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viernes, 7 de agosto de 2020


 

HITLER Y SUS ARMAS SECRETAS

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Grandes errores de la 2ª Guerra Mundial

Por: Jesús Mª López de Uribe

Es un honor para mí poder escribir en la primera revista digital de España dedicada en exclusiva a la Segunda Guerra Mundial una serie de artículos encaminados a descubrir a los aficionados a esta época los grandes errores del conflicto armado más destructivo del siglo XX y las consecuencias de éstos. Como primer artículo he escogido una terrorífica visión de uno de los temas más manidos de toda la guerra europea para explicar una de las razones por las que las armas secretas de Hitler -que las tenía- no sirvieron para nada a los intereses nazis.

Se dice que para muestra, un botón. Así que he escogido al Messerschmitt Me-262 como primer ejemplo de uno de los graves errores que jalonó la historia militar del III Reich, que tenía una Administración estatal bastante nefasta pese a la fama de eficacia de los alemanes debido, sobre todo, a las luchas de poder político internas del Partido Alemán Nacional Socialista y a los gravísimos errores estratégicos de quien se creía el líder político más importante de su época, Adolf Hitler.

Los primeros cazas a reacción, de la Heinkel

La mayoría de las personas cree que el ME-262 fue el primer caza a reacción de toda la historia. Pues no es cierto del todo. Fue el primer caza a reacción que entró en combate, pero en realidad fue el Heinkel He-280 el que voló impulsado por turbinas por primera vez en pruebas el 2 de abril de 1941 (sí, 1941). Es más, este bimotor -igualito al Me-262 pero con alas en una especie de uve invertida y un timón de cola doble, muy de la casa Heinkel, similar al bombardero He-279- se enfrentó a primeros de 1942 en un combate simulado a un Focke-Wulf Fw190, al que superó con mucha facilidad.

Esto quiere decir que los alemanes disponían de la tecnología del avión a reacción ya en 1942, con lo que una decisión industrial les habría permitido disponer de este tipo de cazas nada más y nada menos que en 1943. Fue la empresa Heinkel, famosa por sus bombarderos, la que desarrolló en 1939 el primer avión a reacción del mundo -antes tanto esta industria como los británicos y estadounidenses habían probado en biplanos motores externos a reacción-, el He-176 que no pasó de un modelo de pruebas. Tras el He-280 otro reactor muy valorado entre los modelistas es el pequeño He-162 Salammander.

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Comienzan los errores de elección

¿Pero por qué el III Reich no utilizó esta gran ventaja táctica del increíble He-280? La contestación se divide en dos cuestiones, las luchas de poder políticas e industriales y el desmesurado orgullo de la superioridad de la Alemania nazi sobre cualquier otro pueblo del orbe terrestre.

En primer lugar, Willy Messerschmitt, celoso de los avances de Ernst Heinkel en diseño de bombarderos y cazas -otro de las grandes injusticias fue la elección del Bf-109 por encima del He 112 (un caza muy parecido al Spitfire Británico un poco más lento pero mucho más maniobrable y de más fácil mantenimiento que el de la Messerschmitt) y de su sustituto el He 100-, y temeroso de que estos nuevos aviones a turbina acabaran con la evolución de su amadísimo Bf-109, movió 'ficha' y consiguió apartar del camino al He-280 en beneficio de su Me-262. Heinkel se tuvo que conformar con la producción de bombarderos (suyo es el archiconocido He-111).

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Los orígenes del Me-262 se remontan al otoño de 1938, cuando la Luftwaffe sacó las especificaciones de un avión a reacción de las cuales surgieron los dos aparatos contendientes. En un primer momento voló con un motor de hélice -sobre 1942- y en julio 1943 lo hizo ya con sus dos reactores. A pesar de los numerosos retrasos, en 1944 ya estaba en marcha la producción en serie. El Me-262 era un arma terrible, muy superior incluso a su contrincante en el bando de los aliados, el avión británico Meteor, que fue operativo más o menos en las mismas fechas.

El segundo error es achacable al orgullo nazi. La producción del Heinkel He-280 se frenó por una cuestión que parecía muy sencilla: la guerra iba a ser de corta duración y no interesaba gastarse el dinero en aviones tan avanzados. Es decir, que el momento en que el He-280 surgió coincidió con la época en la que los dirigentes alemanes estaban decididos a terminar cuanto antes el conflicto -que por supuesto terminaría con la victoria de las armas del Reich-, de forma que mostraron muy poco interés por este o por cualquier tipo de avión que no se pudiera utilizar de forma inmediata.

