Eriloe – Barrio de los Artesanos

Barrio de los Artesanos

¡Buenos días, mi joven patrón! Me alegra oír que has descansado bien esta noche. Sí, es cierto que hubo sucesos ayer por la noche. ¡Nada del otro mundo, mi señor! Según parece, los Piolines saludaron a un listillo que llevaba tiempo escaqueándose de pagar su cuota y lo convirtieron en un ejemplo, si me entiende. ¡No!, no hay peligro. Como le conté ayer, los asuntos del Gremio se quedan en el él, bueno, en ese; hablado de lo cual, hoy me permitirá que le enseñe el Barrio de los Artesanos. Espero que guardase algo de dinero el otro día, porque, seguro, hoy querrá completar las compras que empezó ayer. ¡Estupendo! Entonces siga al viejo Gundemaro.

Antes de entrar en el barrio, quizás desee visitar el Templo de la Orden de Helius. En su interior descansa una estatua de Doña Urraca y los sacerdotes son muy amables y, si se lo solicita, le podrán dar su bendición. ¡Claro!, no se preocupe, yo le espero por aquí. Además, tenía que comprar unas especias para mi señora en un tenderete aquí al lado.

Estatua urraca

Estatua de Doña Urraca en el patio hipetro del Templo de la Orden de Helius

¡Bien! Me alegro de que le haya gustado la visita. Es realmente impresionante, y no se ha desviado de la visión de Marcel y las reformas que llevó a cabo Doña Urraca.

Desde la Plaza del Mercado bajamos por la calle al sur, pasando este otro cruce nos desviamos al sureste llegamos a nuestra primera parada: La Sede de los Gremios, o lo que es lo mismo, su hogar. ¡Sí!, la cúpula es de oro. ¿Qué si no han tenido problemas con los piolines? No, ninguno. Incluso ellos se identifican como gremio y jamás osarían levantar la mano contra la representación física del poder económico de esta ciudad. ¿Qué loco robaría en su propia casa? Veo que lo entiendes, eso está bien. Desgraciadamente, el acceso está restringido a los mismos y a los visitantes debidamente acreditados. No, desgraciadamente para ser invitado es necesario tener mucho dinero y algún contacto dentro. ¡Pero fíjate en esa magnífica fachada!, toda ella está cubierta de teselas de diversos colores y según incide la luz, van formando distintos dibujos. Sí, no es algo que se vea todos los días. Da una vuelta a su alrededor, yo descansaré mis viejos huesos a la sombra de este árbol.

Patio sede de los gremios

¿Ya has terminado? ¡Te has tomado tu tiempo! ¿Qué? ¿Has conseguido colarte y echar un vistazo rápido? ¡Bravo chaval! Quizás tienes más alma de piolín de lo que crees. Sí, la fuente del patio interior es impresionante, y la estatua de la mujer sin ropa también. Las escaleras del fondo permiten acceder a las dependencias de los invitados y a la sala del consejo. Dicen los rumores que hay una puerta secreta que permite acceder al Gran Maestre Piolín y los altos piolines de forma discreta para los consejos que celebran junto al resto de gremios.

Si tomamos la calle al suroeste y bajamos por ella, llegaremos a la herrería de «Mano-Guerra» Gru’Ross. Sí, es un orco que se dedica a fabricar armas y armaduras. Son un poco toscas en su diseño y pesadas, pero cumplen su trabajo de forma admirable, son asequibles y tienen fama de irrompibles. Hace un par de años se pusieron de moda cuando un gentilhombre se presentó en una recepción oficial con una rebanadora de Gru’Ross, la sensación que causó lo crudo del diseño hace que aun tenga encargos de los señoritos. ¿Un poco caro dices? Bueno, la garantía de su indestructibilidad tiene un precio, no como la que portáis ahora. ¡Claro que no crítico al artesano que contrató vuestro padre! Pero la calidad del arma no va pareja de su apariencia. Haríais bien en recordarlo; claro, estoy de acuerdo cambiar el tema.

A espaldas de la Forja Mano-Guerra nos espera Mirdian, el elfo obrador. Sus dulces son los mejores que probarás jamás en esta región. Su fama es tal que incluso en lugares tan lejanos como el Estado de los Altos Elfos, la Gran Federación o, incluso, Os, hacen pedidos con cierta regularidad. Sí, los tres edificios cercanos también son de Mirdian, en ellos es donde hornea los encargos destinados a la exportación.

