Llego hasta aquí










Hipnos
Semilla de aventura para Rol Negro
Isabela Torres siempre ha tenido la sensación de que en su memoria falta algo. No un recuerdo concreto de la infancia que se haya desdibujado con los años, ni una escena que simplemente se haya olvidado. Es algo distinto, es un hueco claro y delimitado, como una página arrancada de un libro que por lo demás está intacto.
Sabe que ocurrió cuando era joven, en algún momento entre los dieciséis y los dieciocho años. No recuerda el lugar exacto ni las circunstancias. Solo la sensación persistente de que algo pasó entonces y que, de algún modo, su mente decidió no conservarlo.
Durante años ha intentado ignorarlo. Pero con el tiempo la ausencia se ha vuelto más incómoda. Pequeños detalles alimentan la sospecha: una canción que le produce una angustia inexplicable, un barrio que evita sin saber por qué, una fotografía familiar donde ella aparece tensa, mirando fuera de cuadro.
Hace unas semanas decidió comentarlo con una amiga cercana. No buscaba soluciones, solo compartir la inquietud. La conversación se quedó en eso… hasta que unos días después la amiga le habló de alguien que podría ayudar. No era un psicólogo. No exactamente. Esa un hipnotizador.
El nombre del hombre no era especialmente conocido. Según la recomendación, atendía a algunas personas en sesiones privadas, más cercanas a la hipnosis terapéutica que al espectáculo. No tenía clínica visible ni página web elaborada. Solo un teléfono y una dirección en un edificio discreto de oficinas.
Isabela dudó al principio, pero la idea de recuperar ese recuerdo perdido era demasiado tentadora. Y concertó una cita para un mediodía cualquiera.
La consulta resultó ser una sala sencilla: un sillón cómodo, una mesa baja, una lámpara cálida. Nada extravagante. El hipnotizador parecía un hombre normal, incluso anodino. Le habló con tranquilidad, le explicó que muchas veces la memoria bloquea eventos traumáticos y que la hipnosis podía ayudar a rodear ese bloqueo sin forzarlo.
Isabela recuerda sentarse en el sillón. Recuerda que él le pidió que respirara despacio. Y recuerda que se quedó dormida.
Cuando abrió los ojos, estaba en el sofá de su casa. Era de noche. La televisión estaba apagada, las luces del salón encendidas, y su bolso estaba en una silla cercana. Durante unos segundos pensó que había estado durmiendo después del trabajo. Luego notó algo extraño: una especie de confusión suave, como si hubiera olvidado un sueño importante.
Poco a poco reconstruyó lo que sabía. Había ido a ver a un hipnotizador. Lo recordaba con claridad… pero no podía recordar quién era. No recordaba su rostro, su nombre, su voz ni la dirección de la consulta. Era como intentar recordar la cara de alguien que solo se ha visto en un sueño.
Intentó llamar a su amiga para preguntarle por el contacto. Entonces descubrió algo peor. No recordaba qué amiga se lo había recomendado. Y a las que les comentó si habían sido ellas, siempre la misma respuesta, "no sé de qué me hablas"
Isabela conserva todos los recuerdos previos a la cita y todos los posteriores… excepto cualquier cosa relacionada con la persona que la recomendó, el hipnotizador y la sesión. Sabe que ocurrió. Tiene certeza absoluta de que fue a esa consulta. Pero no puede reconstruir nada.
Hay otro detalle que la inquieta más que el resto: la sensación persistente de que el motivo original por el que buscó la hipnosis ya no tiene sentido. Como si la preocupación que la llevó hasta allí hubiera desaparecido junto con los recuerdos.
No recuerda por qué quería recuperar aquel momento de su juventud. Y eso, más que tranquilizarla, la aterra.
La mesa de juego se puede involucrar en la historia de varias formas: como amigos o conocidos de Isabela, preocupados por su situación y dispuestos a ayudarla a reconstruir lo ocurrido, investigadores privados contratados para localizar al hipnotizador desaparecido, terceros interesados en el mismo hipnotizador, que podrían haber sufrido pérdidas de memoria similares, ...
Posibles líneas de investigación
Durante la investigación, los jugadores descubrirán que encontrar al hipnotizador no es sencillo. La dirección donde supuestamente estaba su consulta ahora alberga otra oficina. Nadie recuerda haberlo visto trabajar allí. El número de teléfono ya no existe.
Sin embargo, empiezan a aparecer pequeñas pistas: recibos, cámaras de seguridad, registros de acceso al edificio, antiguos pacientes que recuerdan haber pasado por experiencias extrañamente parecidas.
La verdadera cuestión puede que no sea solo qué ocurrió en el pasado. Es qué hizo Isabela durante la sesión para que alguien decidiera que no debía recordarlo jamás.