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viernes, 7 de agosto de 2020


 

Un campo de trigo puede esconder a muchos enemigos.

CAMPOS CULTIVADOS:

terreno variable

Ucrania en concreto y la parte occidental de la Unión Soviética eran en 1941 una de las zonas agrícolas más importantes de Europa (y, posiblemente del mundo). La mayoría de los cultivos eran de secano, predominando el trigo sobre otros.

Este terreno no es exclusivo de esta zona, aunque en ella sea muy abundante, sino que es posible encontrarlo en casi cualquier parte del mundo.

Los cultivos de secano, hierba para el ganado, maíz, trigo o similares, no fueron ajenos a las batallas a campo abierto que se desarrollaron durante la Segunda Guerra Mundial y presentaron unas características especiales frente al combate.

Uno de los primeros elementos a tener en cuenta es su periodicidad. Es decir, los campos cultivados no lo están de forma permanente y la situación del terreno variará enormemente de una estación del año a la siguiente. A finales de invierno y principio de primavera, los terrenos a parecerán despejados; de hecho será terreno abierto. La siembra se produce cuando se terminan los días duros de invierno y empieza a hacer calor (lo que varía de una zona del mundo a otra). A partir de ese momento, el terreno estará cubierto de plantas que irán creciendo poco a poco ganando altura según va pasando el tiempo y llegando a alturas considerables en la época final (cerca del final del verano). Llega entonces el momento de la cosecha donde se corta el cultivo y, en muchos casos, es necesario que pase por un periodo de secado al sol. En esta época es muy típico ver almiaras, pajares o simples montículos cubiertos telas impermeables salpicando los terrenos cada pocos metros. [En la actualidad y con las empacadoras automáticas, esto ha sido sustituido por paisajes llenos de balas de paja o hierba].

Según va avanzando el otoño y el invierno, estos almiares o pajares se van consumiendo (en el ganado, en hacer harina, etc.) y desapareciendo quedando el terreno, nuevamente, completamente vacío. El ciclo se vuelve a repetir año tras año.

Es posible pensar que en medio de la vorágine que supuso la Segunda Guerra Mundial, nadie tendría tiempo, ni ganas, de dedicarse al cultivo, pero, la verdad, es que las actividades agrícolas se mantuvieron, dentro de lo posible, en la normalidad.

La mayor parte de la población masculina habían sido reclutados para el ejército o para trabajar para los ocupantes, pero el peso de mantener la producción agrícola recayó sobre las mujeres y los ancianos y los niños. Ningún país (ocupante o propio) se puede permitir que la población (propia o de otros) pase hambre. Por ello se intentaba mantener las actividades agrícolas y se intentaba molestarlas lo menos posible. Aquí habría que hacer una excepción a los primeros años de la ofensiva alemana sobre Rusia y la política de tierra quemada practicada por estos últimos. Sin embargo, donde hizo falta, los alemanes repoblaron las zonas abandonadas por los rusos e intentaron recuperar la producción agrícola. En resumen, a pesar de que el frente podía estar a escasos kilómetros, no era raro ver a personas dedicadas a sus quehaceres agrícolas.

El principal aspecto de los campos cultivados es su capacidad de ocultación (no confundir con cobertura). Cuanto más tiempo tenga el cultivo más fácil es que permita ocultarse. Sin embargo, se debe tener en cuenta que la ocultación es en los dos sentidos, impide que te vean, pero no te permite ver. De hecho, si el personaje se mueve dentro del cultivo, es fácil que éste, el movimiento de los tallos, delate su posición. La siguiente tabla intenta representar las dificultades de observación en función de la altura del cultivo y la distancia.

Dif. Altura < 1 m Altura > 1 m
Fácil hasta 5 m 1 ó 2 m.
Normal hasta 10 m. hasta 5 m.
Difícil hasta 20 m. hasta 10 m.
Muy difícil hasta 30 m. hasta 15 m.
Imposible 30 + 15 +

Nota: Se entiende que el ocultado está intentando que no le vean.

Nota: Baja en un grado la dificultad para personas en movimiento y en dos (sólo si la altura llegara a cubrirlo) para vehículos en un campo de cultivo.

Otro factor a tener en cuenta en los campos cultivados es su atractivo para la colocación de minas. A diferencia de otros terrenos, un campo cultivado está roturado por el arado y eso hace que el terreno se presente removido.

Colocar una mina las hace casi indetectables porque no se distingue el terreno removido por la colocación del terreno removido por el arado. Naturalmente, esto sólo vale en la época en la que el terreno está en barbecho o cuando se ha recogido toda la siembra. No hay que caer en la paranoia de pensar que todos los campos cultivados estaban minados. Al revés, sólo aquellos que estaban en posiciones cercanas a puntos de defensa y sólo si el frente de combate estaba cerca. De cualquier forma, si los personajes entran en un pueblo que tiene todos sus campos repletos de esbeltos tallos de maíz, excepto uno al lado de los enemigos, que desconfíen.

Por último, aunque hemos dicho que los campos cultivados no ofrecen cobertura, hay un caso en el que las ondulaciones del terreno producidas por los arados puede usarse como tal. Nos referimos a los bombardeos de artillería. Los soldados en estas situaciones tendían a pegarse en las hondonadas de los surcos que, aunque no producían una protección real (no más que la de cualquier cuerpo a tierra), si ayudaban psicológicamente a enfrentarse al bombardeo. El chequeo de moral cuando se sufre un bombardeo intenso se verá bonificado con un -5.

 

 

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«Yo soy Heinrich Himmler.»

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