Entran las prisas

Pero tras la batalla de Kursk, y el consiguiente embolsamiento de Kharkov de fuerzas alemanas por parte del ejército Soviético, la derrota en el Norte de África y las invasiones de Sicilia e Italia -con su correspondiente capitulación-, las cosas cambian en la cúpula nazi con los reveses de la guerra.

En ese momento, los políticos encargados de la producción de guerra miran hacia el Heinkel He 280 como una posibilidad de recuperar la superioridad aérea que acaban de perder con resultados desastrosos para el desarrollo de la guerra. Pero en ese momento aparece la 'manía' de Hitler con respecto a los bombarderos e impide que la Heinkel destine recursos a la producción de ese caza. De rebote, Willy Messerschmitt se encontró con que tenía que poner en producción un modelo de pruebas con la mayor rapidez posible.

Lo que se define como 'manía' de Hitler a cuenta de los bombardeos, no es más que la concrección política de una de las teorías más avanzadas sobre la guerra de justo antes de que el conflicto europeo estallara. Al igual que Guderian y Patton teorizaron y pusieron en práctica el uso de las unidades mecanizadas para obtener espectaculares resultados en los frentes de guerra, existía una teoría -defendida tanto por británicos como alemanes- que indicaba que en un futuro los bombardeos aéreos serían los que decidirían la guerra. Es decir, que la población, indefensa ante las bombas, quedaría desmoralizada, lo que repercutiría en fallos en la producción y en la exigencia de una rendición.

Pero lo que Hitler no tuvo en cuenta es que sus bombardeos provocaron el efecto contrario, una mayor determinación para acabar con los nazis. Eso sí, los aliados tampoco acertaron: provocaron con sus tremendos bombardeos la numantina resistencia hasta el final de los alemanes, con los terribles resultados que hoy conocemos.

¿La teoría era errónea? En su resolución no. Medio siglo después los estadounidenses demostraron en Irak y Kosovo que una campaña de bombardeos aéreos sí que acaba por sí sola una guerra. Pero en los años cuarenta tanto Hitler como Churchill y Roosevelt se equivocaron, el ataque a la población civil es contraproducente. La aviación norteamericana se dedicó a destruir las infraestructuras y los objetivos militares iraquíes y servios y provocaron la derrota de estas dos pequeñas potencias casi sin intervención militar en el primer caso y sin uso de fuerzas terrestres en los balcanes. El único que acertó, con objetivos civiles, fue Truman con la bomba atómica; pero ese tipo de bombardeos son otra historia mucho más cruel que no tenían nada que ver con la teoría inicial aunque la cumpliera.

El caso es que el primer caza operativo a reacción del mundo -el Me-262- estaba a punto para su fabricación en serie en 1943, pero, según Stephen E. Ambrose, "la obsesión de Hitler por bombardear Londres y su indiferencia por defender las ciudades alemanas condujo a un monstruoso error de cálculo".

Hitler defendía desde el desastre de la Batalla de Inglaterra la construcción de bombarderos por encima de todo, basándose en la teoría de que los bombardeos eran la clave para ganar la guerra -lo que olvidó también es que es necesario mantener la supremacía aérea para defender estos aparatos-. Hermann Goering, sin embargo, vio claro que el Me-262 era fundamental para recuperar esa supremacía aérea y, de paso, combatir y eliminar la amenaza de los bombarderos aliados.

Pero Hitler recelaba del Mariscal del Reich, que tantas promesas hizo en vano y no pudo cumplir. Así que como el 'fuehrer' sólo quería un bombardero para atacar Londres y no un avión para defender Alemania, ni las maravillosas evoluciones y características del Me-262 le convencían. Goering, para convencer a Hitler, le aseguró que podía transportar bombas, con lo que el líder nazi se vio con un "arma definitiva"que podría asestar fuertes golpes en Inglaterra y frenar los desembarcos aliados previstos en la costa francesa.

Un caza como bombardero

"El problema es que Goering, como siempre, no sabía de qué estaba hablando", apunta el historiador militar estadounidense S.E. Ambrose en su libro 'El Día D'. Willy Messerschmitt se encontró conque tenía que convertir un caza a reacción en un bombardero, pero un avión más grande era un reto imposible para la tecnología de la que disponía. Así que desoyó la orden de Hitler y tenía construidos 120 aparatos en abril de 1944.

