Nº: 120 . 3ª época. Año VI
Ojos de Clara: 1x06 - Cargas Familiares (2) Por: Francesc Almacelles
 
 
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Anteriormente...

[...] han pasado cinco años de la muerte de Pedro. Cinco años de su asesinato [...]

[...] Nhung, vietnamita, ha conseguido llegar a España, y concretamente a Cunia, en busca de su hermano Thanh [...]

[...] hace horas Leopoldo Cifuentes no atiende ninguna llamada [...] descubrimiento de su cadáver en un solar abandonado [...]

[...] debió de llegar como ilegal en algún contenedor [...] con toda seguridad llegó al puerto de Cunia [...]

[...] familia más o menos lejana que está al otro lado de la ley [...] aún controla el paso de mercancía ilegal por el puerto [...]

[...] en el despacho de Leo, recogiendo sus pertenencias [...] destaca un post-it con unas letras y números [...]

[...] Enrique Romero [...] 'empleado' del CNI en Cunia [...]carácter osco y mirada torva [...] a veces contrata los servicios de la agencia [...]

[...] ojea la carpeta [...] ve de nuevo el post-it con la serie de letras y números [...] se pregunta si podrían ser de un contenedor [...]


1x06 - Cargas familiares (2)

Clara hace días que ha dejado los asuntos de la agencia en manos de sus empleados. No sabe como abordar con tiento el tema del asesinato de su hermano Pedro y sus ideas de que la pista del post-it de Leopoldo le lleva hacia el puerto… y su familia lejana con su vida mafiosa.

A dado largas a la agencia diciéndoles que últimamente ha dormido muy mal, que las pesadillas recurrentes sobre Pedro la han agotado y que necesita una pequeña temporada para desconectar de todo y volver a ser la de siempre.

Alonso si ha conseguido que le contara exactamente que le pasa, que ideas cruzan por su cabeza. Demasiada empatía con Clara, y demasiados motivos para estar a la última de las investigaciones sobre Pedro lo tienen siempre alerta. La deriva hacia el puerto no le desagrada, y el tema de que piense que los Campoamor del 'lado oscuro' pudiesen estar involucrados le gusta. Siempre puede alimentar sus sospechas por un lado, y por otro ponerle cierto freno al hacerle ver que si su familia lejana pudiera estar involucrada es un tema muy delicado y peligroso…

Sus pesquisas iniciales con trabajadores del puerto sin ninguna afiliación poco clara conocida no le acaban de concretar nada. Esas letras y números no les parecen de ningún contenedor. Pero claro, tampoco aseveran categóricamente nada.

Como bien teme Clara, un día que se encuentra desayunando en un bar cercano al puerto, se le sienta a la mesa su primo lejano Alejo, uno de los hijos del difunto Adrián Campoamor. Y tras unas frases de cortesía vacías de contenido, pero tensas, le pregunta si no había solucionado ya el tema del contenedor de material oriental que había perdido

Los inquisitivos ojos de Alejo no le hacen dudar que lo mejor es explicarle la verdad, o al menos la gran mayoría… acusarles de haber asesinado a Pedro no le parece una idea muy bueno. Le comenta que de un caso muy viejo, archivado sin solucionar, de cuando vivía su hermano, le da vueltas al post-it que le enseña y que le hace dudar si no podrían ser una matrícula o número de serie de algún contenedor de los que circularon por el puerto.

Si así fuera, y fueran responsables de la muerte de Pedro, está claro que se estaría metiendo en la boca del lobo. De la manada entera, quizás. Aunque por el lado positivo, sea lo que fuere, saldrá de dudas pronto.

Alejo mira un momento el papel, frunce las arrugas de la frente y pareciera que se pudieran ver los engranajes de un reloj funcionando. Al final le comenta que esa combinación no le parece de ningún container, que es bastante corta para las que llevan estos. Aunque podría asegurarlo si consultara antiguos registros de la fecha que dice Clara se supone el caso.

Sin caso tiempo de reacción le dice que para ir rápido y finalizar con esta duda sin tardanza la acompañe a las oficinas. En ellas podrán salir de duda sin dilación.

Clara no sabe si realmente va hacia el matadero, o si realmente esta acompañando a su primo a verificar la hipótesis. Solo sabe que se le ha acelerado el corazón y que sus manos de delgados dedos han decidido sudar copiosamente.

Tal como le había dicho, llegan a las oficinas en el puerto y tras un búsqueda meticulosa de varias horas pueden asegurar sin ninguna duda que no corresponde a ningún container, ni se le acerca de modo alguno. Con un frío adiós Clara se encuentra fuera del edificio.

Si bien no ha sufrido daño alguno y ha podido constatar que la pista con la que trabajaba era errónea de pies a cabeza, un vacío le invade de nuevo.

Ha vuelto nuevamente a la casilla de salida. Un viento helado para la época le hace estremecer.

 
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