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martes, 27 de octubre de 2020


 

LA ARMADA SOVIÉTICA

(1ª parte)

200

Este mes vamos a descansar un poco de la armada británica y vamos a ir dando entrada a otras naciones y a sus fuerzas navales. Volveremos a hablar de los británicos, pero antes hablaremos un poco de otros también. Para ello, este mes, los soviéticos.

La Armada soviética estaba en una situación verdaderamente ruinosa a finales de la Primera Guerra Mundial. La guerra ruso-japonesa (que perdieron), la propia guerra mundial (que tampoco ganaron), la guerra civil (donde la armada tuvo algunas pérdidas importantes; no sólo en la propia guerra sino en algunos alzamientos que tuvieron lugar después). Se puede afirmar que, dentro de las grandes potencias que participaron en la Segunda Guerra Mundial, la Unión soviética era una de la que peor estaban, desde el punto de vista naval, después de la Gran Guerra. Su posición era, incluso, peor que la de la propia Alemania. Si bien Alemania había perdido buena parte de su flota, tenía los técnicos, la experiencia y los astilleros necesarios para reconstruirla. La URSS había perdido todo aquello.

Para enfrentarse a este problema, el gobierno soviético elaboró un plan quinquenal (cinco años, de 1929 a 1934) con el objetivo de rearmar su flota naval. El plan preveía la construcción de algunos barcos de tonelaje medio, de muchos submarinos y la reforma de algunos acorazados y cruceros. Además de la provisión de fondos necesaria (sin la cual hubiera sido imposible), el plan quinquenal contó con el asesoramiento de ingenieros navales franceses (para la clase Leningrado) y la inspiración británica (gracias al reflote del submarino británico L55 en 1928). Pero el plan tenía un gran defecto y es que todas las unidades previstas, ninguna se iba a destinar al Pacífico. En 1929, Japón no parecía una amenaza, pero en 1932, se veía de otra forma. Se intentó reformar el plan para adaptarlo a las nuevas necesidades, pero, como ya se sabe, ningún plan sobrevive a la batalla y si además lo cambias a media batalla, menos todavía.

El primer plan quinquenal no fue un éxito. De los más de 30 barcos planeados, muy pocos estaban acabados y operativos al final de los cinco años. Los soviéticos, en vez de desanimarse por su mala previsión (como hubiéramos hecho los demás), volvieron a idear un nuevo plan quinquenal aún más ambicioso. Sin embargo, la doctrina cambió un poco y los soviéticos concibieron la Armada como algo que debía proteger los flancos de las unidades de tierra y, por tanto, los grandes buques de combate (como los acorazados) no eran tan necesarios, mientras que sí lo eran los barcos pequeños (patrulleras, submarinos o similares) que pudieran molestar y entorpecer las operaciones marinas enemigas cerca de la Unión Soviética. Era una doctrina puramente defensiva y fue denominada la doctrina "Mosquito". Por tanto, el segundo plan quinquenal, más ambicioso, preveía la construcción de más barcos que el primero, pero de menor tonelaje.

La experiencia adquirida con el primer plan ayudó mucho en el segundo, pero, los soviéticos contaron esta vez con la ayuda de los armadores italianos quienes prestaron su experiencia en la construcción de barcos de pequeño tonelaje [Italia había resuelto su "filosofía" naval de una forma parecida a la rusa, aunque por motivos diferentes]. El segundo plan fue un éxito relativo. Se construyeron algunos barcos, pero no tantos como se habían previsto (sobre todo los de mayor tonelaje).

El rearme europeo de finales de los años treinta y el incremento de los tonelajes y número de las flotas británica, francesa y alemana, preocupó a los dirigentes soviéticos y, nuevamente, volvieron a cambiar la filosofía de su Armada y el tercer plan quinquenal, en 1938, incluía la previsión de construcción de varios acorazados y varios cruceros de batalla. Ni que decir tiene que cuando Alemania cruzó la frontera soviética, este tercer plan no había dado los resultados deseables.

En conclusión, la Unión Soviética era un país que tenía tres zonas marítimas que proteger: el Báltico, el Mar Negro y el Pacífico norte cada una de las cuales debería haber contado con un desarrollo independiente en función de sus necesidades, pero sufrió los continuos cambios de opinión dejándoles sin una doctrina clara. Si bien la filosofía "Mosquito" podría haber valido en el Báltico y haber salvado los papeles en el Mar Negro, una filosofía de grandes flotas en el Mar Negro hubiera sido interesante en el Mar Negro (sobre todo en lo referente al control de los Dardanelos o toda la costa balcánica) y necesaria en el Pacífico (donde la existencia de una flota numerosa hubiera frenado, y mucho, el expansionismo japonés). Había un cuarto mar: el ártico, pero su importancia estratégica y sus casi 5 meses de navegación interrumpida no le concedían prioridad.

Sólo dos comentarios finales: aunque lo veremos en las siguientes entregas, los soviéticos no construyeron portaaviones. Se basa en la doctrina de que los combates navales siempre sucederían cerca de su territorio y que las bases navales en tierra darían la cobertura necesaria. La Armada soviética nunca se planteó (antes de la Segunda Guerra Mundial) la necesidad de controlar los mares para, por ejemplo, asegurar el suministro de los convoyes.

Por otro lado, el tratado de 1936 de la Conferencia Naval de Londres limitaba la cantidad de buques, armamento y tonelaje que cada nación podía poseer. Pocas naciones lo respetaron (en realidad fue un intento desesperado de frenar el rearme), pero los historiadores soviéticos muestran su respeto al tratado como una forma de mostrar el esfuerzo por la paz de su país y de explicar la baja preparación naval soviética. En realidad, los soviéticos respetaron el tratado porque éste limitaba el número de los buques de gran tonelaje, en los que no fueron muy prolíficos por propia incapacidad industrial. Además, el tratado no limitaba las flotas del Pacífico (ventana por la que países como Francia y Reino Unido colaron sus excesos navales). Si los soviéticos hubieran poseído la capacidad, su flota del Pacífico hubiera sido algo más que inexistente (2 cruceros ligeros y 11 destructores).

Nos despediremos de este primer artículo sobre los soviéticos con una relación de sus fuerzas navales en los cuatro mares en las que estaban desplegadas en el momento del ataque alemán:

  • Ártico: 8 destructores, 17 submarinos y unos 40 buques menores.
  • Báltico: 2 acorazados, 2 cruceros, 2 cruceros ligeros, 17 destructores, 65 submarinos y unos 110 buques menores.
  • Mar Negro: 1 acorazado, 5 cruceros, 3 cruceros ligeros, 11 destructores, 44 submarinos y algo más de 130 buques menores.
  • Pacífico: 2 cruceros ligeros, 11 destructores, 86 submarinos y unos 200 buques menores.

Como se puede observar, ninguna de estas flotas era rival para las Aliadas o las del Eje.

 

 

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Cita

«Un buen plan hoy es mejor que un plan perfecto la semana que viene.»

General Patton