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lunes, 26 de octubre de 2020


 

Cartillas de racionamiento

Libro de racionamiento

La Segunda Guerra Mundial fue, probablemente, la primera guerra en la que los civiles, independientemente de a cuanta distancia estuvieran del frente, podían se una de las víctimas. No sólo ya por los bombardeos aéreos, sino también por la escasez de comida. Todos los países europeos racionaron la comida e, incluso, en Estados Unidos hubo racionamientos de algunos productos esenciales (como la gasolina, el aluminio).

La manera que tenían las autoridades de controlar el racionamiento de comida era mediante los libros de racionamiento. Cada persona tenía un libro de racionamiento. El sistema de marcar dicho libro difería de un país a otro: en algunos el vendedor del establecimiento marcaba su sello en el libro, en otros lo perforaba con una máquina especial (parecida a nuestros taladradores de hojas para archivar) y en otros simplemente recortaban el cupón correspondiente a esa semana y producto.

Independientemente del sistema, tener o no tener cartilla de racionamiento es lo que marcaba la diferencia entre comer o no comer. En muchos sitios no se podía, pero los comerciantes no eran especialmente escrupulosos con ello y alguien podía ir con varias cartillas si tenía varios familiares en casa que no pudieran ir a por comida (ancianos y niños).

Parece un sistema un tanto inseguro y dado a la picaresca, pero, en realidad, no es así porque los libros de racionamiento sólo los expedía la autoridad competente (eran difíciles de falsificar) y además, como la distribución de alimentos se hacía a nivel de barrio, cualquier vecino sabía cuantas cartillas de racionamiento le correspondían a uno y otro vecino y si llevaba más de la cuenta, eran los primeros en denunciarlo. Además, los controles sobre los distribuidores eran también muy estrictos para evitar que dieran más raciones a sus vecinos, que se las quedaran ellos o las traspapelaran al mercado negro. Por ejemplo, en el sistema de cupones, el vendedor recibía tantas raciones como cupones daba, ni una más, con lo que era casi imposible (excepto que se quedara con la ración de alguien) conseguir raciones extras.

A pesar de ello, la raciones eran escasas. Como ejemplo, la ración semanal de un libro de racionamiento británico de 1940 era:

  • 3 pintas de leche (como litro y medio)
  • 4 onzas de margarina (unos 115 gramos; margarina, no mantequilla, la mantequilla era un lujo).
  • 8 onzas de azúcar (unos 225 gramos)
  • 2 onzas de té (unos 55 gramos)
  • 4 onzas de queso (unos 115 gramos)
  • 2 onzas de grasa para cocinar (unos 55 gramos; es una especie de manteca que se usa en gran Bretaña para freír, es una especie de sustituto del aceite).
  • 1 huevo (no siempre de gallina)
  • 4 onzas bacon (unos 115 gramos)
  • Carne por valor de media libra (unos 200 gramos)
  • 3 onzas de dulces (unos 85 gramos)

Estas cantidades son semanalmente (algo escasas, ¿verdad?). Sin embargo, en el caso inglés, no todos los productos estaban racionados y algunos tubérculos o verduras podían encontrarse en el mercado con relativa facilidad, siempre que se dispusiera de dinero para pagarlos, claro.

 

 

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«Por cierto, ¿su sastre le odia?»

Gigi Ciccerone