Número: 103.     4ª época.     Año XVI     ISSN: 1989-6289

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Batalla espacial de Sashate

Día de la Paz de 3468

[Trama Deserción]

El almirante Cadariul era humano; un hecho significativo en una flota compuesta en su mayoría por tripulantes eisil. Él no se llevaba a engaño, sabía que en caso de fracaso, su condición de alienígena le convertiría en el culpable. De todas formas, sabía que los muertos no se preocupaban de su honor y allá en la capital del Pueblo Libre no había nadie esperándole, ni pareja, ni hijos y la mayoría de sus amigos comandaban otras naves bajo su mando.

Revisó la disposición estratégica de las naves por enésima vez. Sabía que había actuado de forma correcta, pero aún así, no dejaría de comprobarlo. Dos agrupaciones de naves, con rápidos destructores, se situaban en los puntos algir del sistema, por encima y por debajo del sistema. No era probable que el enemigo apareciera por esos puntos, pero no podía descartarlo. Otros tres grupos ligeros patrullaban a gran velocidad el exterior del sistema. Todos estaban preparados para converger sobre el punto de salto enemigo en cuanto lo detectaran. En aquellos grupos había acomodado a naves de La Marca y a naves de la RFP. No dudaba de su pericia en combate, pero no sabía como se coordinarían con sus eisil. Su presencia también justificaba su nombramiento como almirante de la flota. Y luego estaban los dos grandes grupos de batalla, con los acorazados, los cruceros y algunos destructores de escolta. Iban más lentos, pero, aún así, eran los objetos más veloces del interior del sistema. Su objetivo era servir de pantalla final contra el ataque enemigo a la estrella. Aquella no iba a ser una batalla espacial normal, la velocidad a la que iba a discurrir hacía inútil cualquier experiencia previa y, dudaba en secreto, los sistemas de puntería de las armas.

Los servicios de información de la RFP, esos extraños grupos exo, habían avisado que el enemigo estaba a punto de llegar. De eso hacía dos horas. No podía mantener a su gente en estado de alerta por mucho más tiempo.

Y apareció, fue una pequeña perturbación en el campo gravitatorio que fue detectada por boyas muy sensibles instaladas en el exterior del sistema y comunicadas vía EPR con el resto de la flota. De no haberlo hecho así, hubieran detectado su presencia demasiado tarde. Había aparecido por encima de la eclíptica (desde su posición) entre los dos planetas gaseosos. Si seguía su patrón de ataque, trazaría una trayectoria parabólica que le acercara a unos millones de kilómetros de la estrella y, desde allí, lanzaría uno de sus mortales proyectiles contra ella para que cuando esta explotara y matara a los doscientos mil millones de habitantes del sistema. La mayoría habitaban en el planeta Sashate, cercano a un cinturón de asteroides. Eran gente aguerrida, muy recia y hubiesen afrontado la situación con entereza, pero Ceimar, la líder de la UPL, consideró mejor no avisarles para evitar que cientos de naves civiles intentando huir colapsaran el tráfico militar. Sin embargo, por lo poco que Caradiul la conocía, es posible que lo hiciera porque pensara que los eisil combatirían mejor si la vida de millones dependía de ello.

Los grupos convergieron a la posición. Los más cercanos, Algir uno y Externo dos (con dos destructores de la RFP) serían los primeros en alcanzar al enemigo pero para ello habrían de esperar aún unas horas. Eso era lo peor de las batallas espaciales, esa tensa espera mientras las formaciones recorren los millones kilómetros como tortugas. Su propia formación, con el acorazado que hacía las veces de buque insignia, tardarían otras cuatro horas en alcanzar al objetivo. Este, mientras tanto, no parecía haberles detectado. Si los informes eran ciertos, el engendro de fabricación iroiendi carecía de sistemas de sensores y poseía una IA de combate bastante rudimentaria. Su potencia de fuego era su atributo más temible.

Externo dos, que avanzaba a favor de la gravedad fue ganando terreno a Algir uno y cien minutos después de la detección ya estaban en posición de disparo. Caradiul seguía la batalla por la información que las propias naves mandaban vía EPR, pero no tenía posibilidad de comprobar directamente lo que estaba pasando. La distancia era aún enorme y las señales tardaban minutos aún en alcanzarles. Sin el equipo de comunicación instantánea, también sería imposible impartir órdenes a las flotas, pero, por el momento, el almirante les estaba dejando operar con libertad.

