Número: 252.     4ª época.     Año XXIII     ISSN: 1989-6289

252 > Equipo > Naves > Alas de Cuivien (Eri). Por: Nacho Conesa

 

Alas de Cuivien

Navegar por el Vacío es muy diferente a hacerlo por la superficie de un lago. La navegación es más estable, ya que solo los vientos muy fuertes zarandean los navíos voladores tanto como para que se note movimiento en la cubierta. Además, está el tema de la tridimensionalidad. A pesar de que un navío apenas puede separarse unos metros del nivel del Vacío estás variaciones pueden ser importantes y suponer la diferencia entre llegar a un lugar determinado o morir en el intento.

Sin duda la historia de la navegación por el Vacío es la historia de Cuivien, uno de los más orgullosos reinos elfos. Se debe entender que casi la totalidad de la información histórica fiable es posterior a la Guerra de los Portales. Durante una larga temporada tras este conflicto cualquier persona que se viese husmeando demasiado tiempo entre libros podía encontrarse con una turba armada persiguiéndole para colgarle del árbol más cercano. Por tanto, poco se sabe de la historia de la navegación antes de la Guerra. En cualquier caso, para cuando la historia volvía a escribir sus páginas una nación gobernaba el Vacío, la República de Cuivien. Sus barcos sembraban el terror entre sus vecinos y amenazaban con extenderse por todo el Poniente. Mucho se ha hablado sobre cuáles fueron las circunstancias que propiciaron ese domino de los elfos sobre el resto de las naciones de su entorno. Los estudiosos más sesudos apuntan como causa la gran fragmentación de reinos que existía por aquel entonces pero cualquier aeronauta digno de tal nombre responderá sin dudarlo que aquello que dio a Cuivien el dominio del aire fueron las Alas de sus barcos. Originariamente las alas eran un par de mástiles gemelos que surgían perpendicularmente al casco y en cuyo extremo se ubicaba un gran tronco de tillium. Estas alas proporcionaban al navío una estabilidad adicional, ya que cuando la nave escoraba la fuerza que el Vacío ejercía sobre el tillum la hacía retornar a su posición de equilibrio.

Alas de Cuivien. Imagen Creación propia

Alas de Cuivien. Imagen Creación propia

Sin embargo, las alas tenían sus inconvenientes. Primero imposibilitaban al navío para cizallar los remos del enemigo con efectividad. Además, en el improbable caso de que el navío volcase, luego era prácticamente imposible volver a ponerlo en su posición original. Algunas naves llegaron a usar alas plegables, que permitiesen al navío extenderlas cuando necesitaba estabilidad para luego recogerlas cuando se fuese a entrar en batalla cerrada o en un puerto especialmente angosto. Fue durante esta época cuando Largion Calafen, uno de los aeronautas más famosos de todos los tiempos, desarrolló lo que más tarde se conocerían como las Plumas. Las plumas eran unas velas especialmente diseñadas para desplegarse a lo largo de las alas. Aunque no aumentaban significativamente la estabilidad del barco, llegando incluso a disminuirla para vientos ascendentes, sí que conseguían un efecto hasta entonces inexplorado. Al tener una superficie vertical de vela el capitán Calafen conseguía variar la altura de su navío con relativa facilidad, aunque teniendo que renunciar a colocar tillium en los extremos, perdiendo por tanto su función estabilizadora. No obstante, la capacidad de variar la altura, le permitía la superioridad táctica de sobrevolar otros navíos tanto para evitar el combate como para abrirse paso entre una línea de galeras hasta el buque insignia. Pronto los navíos de Cuivien comenzaron a instalar plumas en sus alas, eliminando el tronco de tillium del extremo y permitiendo a estas desplegarse a no más de 45º del casco.

Operar las plumas es todo un desafío y hay pocas tripulaciones lo suficientemente osadas para hacerlo. Parte de la maniobra necesita que el aeronauta abandone el casco de la nave, asegurando que una caída le arrojará al insondable Vacío. Normalmente, estos aeronautas, llamados aleteadores, van siempre provistos de un chaleco ligero de tillium que asegure que, si pierden el pie, no se precipitarán eternamente en una caída sin fin, sino que quedarán flotando a varios metros por debajo del nivel del Vacío, confiando en ser rescatados.

Actualmente casi todas las naciones de Eriloe han adaptado el invento de Calafen para sus flotas y raro es el navío de guerra que no lleva alas emplumadas. Las naves mercantes no emplean este artificio, contentándose con usar los estabilizadores convencionales, aunque eso les haga ganar el cruel epíteto de "desplumadas". Para ellas la maniobrabilidad que otorgan no compensa las posibles pérdidas de estabilidad, además de que los buenos aleteadores están muy cotizados, estando al alcance solo de las marinas de guerra de las distintas naciones.

El uso de las alas puede emplearse tanto para permitir una rápida variación de la altura de navegación en el Vacío como para ganar algo de estabilidad. Algunas naves incluso mezclan los dos tipos de alas, emplumadas y sin emplumar, No obstante, solo los capitanes más intrépidos se atreven a navegar con ese tipo de naves, difíciles de gobernar pero con unas increíbles prestaciones.