Número: 250. 4ª época. Año XXIII ISSN: 1989-6289
Estoy más que seguro que en un solo artículo no podré expresar todo mi agradecimiento a esta afición. ¿Por dónde empiezo? Quiero acordarme de aquel adolescente inquieto y nervioso de dieciséis años que empezó su frikismo duro en una tienda que se abrió en frente de su colegio en una travesía de Madrid. Los culpables de que entrase ahí fueron mis amigos del colegio (jamás lo he llamado instituto, no me sale de dentro). ¿Juegos de mesa no convencionales?¿Juegos de rol? Mundos desconocidos para mí en aquel entonces y que ahora son una parte intrínseca de mí, especialmente la parte del rol. Admito que de juegos de mesa ando muy perdido con las novedades y decir decir que hace años que no compro uno.
De hecho empezó siendo al revés: los juegos de mesa eran los que más ocupaban mi estantería. Poco a poco se invirtió la cosa y ahora tengo mi propia estantería llena de manuales, suplementos, módulos y campañas de rol. Libros de diversos tamaños, temáticas, sistemas… Los PDF y el contenido digital serían otra estantería si me pusiese a imprimir; es cómodo pagar por un libro digital y tenerlo como refuerzo en las partidas (sí, soy de esos). No tengo la roloteca más grande que alguien haya podido ver, pero me siento muy orgulloso de ella. Además, para qué mentirnos, hay planes de expansión (cada vez que hay una novedad que me gusta, suele ocurrir cada x meses).

Y creciendo…
Los juegos de rol me han transportado a mundos y universos que solo ellos podrían mostrarme de esa manera. Y eso solo cuando los leo. Ahora imaginad cuando juego o dirijo. Eso no es un viaje, es directamente vivir otras vidas. Sentir y respirar lo que los personajes sienten y respiran. He sido un guerrero humano, un explorador elfo, una gnoma paladín, una diplomática, una samurái, un cabo ranger, un sargento marine, un oficial de una flota galáctica, una agente del FBI, una policía de Nueva York, un detective en una ciudad ficticia, un rolero de los 90 en España, un mago en una escuela, un vampiro, un matón de una banda, una asesina… Y me dejo una buena cantidad de personajes, tanto propios, creados de cero por un servidor, como ajenos ya creados y que solo tenía que darles vida en mesa.
Cuando me siento a jugar y a llevar un solo personaje me siento parte de una novela en la que soy uno de los protagonistas. Mi camino no estaba escrito como en un libro convencional, y eso siempre me ha enamorado. En los videojuegos de mundo abierto me lo gozo, como podréis comprender: esa libertad de elegir caminos y que el destino lo forje yo mismo. Los juegos de rol van allá, pues al final en un videojuego tienes las limitaciones de la jugabilidad y de las opciones que te permite el juego. En el rol siempre tengo más opciones y soluciones a disposición, aunque algunas se sientan imposibles o complicadas de llevar a cabo.
Y cuando todo parece imposible, los dados lo hacen posible. Esos poliedros en los que muchos pensamos han decidido el destino de demasiados personajes, lugares y mundos enteros. Desde el "no te ligas a la hija del tabernero" hasta el "salvas a toda la raza humana." ¿Cuántas veces habremos soplado a los dados porque da suerte? ¿En cuántas ocasiones habremos gritado toda la mesa celebrando la tirada clave de una partida? Contaré una de mis mejores anécdotas celebrando un resultado de una tirada: la druida y mi explorador se estaban enfrentando a un archidruida malvado. Tan dura fue la pelea que el contrahechizo que hizo mi compañera hizo que el enemigo se convirtiese en piedra. Salté a la terraza y celebré como si fuese un futbolista abrazado a mi compañera. Parecía que nos había tocado la lotería
También hay reacciones en el sentido contrario, por supuesto. Hasta insultos a los dados he llegado a oír (y seguro que alguno mío habrán oído). Aún recuerdo la tirada que condenó a ese mismo explorador que en sesiones anteriores derrotó a un archidruida, y es que un troll le pilló desprevenido y de dos golpes contundentes le fulminó. Era mi primer personaje en una campaña larga (y tan larga, una vez llegamos a jugar unas diecisiete horas seguidas). Estuve una hora (pudo ser más) tirado en un sofá asumiendo su caída: una parte de mí murió con aquel aventurero. Menos mal que mis compañeros de mesa estuvieron ahí para consolarme.
Hablando de la gente, ese es uno de los mayores tesoros que el mundo de los juegos de rol me ha dado: he conocido a gente maravillosa que se ha sentado conmigo a vivir aventuras. Amistades, parejas, autores, editores, ilustradores, creadores de contenido en redes… Y que no se me olvide mencionar las jornadas de rol, los eventos, los clubes, las asociaciones, los bares lúdicos, las tiendas, etcétera.
Da igual la edad, el signo político, la profesión, el origen… Jugar al rol ha unido a mucha gente, y espero que por muchos años siga siendo un nexo de unión en este mundo en el que vivimos. Me encantaría decir que vivimos en un mundo maravilloso en un momento espléndido de la historia, pero me mentiría. Benditos juegos de rol, que por un rato nos evaden de la realidad y nos permiten hallar gente afín con quienes divertirnos.
No puedo irme sin mencionar mi faceta de escritor, pues hubo y hay proyectos como esta revista que a lo largo de los años me han dado, me dan, y espero que me sigan dando la oportunidad de transmitir mi cariño por este hobby tan genial.
Sabía yo que no iba a expresar todo lo que los juegos de rol me han aportado… No pasa nada. No sé si me daría para un libro, pero como resumen está bien. Solo rezo para que esta afición siga en pie por muchos años y que pueda seguir disfrutándola junto a más gente.
