Número: 256. 4ª época. Año XXIII ISSN: 1989-6289
Semilla de aventura para EXO
Un pulso estrecho ha aparecido en el espectro. Casi limpio, incrustado en el ruido de fondo de una baliza de navegación secundaria en un tramo secundario poco transitado de la Ruta Thalamir (11443
). No ha sido un mensaje abierto ni una transmisión comercial codificada. Ha sido una frecuencia técnica, una de esas que solo emplean sondas automáticas, estaciones deshabitadas o sistemas de control remoto.
El grupo recibe el encargo de interceptar esa señal y localizar su origen antes de que lo haga nadie más. El contratante ha podido ser una corporación con intereses en la zona, un oficial de inteligencia preocupado por interferencias no registradas o incluso un intermediario que ya ha vendido la información a dos partes distintas. La paga no es espectacular, pero el bono por exclusividad sí lo es.
Lo que averiguan de la señal es que emite en intervalos irregulares, parece rebotar entre objetos masivos para dificultar su triangulación, contiene fragmentos de código reconocible: protocolos de carga y manifiestos mercantiles e incluye firmas que han recordado vagamente a estándares empleados por Raudo Corp (23041
)… aunque alterados.
Al fin la localizan su origen aproximado, apuntando a una zona de tránsito bajo, donde años atrás existió una pequeña estación logística privada que fue desmantelada tras un litigio empresarial. Oficialmente ha estado inactiva. Extraoficialmente, nadie ha reclamado su chatarra orbital.
Al aproximarse al sector, la señal se ha intensificado. El escaneo previo revela restos estructurales: módulos presurizados desconectados, una espina dorsal de atraque y varios contenedores flotando en formación irregular. No hay energía aparente… pero la señal sigue saliendo de allí.
Un análisis más fino revela que la transmisión no procede de la estructura principal, sino de uno de los contenedores. Un contenedor que no figura en los registros históricos de la estación.
Una vez pueden hacerse con el contenedor constatan que está sellado, presenta impactos bastante antiguos, tiene una alimentación energética autónoma mínima y parece que la frecuencia emite desde su interior.
Cuando accedan a su interior, encuentran un módulo de almacenamiento de datos encapsulado dentro de una estructura improvisada de blindaje térmico y absorbente de señal. No eso equipo estándar, ha sido algo montado con prisa… pero por alguien que ha sabe exactamente qué ha estado haciendo.
Dentro del módulo pueden acceder a antiguas bitácoras fragmentadas de rutas, manifiestos de carga incompletos, registros de trasbordos en estaciones de alto tránsito, referencias cruzadas con nombres de naves ya conocidas en la Ruta Thalamir,…
Entre ellas pueden aparecer menciones indirectas a la Vástago de Okran (24183
), la Estrella Soberana (23383
) o incluso a la Serenidad del Vacío (23883
), según cómo se quiere integrar esta semilla con las anteriores.
Mientras analizan la información detectan, si están en modo preaviso, una nave aproximándose con perfil de emisiones reducido. No transmite una identificación clara. No solicitado permiso. Simplemente se limita a colocarse en vector de espera, fuera del alcance inmediato de sensores pasivos. Parece que alguien más ha seguido la señal.
O…
La «frecuencia muerta» no es una baliza de socorro. Es un cebo inteligente.
El contenedor actúa como nodo de redistribución de información sensible: copia parcial de rutas clandestinas, trasbordos ilegales y pagos enmascarados. Cada cierto tiempo emitido fragmentos cifrados que solo pueden recomponerse si alguien recoge físicamente el módulo.
El sistema ha estado diseñado para atraer a interesados y obligarlos a exponerse. La pregunta no es quién lo ha colocado… sino quién monitoriza quién responde a la señal.
Como posibles interpretaciones podemos apuntar: