Revista Desde el Sótano 152 – abril 2017

—¡Jefe, jefe, jefe! —tenía que hablar en serio con ese muchacho. Un día se va a hacer daño con tantas carreras. El corredor entró en el despacho con un personaje de cómic y levantó papeles y algunas onomatopeyas a su paso—. ¡Jefe! ¡Jefe! ¡Se están uniendo!
—¿Quién?
—¡Todos jefe! —cogió aliento— ¡todos!
—¿Llevan antorchas?
—¡Eh…! No, parecen contentos.
—Bien, bien —y junto las puntas de sus dedos en un gesto satisfecho—. Publica la revista www.desdeelsotano.com y unámonos a ellos.

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Desde el Sótano 151

En ocasiones, cuando terminaba a tiempo, le gusta pasear por las estancias del sótano, sentir el murmullo de la maquinaria de impresión, el crepitar de la iluminación y el sonido laborioso de sus habitantes con su chirrido de cadenas y el restallar de los animadores manuales. Eso le permitía sentir el pulso, mirar a hurtadillas cuando nadie le esperaba.

Al llegar a la sala de redacción le sorprendió encontrar a alguien trabajando aún. Era un joven con el pelo recortado con una afilada navaja. No le conocía, debía ser uno de los nuevos. Escribía sobre la mesa de dactilografía con una de esas moderneces que dejaban salir la tinta sin necesidad de recargar en un tintero cada pocos trazos.

—¿Qué haces aún aquí? —le dijo por sorpresa—. ¿No te has ido a ver plantar los monumentos?
—Escribo, señor —fue su respuesta.
—Pero la revista está terminada, no hace falta que sigas escribiendo.
—Escribo porque me gusta.
—¿No escribes por los latigazos y por las cadenas?
—¡Que bromista es usted! Eso es la megafonía. La ponemos porque si no esto estaría lleno de gente…

Y dándose la vuelta, gritó:
—¡¡¡Becario!!!

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Desde el Sótano 149 ya disponible

— Jefe, ya nos ha llegado el nuevo cargamento y los estamos distribuyendo —la vela titiló mientras lo decía arrancando unos reflejos siniestros de sus ojos—. Hemos acomodado a algunos a las mesas del primer nivel e intentamos hacer sitio a los demás en las dependencias del nivel inferior. Algunos no comprendían lo de la tobillera de acero sujeta a una cadena de fuertes eslabones anclada al suelo de granito. Creo que deberíamos especificar mejor esas cosas en nuestras demandas de empleo.

El aludido alzó la vista disgustado y dijo:

— Veo que no te has leído la editorial de este número…

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Desde el Sótano de diciembre: 148

—Jefe, dicen los redactores que si puedo bajar un momento el Dado de Oro a sus cubículos.
—No —respondió sin dejar de mirar el dorado galardón.
—Pero jefe, ellos también quieren verlo.
—No —dijo con la mirada perdida en la joya.
—Pero… debería tener algún detalle con ellos—. El hombre dejó de mirar un momento los brillos hipnóticos de aquel objeto, alargó la mano hacia el cajón de dados que siempre había en su oficina y arrojó un montón de poliedros sobre la mesa. Rodaron un tiempo hasta detenerse marcando diferentes guarismos.
—Pero jefe… ¡ya tienen dados de diez caras!

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Desde el Sótano 146 disponible

El anciano miró a su despacho por enésima vez mientras las luces titilaron como si supieran lo que iba a ocurrir; volvió a comprobar el reloj de arena que agonizaba en el lento caer de los granos. Cuando lo miraba, parecía no moverse, como si las almas de los viejos redactores que le daban vida supieran de su impaciencia. Y de repente, ocurrió, llegó el momento y lo que había sido agonía, se convirtió en frenesí.

El anciano cogió un casco de cuero desgastado por el uso, se lo ajustó a la cabeza sin desabrochar los cierres, bajo las gafas y enchufó todo a un viejo enchufe RJ45. Y allí estaba, otra vez, fiel a su cita, amante y voluptuosa.

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Disponible la Desde el Sótano 145

–¿Jefe, usted cree que lo conseguiremos?
Las luces de las velas titilaron un instante como si hubieran comprendido la pregunta y el viejo escriba convertido en oficinista levantó los ojos del pergamino que estaba iluminando. La máquina de hielos zumbó advirtiendo que una nueva carga de cubitos caería al cajón. Alguien debería recordar bajar su ritmo ahora que ya no hacía tanto calor.
–Estamos componiendo el índice y los créditos. No veo por qué no íbamos a hacerlo.
–No Jefe, no me refiero a eso… Ya sabe que en el sótano los muchachos se preguntan si lo lograremos.
–¿Lograremos qué? –Empezaba a impacientarse.
–Ya sabe, llevamos 145 números… ¿lograremos alcanzar a la White Dwarf?

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Disponible ya la revista Desde el Sótano 144

Hoy es mi centésimo cuadragésimo cuarto número y deseo que lo estén pasando tan bien como yo. ¡No les distraeré mucho tiempo! No conozco a la mitad de ustedes, ni la mitad de lo que querría, y lo que yo querría es menos de la mitad de lo que la mitad de ustedes se merece. Ciento cuarenta y cuatro números son pocos números para estar entre ustedes…

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Nuevo número de la revista Desde el Sótano

–Jefe, han llegado unos señores que desean a hablar con usted.
–¿Señores?
–Bueno, verá, vienen con vestiduras finas con patrones raros y con trozos de tela anudados a los cuellos.
–¿Te han dicho qué quieren?
–Me han explicado que están repitiendo una cosa que hicieron en diciembre y que como ahora no les dejan gastarse dinero vienen a reclamar sus espacios gratuitos de publicidad…
–Publiquemos antes la revista por si acaso…

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