Si seguimos bajado y torcemos hacia el este llegamos a la posada de Luis, el «Cerdo Aguado». Francamente, prefiero las del Barrio del Mercado. ¿Cómo? Oh, por supuesto que no es mala, pero una vez te acostumbras a los lujos de las anteriores esta puede ser un poco bher. Me refiero a una tosquedad digna de los Pueblos Bher. ¡Me alegra que lo hayas entendido! Es la única posada del barrio y suelen ocuparla comerciantes modestos y algunos aprendices un poco más adinerados. Una cosa buena es que tienen establos para los animales, y unos almacenes con guardas vigilando las pertenencias de los huéspedes que paguen por el servicio. De todas formas, nadie se atreve a robar en esta zona. Los Piolines no permiten ninguna actividad en ella y pobre del que pillen haciendo algo poco honesto. ¿Por qué? Bueno, si el mercado es el corazón de la ciudad, este barrio es su sangre. La mayoría de los productos del mercado vienen de nuestros artesanos, quienes no suelen tener mucho tiempo para dedicarse a venderlos. O hacen su oficio, o venden, así de sencillo.

¿Ves esta calle que forma una cuña estrecha y luego se ensancha? Vamos a bajar por ella. Originalmente, esta calle era una avenida muy amplia, pero la casa que nos entorpece el camino la construyó un rico hidalgo, llamado Manuel, con el propósito de dificultar el paso y desviar la ruta al mercado por la calle al otro lado porque ahí tiene su mesón, «el Toro Colgado». El nombre viene de algo llamado Corrida que hacen con estos animales en su región, no sé mucho más del asunto e imagino que el nombre lo puso por la morriña a su tierra. Como os decía, gracias a su estratagema ahora dicho mesón es la parada predilecta de los viajeros del sur. Perdonadme ¿ya estáis cansado?, bueno, podemos parar en el mesón y comer su plato típico: criadillas de toro en salsa de menta.

Muchas gracias por el yantar, mi joven señor. Sí, lamento que el plato no fuese de su agrado y le haya provocado esa explosiva regurgitación. ¡Por suerte ya se ha recobrado y podemos alejarnos de este lugar! Si seguimos al este, pasamos el cruce y doblamos al sur en el siguiente llegaremos a la muralla de la ciudad. Quizás no sea muy concurrido el lugar, pero aquí se encuentra «Martillo-caído» Dron’Jak, un artesano enano especializado en la fragua de armas y armaduras. Su tienda se la conoce simplemente como «la Forja del Martillo Caído». El enano mantiene una pugna, no demasiado amistosa en mi opinión, con Gru’Ross por el título de mejor armero de la ciudad. El equipamiento que aquí encontrarás es caro, muy caro, pero su calidad es excepcional. No en vano se dice que, de existir los dioses, Dron’Jak podría fabricar armas con los que aniquilarlos. ¡Claro! Te espero sentado a la sombra de ese árbol. Una última cosa, el enano tiene un temperamento tan caliente como su fragua y algún cliente sí que se ha llevado un martillazo por una mala contestación. ¡Avisado quedas!

¡Vaya una espada que ha adquirido mi señor! ¡Ahora sí que está preparado para la aventura! No, no lo decía con sarcasmo, ahora tiene un arma digan de un príncipe. Comprendo su enfado: No es muy cortés que cuando le enseñó su anterior espadín al herrero, este lo machacase de un solo golpe de su martillo mientras le gritaba que no admitía porquerías en su tienda, pero ya le advertí sobre su ardiente temperamento. Bueno, en todo caso sale ganando con el cambio, ¿no cree? Claro, el viejo Gundemaro puede estar callado un rato.

Tras este trayecto a lo largo de la muralla se encuentra ese anodino edificio sin importancia, y tras él, el cadalso donde se apiola a los condenados. Sí, es llamativo que la base sea de piedra, pero es una estructura fija, de los tiempos de Doña Urraca, que recuerda a todos que nadie está por encima del Consejo de la ciudad.

Sí, mi señor, por encima de la loma de piedra a nuestra derecha, se encuentra el Distrito Real. ¡Cuidado señor! ¡Unos malandrines quieren asaltarnos!…

¡Qué pericia con su nueva espada! ¡Cómo los ha despachado, mi señor! No se moleste en perseguir a los supervivientes, si no los capturan la guarda de la ciudad, los Piolines los saludarán, y de ellos uno no se puede esconder. ¡Venga! Sígame de vuelta al Barrio del Mercado, y no se preocupe por llevar La Negra, haré correr el rumor de que ha sido atacado en el Barrio de los Artesanos y los Piolines le dejaran tranquilo una temporada. ¿Cuánto? Eso es más difícil de decir, mi señor, pero, al menos, unos días seguro.

Coincido que han sido muchas emociones para un solo día, ¿por qué no regresamos al Lechón Blanco y cenamos lo mismo que el otro día? Me alegro de que coincidamos, sígame por favor. ¡Ah!, casi se me olvida. He conseguido un par de permisos para acceder al Distrito Real, pero eso lo dejemos para el próximo día?

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