Nº: 174 . 3ª época. Año VI
Medidas: Hueso de la Vinkana Por: Olef, hijo de Oleg
 
 
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Hueso de la vinkana

En las chozas y cuevas de los chamanes no es raro encontrar un hueso largo con diferentes hendiduras y zarcillos atados en ellas. Suele tratarse de un fémur, pero si el animal es especialmente grande, puedes otros huesos de las extremidades. Sobre el hueso se realizan una serie de marcas, no muy profundas, que se reparten a partes iguales, de forma aproximada, desde la parte más gruesa del hueso de un lateral hasta la otra. Hay más de una mano de manos de hendiduras y la que queda en el centro suele estar pintada de color rojo o negro. Algunos huesos de la vinkana están más decorados, pero son la excepción. Trabajo de chamanes con tiempo libre.

Cada noche que pasa, el chamán (en realidad, alguno de sus ayudantes) ata un zarcillo verde a una de las hendiduras, de izquierda a derecha. La noche siguiente a la última, lo que hace es cortarlas todas y dejar la primera. Esta, la primera, suele ser una cuerda trenzada y adornada porque nunca se quita del hueso.

Los chamanes hacen esto para controlar el ciclo nocturno y saber cuándo será la próxima vinkana (la noche de más luminosidad). Esa noche es la que la cuerda del hueso está sola en el mismo. Cuando las ataduras llegan a la hendidura central marcada de negro o rojo, es la morkana, la noche más oscura.

Preparar el hueso de la vinkana suele marcar el paso del aprendiz al chamán y es un ritual personal en el que se debe seleccionar el hueso, cocerlo y eliminar cualquier resto de carne del festín previo. El hueso se entierra en cenizas de madera durante varios días (lo que le da una apariencia envejecida) y después, en su primer ciclo, el futuro chamán va haciendo una marca cada noche desde la vinkana hasta la siguiente. Terminado ese primer ciclo, cubre el hueso con aceite y lo deja varios puños absorbiéndolo mientas trenza una cuerda que atará a la primera hendidura cuando acabe el proceso del aceite. Esa noche, que será la de la vinkana, el chamán deberá realizar un ritual de agradecimiento al animal que le cedió el hueso para que su espíritu no se enfade e intente recuperarlo. Tras la ceremonia, el hueso se puede usar normalmente.

 
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