Número: 74.     4ª época.     Año XVIII     ISSN: 1989-6289

74 > Ambientación > Juegos > El cornotruco (Pan). Por: Joaquín Rodrigo

 

El Cornotruco

Es interesante conocer este divertido entretenimiento de las tribus libres, extendido por todas las llanuras de ambas riberas del río Púrpura, y sobre el que se cruzan a menudo apuestas de cierta importancia, en algunos lugares rivalizando incluso en importancia con las apuestas sobre las luchas que se llevan a cabo en los grakin. No pocos comerciantes han perdido hasta sus manoplas un rato después de escuchar esta peligrosa pregunta: "¿Echamos unos trucos?".

esquema

El juego consiste en situar nueve fémures de búfalo adulto, cortados de modo que midan media vara y dos palmas de alto, y ahuecados. Son los llamados trucos. Se sitúan verticalmente formando un rombo de una vara de ancho en sus diagonales, con la articulación de la rodilla hacia arriba y la sección cortada apoyada en el suelo. Se suele jugar sobre arena fina, de forma que se puedan hundir ligeramente y que los trucos guarden un precario equilibrio.

El jugador (llamado lanzador) se sitúa a tres manos de varas del rombo. Entonces tiene que lanzar el corno, un cuerno de búfalo endurecido al fuego, ahuecado y rellenado con diferentes materiales para darle peso (en general la arena mojada suele ser lo más usado, todo bien prensado y taponado con pedazos de cuero en el extremo romo del cuerno). El proceso de elaboración de un buen corno es todo un arte.

El objetivo del juego es derribar con el corno el mayor número posible de trucos, si bien es obligatorio derribar el retruco, que es el truco marcado en oscuro en el diagrama, el más alejado del lanzador. El retruco no cuenta para el número de trucos derribados, con lo cual si sólo derribas el retruco es lo mismo que no derribar ningún truco.

El juego se suele dirimir al mejor de tres rondas. En cada ronda de cada lanzador se levantan de nuevo todos los trucos, y se realiza el lanzamiento del corno. El modo habitual de registrar el número de aciertos es en un pequeño bol elaborado con el cráneo de un búfalo (a menudo el mismo del que procedió el corno) donde se van metiendo piedras, una por cada truco tumbado. Cada jugador suele llevar su propio corno y su bol decorados a su gusto, alrededor de los cuales siempre flota cierta superstición. Al finalizar las tres rondas se cuentan las piedras del bol de cada lanzador para conocer al ganador. Si hay empate entre varios lanzadores se prosigue el juego con ellos, hasta que sólo queda un vencedor. Cuando milagrosamente logras tumbar todos los trucos has logrado la jugada denominada bakla, y puedes lanzar de nuevo sumando a tu total todos los trucos que tumbes en una ronda adicional que se te otorga. Pocos salvo los más ancianos afirman haber visto una bakla en su vida. El cornotruco es endiabladamente complicado en la práctica, precisando una combinación de fuerza y destreza sin igual que debe usar con inteligencia los rebotes del corno y las caídas de los propios trucos. Hay infinidad de lanzamientos y técnicas con nombre, como por ejemplo el lanzamiento serpiente (que intenta un zigzag entre los trucos).

La picaresca está a la orden del día. No es extraño ver algunos de los trucos cargados de peso en su base o en un lateral, sin ir más lejos, lo cual no está permitido. En cambio, el corno de cada jugador puede ser manipulado como se desee. El hierro como material para darle más peso al corno, por ejemplo, es una práctica común entre los pocos que se lo pueden permitir.

No hace muchos inviernos el lanzador Gerddis de Aguaclara descubrió en el propio río Púrpura una especie de piedrecillas o pepitas brillantes amarillentas de mayor peso incluso que el hierro (aunque muy blandas y por tanto inútiles para la forja de herramientas). Inmediatamente procedió a usarlas para darle más contundencia a su corno. Desde entonces ha notado una impresionante mejoría en sus lanzamientos.

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