer. Acabada la guerra, derrotados los filipinos, Quezón continúa sus estudios de derecho, terminándolos en 1903.

Tras acabar la carrera, los estadounidenses le ofrecieron el puesto de fiscal en la provincia de Mindoro. Su sentimiento hacia los estadounidenses no era muy favorable, pero accedió al puesto pensando, o al menos eso afirma, que desde él podría ayudar mejor a los filipinos. A los seis meses le trasladaron a Tabayas (un destino más importante). En 1905 fue elegido consejero de la junta provincial de Tabayas y un mes después fue nombrado gobernador de la provincia de Tabayas. [Nota: Dicha provincia, en la actualidad, es conocida con el nombre de provincia Quezón].

En aquella época, las relaciones con los americanos habían mejorado. Hay quien asegura que Quezón había entrado a forma parte de la masonería, pero, en realidad, lo importante es que tenía muy buenas relaciones con los invasores y era, a la vez, un destacado miembro del partido nacionalista filipino. La diferencia entre Quezón y otros miembros más radicales de su partido es que éste veía posible obtener la independencia mediante la negociación, mientras que para los otros la revolución armada era la única salida. Ni que decir tiene que los estadounidenses veían en la moderación de Quezón una tabla de salvación en medio de los agitados ánimos filipinos.

En 1907 se celebran las primeras elecciones en Filipinas y el partido nacionalista las gana. Con este respaldo popular y con el apoyo estadounidense, el partido de Quezón, concretamente él y Sergio Osmeña (quien sería su vicepresidente), establecen un calendario para ir librando a los filipinos de la tutela estadounidense.

Entre 1909 y 1916 Quezón es nombrado Comisionado Residente en el Congreso de los Estados Unidos. Esto era una especie de congresista filipino sin derecho a voto. Podía hablar, podría negociar, pero no podría votar. Aunque dicho voto no era ni importante ni le hubiera servido de nada. Aquellos años en Estados Unidos le sirvieron para entablar contactos con los políticos que después dirigirían el país y acordar con ellos la necesidad de dar la independencia a las Filipinas.

A su vuelta en 1916 a Manila, Quezón es elegido para el senado filipino. En 1918 alcanza la presidencia de dicho senado y en 1922 es nombrado líder del Partida nacionalista. Es entonces cuando comienza un proceso de negociación con los EE.UU. para hacer efectiva la independencia filipina. Este proceso culminó en 1934 con el establecimiento de la Mancomunidad de Filipinas. Aún era un país bajo la tutela de los Estados Unidos, pero tenía una gran autonomía y, lo que era más importante, una fecha para la total independencia (1946). Al año siguiente es aprobada la constitución de la República vía plebiscito (en el que, por primera vez, participaron las mujeres) y Manuel Quezón es elegido Primer Ministro filipino. No sin la oposición de los Sakdalistas de Manila y las regiones limítrofes de Manila.

Durante su presidencia, Quezón se ocupó de solucionar el problema de los campesinos sin tierras, la reorganización de la defensa militar de la isla y el desarrollo y colonización de la isla de Mindanao. Pero su gran batalla política fue la transformación del Estado filipino (con tradiciones del siglo XIX: caciquismo, corrupción, etc.) en un estado moderno. uno de sus proyectos fue privar a Manila de su capitalidad (no olvidemos que Manila estaba bajo la influencia de la oposición sakdalista) y construir una nueva capital de la nada. Dicha ciudad se empezó a construir y hoy en día existe y se llama Ciudad Quezón, pero nunca llegó a ser la capital de Filipinas.

En 1941, volvió a ser reelegido para su cargo, pero el ataque japonés paralizó casi cualquier actuación del gobierno filipino frente a las necesidades defensivas estadounidenses. En Febrero de 1942, Quezón y parte de su gobierno, partieron para establecer un gobierno en el exilio (concretamente en Estados Unidos). Desde allí seguiría trabajando como presidente filipino por la independencia de su país, pero nunca lo vería, pues en 1944, aquejado de tuberculosis, moriría Saranac Lake, Nueva York.

Dos años después, en 1946, su país estaba libre de tropas japonesas y los Estados Unidos reconocían la completa independencia del país. Por encima de sus errores, que los tuvo, Quezón supo buscar un camino hacia la independencia de su país eludiendo el siempre fácil y tentador camino de la revolución armada. Aunque, quien sabe, posiblemente lo único que hizo fue mantener la palabra dada por su padre...

 

 

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«Sabemos muy bien que lo que de vosotros esperamos es algo sobrehumano; esperamos que seáis sobrehumanamente inhumanos.»

Himmler