La flota externa había adoptado una formación de cuña, los dos destructores de la RFP formaban la punta de ataque mientras que los cuatro de la UPL los flanqueaban arriba, abajo y en los laterales. Le gustó lo que veía porque esa formación permitiría a todas las naves disparar de forma simultanea. En su diagrama, las flechas que indicaban las posiciones de Externa y la del enemigo se juntaron. Pasaron unos segundos de completo silencio y los datos empezaron a fluir. La IA del puesto de mando interpretó los resultados y empezó a mostrar lo que había pasado. El objetivo se había girado contra los atacantes en el último instante y había lanzado una serie de torpedos espaciales contra sus agresores. Estos habían respondido al ataque con sus proyectiles cinéticos. La RFP Ademar se había llevado la peor parte. Había perdido el soporte vital y los motores estaban explotando en una secuencia descontrolada. En pocos segundos se convirtió en un amasijo de hierros retorcidos y radiactivos que se alejaba por su propia inercia. De los cuatro destructores de la UPL, dos habían resultados tan dañados que habían abandonado la formación y se alejaban hacia el exterior. Los otros dos habían perdido varias baterías de cañones y algunas cubiertas, pero podían mantenerse en combate. La RFP Milán había escapado casi indemne.

Unos minutos después, Algir uno atacó. Los ocho destructores adoptaron una formación más abierta en dos capas. Aquello reduciría su capacidad de disparar todo el armamento de forma conjunta, pero reduciría la efectividad del ataque de la IA iroiendi. Dos destructores destruidos y otros dos inoperativos fue el resultado de la pasada.

Segundos después, llegaron los informes de los sensores, la primera pasada no había hecho mella en el robot asesino. Cuando llegó el segundo informe comprobaron que había cambiado de dirección. Cerrando la parábola se dirigía directamente contra la estrella. El problema es que esa trayectoria haría que se cruzara con los desprevenidos sashatianos. Ambas formaciones se reagruparon para una tercera pasada, pero ahora iban por detrás del enemigo y les costaría alcanzarle algunos minutos.

Caradiul no estaba preparado para los informes de bajas, largos, impersonales, dolorosos. Los torpedos del robot eran capaces de atravesar los gruesos blindajes como si fueran de papel y la fuerza combinada de todo un grupo de combate no era suficiente para detener a ese... a esa cosa. Automáticamente, casi sin pensar, empezó a trazar trayectorias sobre su IA de apoyo y empezó a plantear un nuevo plan. El robot iroiendi parecía capaz de resistir el ataque combinado de 8 destructores. Ninguna nave era capaz de una hazaña así; debía cambiar de estrategia. Miró su plan, hizo varias simulaciones, asintió satisfecho y mandó las instrucciones a todos los capitanes de las flotas. Era un plan complejo, difícil de ejecutar para unidades que nunca habían combatido juntos, pero sólo tenían una oportunidad contra aquella cosa. Iban a golpearle, con todo lo que tenían, a la vez.

Las flotas empezaron a cambiar sus trayectorias y a ajustar sus velocidades. El mismo notó el peso de la aceleración en su asiento de mando. Su grupo de combate, uno de los más pesados, era también uno de los que tendría que acelerar más para alcanzar el punto de encuentro. Había puesto los motores del acorazado un poco más allá de sus capacidades, pero el capitán de la nave había afirmado que podrían hacerlo. Sería una larga hora de aceleración con los sistemas de gravedad luchando denodadamente contra las fuerzas que intentaban aplastarles.

Tenían dos naves exos a sus órdenes y si bien no tenían armamento para enfrentarse al robot en solitario, si lo tenían para evitar que se desviara de su trayectoria. Si no había detectado su presencia, aquellas naves le mantendrían ocupado. Las órdenes a la 501 y a la 603 fueron muy sencillas: "Hagan lo que puedan". Aquellas naves Victoria tenían una capacidad superior a la de los demás. Eran capaces de abrir saltos al subespacio en el interior de los sistemas y eran capaces de girar en el interior del mismo. Aquello era tecnología de la UPL se recordó orgulloso, pero ellos no tenían naves Victoria, unas naves que parecían especialmente diseñadas para esa misión.

Dos horas tardó el enemigo en llegar al campo de asteroides cercano al Sashate a cuya salida le esperaba la mayor concentración de naves de la UPL de la historia. Y durante esas dos horas, las dos pequeñas naves Victoria estuvieron acosando al enemigo. Aparecían a su espalda, le disparaban torpedos, hasta que los agotaron, y proyectiles cinéticos, y volvían a desaparecer en el subespacio antes de que los disparos del robot pudieran alcanzarle. Los informes eran claros, ningún ataque estaba teniendo efecto, pero sirvieron para que Cadariul descubriera una pauta. Aquello le dio una idea y, de nuevo, empezó a realizar simulaciones en su consola de combate. No era cierto que el robot no sufriera daño en los ataques, solo que los reparaba. Qué misteriosa técnica utilizaba para hacerlo, era algo que se le escapaba, pero durante algunas décimas de segundo, tras un impacto, el robot dejaba de disparar. Era sencillo, no había que descargar las armas de golpe sino en secuencia con diferencias mínimas entre cada disparo de forma que la IA sólo se preocupara en repararse. Si conseguían mantenerle así el tiempo suficiente, quizás sus bajas serían menores.

