Número: 249. 4ª época. Año XXIII ISSN: 1989-6289
El Trazo de Cal es uno de los tatuajes «especiales» más antiguos que todavía se realizan en Líneas Negras (24942
), aunque nadie allí diría «antiguo» en voz alta. Se presenta como una serie de líneas rectas, finísimas, casi quirúrgicas, formando un rectángulo incompleto. Siempre hay un pequeño quiebre en uno de los lados, como si el dibujo estuviera mal cerrado a propósito.
Suele tatuarse en zonas poco visibles pero amplias: la parte alta de la espalda, el costado bajo las costillas, el muslo. Nunca en brazos ni cuello. Álex insiste en que «necesita espacio para respirar», aunque no explica qué significa eso.
A simple vista parece un diseño geométrico minimalista, el tipo de tatuaje que cualquiera podría hacerse en un estudio moderno. No hay símbolos reconocibles ni referencias culturales claras. La tinta es negra, ligeramente apagada, y envejece mal a propósito: con los años pierde definición, como si se fuera desdibujando.
El Trazo de Cal actúa como barrera pasiva frente a influencias externas no físicas. No bloquea ataques directos ni detiene fenómenos evidentes; su función es más sutil. Reduce la intensidad de aquello que intenta cruzar un umbral invisible: maldiciones, presencias, efectos persistentes, compulsiones que «se pegan» a una persona.
Funciona especialmente bien en lugares cargados: edificios abandonados, casas donde ocurrió algo que nadie quiere recordar, zonas marcadas por rituales antiguos o sucesos traumáticos. Allí, el portador del tatuaje nota una diferencia clara: menos presión en el ambiente, pensamientos más claros, una sensación de estar «un paso fuera» de lo que ocurre.
No hace inmune al portador, pero sí le da margen. Donde otros se ven arrastrados, él puede retroceder.
Por eso se le conoce informalmente como chaleco anti-magia, aunque no protege del todo ni siempre. Simplemente amortigua.
El Trazo de Cal no es compatible con todo el mundo. Algunas personas desarrollan una sensación constante de aislamiento, incluso en situaciones normales. Como si algo las separara del resto. Relaciones que se enfrían. Empatía que cuesta más. El tatuaje protege, pero también distancia.
En casos raros, el efecto se invierte: en lugar de repeler influencias, el tatuaje parece marcar al portador como algo que no encaja. Animales que rehúyen. Personas que se sienten incómodas sin saber por qué. Nada demostrable, pero persistente.
Además, el tatuaje se desgasta. Tras varios años, o tras una exposición intensa, pierde efectividad. Retocarlo es posible, pero peligroso: reforzar líneas que ya han cumplido su función puede provocar rechazo físico o psicológico.
Álex solo acepta retocar un Trazo de Cal una vez.
Cuando el PJ sufre un efecto sobrenatural persistente (maldición, presencia, influencia, control sutil, …) la Dirección puede aplicar -2GD a la tirada para resistir el efecto o, en su defecto puede permitir al personaje repetir tirando de nuevo uno de los dados, elección que se realiza una vez visto el resultado de la tirada original.
Nunca anula por completo el efecto, a no ser que la tirada para resistir fuera un crítico. Solo amortigua y será consecuente con la diferencia entre el resultado y en valor de la habilidad.
Si el Trazo se activa dos veces en una misma escena el personaje recibirá +1GD a tiradas sociales mientras no finalice la sección, pudiendo alargarse a la siguiente si fuera menester.
Como se ha comentado solo se puede retocar una vez. El segundo retocado destruye el tatuaje y provoca un fallo automático en la siguiente defensa sobrenatural, aparte de ya no poder utilizar su poder nunca más.