Comandos
 Ayudas
    Afición (53)
    Ambientación (167)
    Reglas (81)
    Equipo (175)
    Sucesos (174)
    Aventuras (114)
    Preg./Resp.
 Productos
 Enlaces
 





Licencia Creative Commons para el texto de la web (quedan excluidas de la licencia CC las ilustraciones)


viernes, 7 de agosto de 2020


 

125

ROSENBERG, Albert

Una vida en la sombra

1893-1946

La historia está llena de ejemplos de personajes que se acercan y se codean con la clase dirigente poderosa sin tener, aparentemente, ningún mérito para ello. En general, esos personajes buscan aprovecharse del momento histórico que les ha tocado vivir y las ideas que defienden o dicen defender han sido adoptadas de aquellos a los que quieren servir. Son mercenarios de la ideología. Sin embargo, de vez en cuando, uno de estos personajes secundarios sí cree en lo que dice, sí está firmemente convencido de lo que piensa, dice o hace, tanto que, incluso, asusta a los propios dirigentes a los que quiere servir. Este es el caso de Rosenberg.

Como muchos dirigentes nazis, Rosenberg no era alemán. En realidad nació en Estonia (en Reval, hoy conocida como Tallinn) cuando este país aún pertenecía a la Rusia zarista. La Primera Guerra Mundial y, sobre todo, la Revolución bolchevique cambiarían su vida.

En 1915 se casaría, sin terminar la carrera y con la oposición abierta de los padres de ella, con Hilda, pero al año siguiente, los alemanes ocupaban Estonia y la Universidad de Riga era trasladada a Moscú. Aquello le obligó a una serie de mudanzas por todo el país huyendo de los avances alemanes: San Petersburgo, Moscú, Yalta (debido a la enfermedad de su mujer). Es en uno de estos viajes, concretamente en uno de tren de vuelta a Riga, cuando Rosenberg lee "Los protocolos de los Sabios de Sión", un libro de Nilus con un elevado contenido antisemita. Para Alfred es como una especie de revelación filosófica que le abre el pensamiento al nacional socialismo.

Un año después, en 1918, vuelve a Moscú (ya bolchevique) y termina sus estudios de arquitectura. Aunque es anecdótico y, posiblemente no tiene relación con los hechos posteriores, el proyecto final de carrera presentado por Rosenberg fue la construcción de un horno crematorio. En su ausencia, Riga ha sido ocupada por los alemanes, pero él no tiene problemas para cruzar el frente y reunirse con su familia. De hecho, a su vuelta a la ciudad, se ofrece voluntariamente a los alemanes para colaborar con ellos, pero su oferta es demasiado sospechosa y es rechazada al no ser alemán.

La Rusia bolchevique no llamaba la atención de Rosenberg. De hecho, llega a decir, en una ocasión, que el 90% de los obreros rusos son comunistas y judíos. Por ello vuelve la vista hacia Alemania e intenta encontrar trabajo en los estudios de arquitectura de Berlín. Sus intentos son infructuosos (no era una buena época laboralmente hablando). Su mujer Hilda, que cada vez está más enferma, no le acompaña y se queda en Riga.

Decepcionado de la capital alemana, se traslada a Baviera. No encontrando trabajo de arquitecto, Rosenberg empieza a escribir sobre lo que mejor conoce: la vida en Rusia, aunque claro, su visión de esa vida está muy deformada por sus propias ideas políticas. Como ejemplo, basten los títulos: "La huella de los judíos a través de los tiempos", "La inmoralidad del Talmud", "El delito de los Francmasones" o "Peste en Rusia". Muchos de los libros, aunque sólo fuera por el título, no tendrían éxito en una sociedad como la actual, pero en el periodo de 1920-1925 sí tienen cierta salida y Rosenberg alcanza cierta posición en determinados círculos de Baviera.

En 1923 conoce a Hedwig, con la que se casa en segundas nupcias en 1935, divorciándose primero de Hilda que moriría poco después de tuberculosis. Son señalables dos cuestiones en este acontecimiento aparentemente trivial: la primera es que Rosenberg muestra una completa insensibilidad a la que fue su mujer divorciándose de ella cuando era claro que le quedan pocos meses de vida; la segunda, más importante y que influyó en la primera, es que casándose con una alemana, Rosenberg se convertía en alemán por matrimonio y esperaba que eso le abriera algunas puertas..

No queda muy claro, hay varias versiones, el momento exacto en el que Rosenberg entra en contacto con los que, más tarde, formarían la cúpula política del partido nazi. Algunos dicen 1920 y otros lo retrasan hasta 1925, pero el caso es que, estando en Baviera, publicando libros antisemitas y anticomunistas y con un espíritu filogermano reconocible, el contacto con Hitler era sólo cuestión de tiempo.

Durante la década de los años 20, Rosenberg dedica parte de su esfuerzo como escritor a la obra cúlmen de su carrera: "El mito del Siglo XX" de la que el propio Rosenberg diría: "El libro más importante del Nacional Socialismo después del 'Mein Kampf' de Hitler". Es un libro de 700 páginas con un estilo muy denso y, en ocasiones, complicado en el que se comentan todos los aspectos políticos de la ideología nazi. Fue considerado por muchos el "libro del partido" y se vendió por cientos de miles durante los años siguientes a su publicación. En realidad el libro es una mezcla confusa de varias ideas y la exaltación del "hombre nórdico" por encima de todos los demás. En su explicación viene a decir, más o menos, que el origen de todas las grandes civilizaciones estaba en hombres nórdicos, particulares, que las habían fundado. Su reescritura de la historia es tal que llega a afirmar que Jesucristo es un nórdico (olvidando, curiosamente, que era un judío).

Sin embargo, la relevancia pública de Rosenberg, como autor e ideólogo nazi, no se correspondía con su peso político dentro del partido. Para muchos de sus compañeros era demasiado estricto en su ideología, demasiado apegado a las doctrinas, incapaz de hacer estrategia política De él, Goebbels llegó a decir: "Es el hombre Casi, casi un filósofo, casi un periodista, casi un político".

Uno a uno, todos sus compañeros de partido fueron superándole en responsabilidad política: Goebbels, Goering, Himmler, etc. De todas ellas, probablemente, la que más le molestó fue la de Ribbentropp ya que Rosenberg aspiraba a ser el Ministro de Exteriores de la Alemania Nazi. Precisamente, su radicalismo doctrinario es lo que le apartó de ese puesto. Fue muy crítico con respecto al pacto nazi-soviético que decía que era algo así como pactar con los destructores del mundo. Otro ejemplo de su poca visión política ocurrió durante la invasión de Noruega. Afirmó en una rueda de prensa ante periodistas extranjeros que caída Noruega y Dinamarca, sólo quedaba Suecia y que ésta debía unirse a la comunidad de países nórdicos y ponerse bajo la tutela del Third Reich. El susto de los suecos fue mayúsculo, pero mayor fue el de los alemanes porque la importaciones que se hacían desde Suecia eran fundamentales para la maquinaria de guerra nazi y si Suecia las cortaba, Alemania se paraba. El incidente no fue a mayores ya que el partido nazi, con presteza, anunció que Rosenberg sólo hablaba a título personal, lo que significó una desautorización (y humillación) pública de Rosenberg.

En 1940, tras la caída de Francia, Rosenberg iba a encontrar un puesto político dentro de la maquinaria nazi, aunque era una ocupación para quitárselo de en medio. Le pusieron al mando de la Einsatztab cuya misión era requisar las obras de arte en los países ocupados. Además de los robos de obras de arte, Rosenberg funda varias bibliotecas y escuelas de oficios donde se enseña el arte nacionalsocialista (nada de esas moderneces como el cubismo y demás "ismos").

Rosenberg anuncia su deseo de volver a Alemania y dedicarse a una vida libre de compromisos enfocada a la doctrina pura. Es decir, no quería verse envuelto en más cosas mundanas y pensaba dedicarse sólo a la filosofía. Sus antiguos compañeros de partido no querían encontrarse a un rígido nazi en su camino y hacen que le nombren jefe del Ministerio de los Territorios Orientales Ocupados (Ostministerium). En este puesto es responsable de muchas movilizaciones forzosas de la población no alemana de los territorios ocupados e incluso emite informes sobre la necesidad de poner cámaras de gas fijas en Rusia. Sin embargo, a pesar de esta dureza "doctrinaria" y de ser responsable directo de algunas ejecuciones en masa (los 24.000 judíos de Riga, por ejemplo), cierto es que en muchos de los territorios por él gestionados se tendió a la esclavización de la población para trabajar, antes que el exterminio de la misma. Y comparativamente, fue mucho más permisivo y menos doloso que otros que ocuparon su puesto después de él.

Cuando la campaña rusa estaba en su mayor apogeo y la victoria alemana está casi a las puertas, Rosenberg propone a Hitler la creación de un estado ucraniano. Una especie de estado-satélite de Alemania que garantizara la contención de los rusos hacia Alemania en el futuro. Una idea interesante, pero inoportuna políticamente. Ridiculizado por la cúpula nazi, llegándole a llamar a su ministerio Chaostministerium (ministerio del Caos), presenta su dimisión en octubre de 1943.

Desde entonces, y salvo algunas ocasiones puntuales, se retira de la vida política. Derrotado política y públicamente, se sumerge en la bebida llegando, según algunos biógrafos, a intentar suicidarse. La verdad es que hay un informe médico de una pierna rota, pero Speer afirma en sus memorias que se la partió cayéndose por las escaleras borracho.

Al acabar la guerra es detenido por cuatro soldados americanos de color. Tapándose la cara les dice: "No quiero ver vuestras perras jetas". Ni que decir tiene que no fueron muy amables con él. Juzgado en Nuremberg fue encontrado culpable y colgado en Septiembre de 1946. En la cárcel termina el que sería su último libro "Letze Aufzeichnungen" (últimas notas) en el que hace un repaso de la ideología nazi, del fracaso de ésta por haberse apartado de la doctrina férrea en manos de oportunistas y donde se reafirma en sus creencias nazi diciendo que estas resurgirán en el futuro "templadas por el dolor". Posiblemente, el único nazi que seguía siéndolo en el momento de ser ejecutado en Nuremberg.

 

 

Siguenos:

Subscríbete en Feedly


Sombra por dentro

Tweets by jchsombra

 


Cita

«La ciudad que se hizo a sí misma.»

Lema de Cunia