El robot les detectó. Posiblemente lo había hecho desde el principio, pero no por ello su maniobra fue menos sorprendente. Al pasar por el campo de asteroides, las naves Victoria dejaron de acosarle. Eran buenos con aquellos microsaltos subespaciales, pero hacerlo entre tantas masas era una locura. La máquina iroiendi empezó a disparar a las rocas que se encontraban más cerca, a kilómetros, de su trayectoria. Parecía como si se hubiera vuelto loca y hubiera confundido a aquellos fragmentos de colisiones estelares con enemigos, pero en breve, la táctica estuvo clara. Cada una de aquellas rocas salía del campo con una trayectoria muy precisa, contra el núcleo de los grupos de combate que intentaban cercarla. Incluso mandó algunas contra Algir uno y Exterior dos que aún la perseguían a su espalda. Exceptuando un ligero impacto contra la lenta LM Puño de Hierro, el resto de las naves esquivó los mortales proyectiles, pero, al hacerlo, rompieron la formación. En un instante, el robot estuvo rodeado de más de treinta destructores, cinco cruceros y dos acorazados que deberían haberle atacado en perfecta sincronización, pero que tuvieron que conformarse con disparar, sólo disparar.

Dos de aquellos proyectiles no tenían como destino la flota, sino que el robot los había lanzado contra el planeta. Quizás fue un error de cálculo o quizás fue intencionado. Hasta donde podía llegar la maldad de los programadores de aquel engendro. Cualquiera de aquellas rocas provocaría una catástrofe sobre Shasate peor que la de Rindhare. No necesitó dar ninguna orden, las dos naves Victoria ya llevaba rumbo de intercepción.

En la historia de la galaxia sólo había habido una ocasión en la que tantas armas espaciales habían disparado contra un solo objetivo, la batalla de Sashate la superó con creces. La máquina iroiendi conoció sus propias limitaciones y grandes fragmentos de su estructura se desprendieron como consecuencia de los impactos y se alejaron de ella a gran velocidad. Sin embargo, el precio fue muy elevado y Exterior uno y Exterior tres se llevaron la peor parte, incluso la propia nave de Caradiul había recibido graves daños. Cuando definió la estrategia, no sólo estableció el punto de encuentro, sino la forma en la que todos maniobrarían para perseguir al enemigo, si sobrevivía, cosa que había hecho. Central uno giró hacia la eclíptica, mientras que Central dos se separaba de ella para poder encontrarse de nuevo tras el enemigo. El acorazado UPL Kennell renqueaba tras la formación y le sería muy difícil volverles a alcanzar. Con él se perdía gran parte de su potencia de fuego. Algir uno reforzado con Exterior dos continuó acosando al enemigo con el que había igualado velocidad. Intercambiaron disparos en los interminables minutos que se sucedieron hasta que las dos formaciones centrales terminaron su maniobra. Varios destructores desaparecieron envueltos en llamas o se alejaron del combate incapaces de continuar disparando; sólo la RFP Milán quedó en pie aunque su telemetría decía que era imposible. Tenía fugas de radiación en varias cubiertas que, a su vez, habían perdido el soporte vital. La mitad de la tripulación habría muerto y el resto moriría si no abandonaba la nave en breve. Seguían luchando y Caradiul lamentó no ser más rápido.

Ambas formaciones convergieron sobre las posiciones de la Milán protegiéndola con su presencia de los disparos iroiendi, pero el destino de la tripulación ya estaba sellado.

Las naves menos dañadas de esta nueva y última formación guiñaron a estribor sin dejar de avanzar siguiendo al robot. De esta forma, exponían al enemigo todo su lateral, pero también lo ponían al alcance de todas las armas. Era el último y desesperado intento por acabar con él. La última andanada. Y, en apariencia, estaba teniendo resultado. El robot ya no respondía a su fuego con la misma intensidad sino que estaba reconstruyéndose, parecía formar una coraza posterior mientras continuaba avanzando hacia la estrella de Torousme.

Todo fue inútil. Los disparos combinados de la renqueante flota impactaban contra la coraza que parecía crecer por momentos. Cuando el robot superó la órbita de Ywe, el abrasador planeta interior del sistema donde sus habitantes intentaban sobrevivir, disparó su torpedo estelar, destinado a colapsar la estrella.

Caradiul pensó que estaba todo perdido.

La RFP Milán escapó de la formación. De alguna manera sacaron energía a sus motores, a los que les quedaban, y aceleraron contra la estrella. La gravedad les dio una enorme velocidad; era un picado mortal del que no podrían recuperarse. Adelantaron al robot, que también se dirigía a ese mismo destino, y este disparó todas sus armas contra ellos. Quizás debería haberles fulminado, pero la estructura de aquel destructor estaba hecha con un material más fuerte que el acero, con el mismo material que se construyen las leyendas. Segundos después, la Milán chocó contra el proyectil destructor de estrellas y ambos desaparecieron con el brillo de una nova. La onda expansiva destruyó a la maquina iroiendi, trasladar su blindaje contra la parte posterior no le ayudó en esta ocasión, e inutilizó la telemetría y las comunicaciones de toda la flota, de todo el sistema estelar.

Cuando los equipos de holovisión del planeta dejaron de trasmitir su programación, los habitantes fueron conscientes, por primera vez, que algo estaba pasando, la batalla de Sashate había concluido.