Pangea – Caravanas Dwandir

Autor: Rubén Ramos Núñez «Ezekiah»

El concepto que los habitantes de Pangea tienen acerca de las caravanas dwandir se resume en estos dos estereotipos: o bien son un grupo de amazonas sedientas de sangre y pertenecientes a La Encina, o bien un grupo de hermosas féminas ardientes dispuestas a acostarse con cualquiera que tenga la suerte de cruzarse en su camino. En realidad, si alguien fuera de los Bosques Dwandir ha visto una caravana, ese alguien puede considerarse realmente afortunado, puesto que es realmente difícil observarlas fuera del circuito interno que lleva funcionando desde interminables inviernos. Sólo de manera ocasional salen de allí para comerciar en el resto del continente.

Por lo general, las caravanas dwandir cumplen una función de nexo de unión entre las escasas y dispersas comunidades dentro del bosque. El comercio, sorprendentemente, es una actividad secundaria. Adquieren lo que necesitan en función de lo que le piden las comunidades que visitan para proveerles de dichos materiales y no buscan, por lo general, el lucro en todos los intercambios. Lo principal es el intercambio de historias, noticias, rumores y canciones que mantienen unida a la raza. Por esa razón, el resto de pangeanos, acostumbrados al lado más prosaico del comercio, se sorprenden de algunos trueques que realizan estas caravanas, ya que en ocasiones entregan un buen número de mercancías a cambio de una simple historia jugosa.

Las caravanas se componen, exclusivamente, de mujeres. Los hombres son demasiado escasos y valiosos para permitirles desempeñar esas tareas. Quizás, en alguna caravana, tomen el papel de líder, pero fuera del bosque, es absolutamente imposible verlo. En ocasiones, las dwandir utilizan miembros de otras razas para suplir alguna habilidad de la que carecen (como un trampero tikki o un escriba humano) pero por lo general son acuerdos temporales y siempre fuera del bosque.

El ámbar sí es un material preciado por los dwandir y las caravanas son muy celosas en su adquisición. Acapararán tanto como sea posible. Nunca lo utilizarán como moneda de cambio para adquirir otros materiales, incluyendo metales.

La tarea como informadores o mensajeros implica que en ocasiones algunos miembros de las caravanas son espías que informan a los líderes de los poblados y en ocasiones, a La Encina. No es un hecho generalizado, pero sí ha sucedido en suficientes ocasiones para que exista un poso de verdad en el estereotipo.

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