Pero el 'fuehrer' se enteró. Y encolerizado hizo que se designara al Me-262 como bombardero Blitz, no como caza. Tardó seis dramáticos meses para el Reich en autorizar la formación de escuadras de cazas a reacción. En ese tiempo Messerschmitt intentó por todos los medios posibles convertir su caza en bombardero. "Sus resultados fueron nulos", afirma Ambrose.

Pero en noviembre de 1944 existían ya muchos problemas añadidos: la red de comunicaciones era un verdadero caos, los pilotos de caza escaseaban y Alemania estaba sin combustible para los aviones. "La Luftwaffe perdió el dominio del aire para no recuperarlo más, sólo de forma puntual los Me-262 inquietaron a las fuerzas aéreas alemanas", cuenta el historiador militar norteamericano.

Un arma terrorífica sin posibilidad de usarse

El caso es que los estadounidenses reconocieron 15 años más tarde que si los alemanes hubieran dispuesto de sus cazas a reacción en 1943, la guerra se habría perdido. Una de las más emblemáticas armas secretas alemanas hubiera hecho efecto para cambiar la historia. Sin embargo, el cúmulo de errores -y no sólo uno- evitó que esto fuera así.

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Los alemanes construyeron más de un millar de Me-262 -y cientos de otros aparatos a reacción como el Me-163 Komet y el He-162 Salammander, sin olvidar a las bombas volantes V1 y V2-, pero sólo pudieron poner en el aire un centenar de ellos de una sola vez en los últimos seis meses del conflicto.

Un informe secreto estadounidense, elaborado por el oficial de la Casa Blanca Ralph Williams para el ya presidente Dwight Eisenhower -el que fuera el líder Aliado que comandó la lucha contra el III Reich en la Segunda Guerra Mundial- apunta varias cuestiones terroríficas. Los siguientes párrafos son transcripciones de ese informe:

"Durante esa época, los alemanes literalmente hacían lo que querían con nuestros cazas y bombarderos, con total impunidad".

"Un total de 14 grupos de cazas que escoltaban a los 1.250 B-17 lanzados sobre Berlín el 18 de marzo de 1945, casi una proporción de uno por uno, fueron seguidos por un solo escuadrón de Me-262, que abatió 25 bombarderos y 5 cazas, cuya superioridad numérica era de varios contra uno. Los alemanes no perdieron ni un solo avión".

"El general Carl Spaatz -comandante de la octava Fuerza Aérea de los Estados Unidos durante el conflicto- confesó que ninguno de nuestros cazas podía compararse con los reactores alemanes, y... añadió que si los alemanes hubieran llegado a desplegarlos con toda su potencia frente a la costa francesa, hubieran anulado nuestra superioridad aérea y frustrado el desembarco de Normandía forzando una más que probable entrada en Europa a través de Italia".

Las horribles consecuencias de las armas secretas de Hitler

Como queda claro, sólo los cúmulos de errores dan al traste con un proyecto maravilloso, como era la aviación a reacción alemana, cuyos ingenieros fueron los que de verdad desarrollaron los reactores de hoy en día. Un cúmulo de errores que se explica basándose en un estudio de las bondades y los defectos de las personas que toman las decisiones y en la errónea interpretación de teorías que al final resultaron correctas.

Pero el grave error de Hitler con las armas secretas no acabó tras la rendición incondicional de los ejércitos alemanes en abril de 1945. Nadie tuvo en cuenta que para poner en marcha los súper tanques, las bombas volantes y los aviones a reacción, Alemania tuvo que fabricar combustible sintético -es decir, el tan cacareado bioetanol (que en realidad fue el primer combustible de locomoción de la historia) con el que se pretende sustituir en la actualidad poco a poco los combustibles minerales basados en el petróleo- en enormes cantidades.

Uno de los componentes del carburante sintético se obtenía de la destilación de las patatas cosechadas en 1944. Esta locura hizo que los alemanes pagaran un alto precio a partir de 1945, provocando una hambruna nunca vista en el centro de Europa.

Los delirios de grandeza de las armas secretas de los nazis llevaron a la destrucción de Alemania y a la muerte a muchas personas tras el horror de la guerra.

 

 

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«¿Los italianos? La próxima vez que luchen con vosotros.»

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