Nº: 118 . 3ª época. Año VI
Relatos: Y que no te guste Por: Pedro-Juan Ferrer Matoses «Vehrka»
 
 
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Y que no te guste

A lo lejos se oía el sonido del agua, pero no supe identificar de dónde venía. Sé que estoy cerca del mar, se nota el salitre en el ambiente, casi noto el sabor salado en la lengua... pero que yo sepa no está tan cerca como para oírlo.

A la derecha y a la izquierda solo habían filas y filas de árboles, esta era una zona repoblada, puede que después de algún incendio, puede que porque alguien la explotara para papel, que se yo. El caso es que en los años que habían pasado, los árboles estaban muy crecidos, pero bajo ellos no parecía que se animara a crecer nada. Era curioso, en el Mediterraneo siempre crece el sotobosque, aunque sea de rastreras, lo decía el profesor de botánica de la carrera.

Alineándome correctamente con la trama de los árboles podía ver a bastante distancia casi en cualquier dirección, o en cualquier dirección moviéndome tan solo unos pasos. Pero no conseguía encontrar de dónde carajo estaba saliendo el ruídito como el del mar. No veía un estanque o un pantano, aunque allí, a lo lejos se estaba poniendo un poco borroso. Me moví alternativamente a la derecha y a la izquierda, prestando especial atención a ver si en alguna de las dos direcciones sonaba el agua más fuerte. Pero no tuve suerte, como tampoco la tuve andando un poco hacia adelante. Decidí quedarme quieto y escuchar con más atención, ahora parecía como si el agua fuera un rumor un poco más intenso.

¿Qué sentido tiene esto? ¿si me estoy parado suena más?

Noté un olor como a quemado ¿algodón? no sé, algún tipo de textil, como cuando arrimas demasiado la manopla de la cocina al fuego y se quema, pues algo así.

Intenté dar un paso más, pero me encontré que ahora estaba de rodillas.

¿Y cuando carajo me he arrodillado?

Pero a la vez que lo preguntaba, me dí cuenta de que el bosque se inclinaba vertiginosamente rotando de manera brusca 90 grados... hasta que mi cara no impactó en el suelo no me dí cuenta de que acababa de estampar, cayendo todo lo largo que era y sin haber hecho ningún intento de para el golpe con las manos.

Después volví a oír el sonido del mar, y poco a poco se hizo la oscuridad y ya no oí nada.

- Joder, el jefe lo quería vivo, menuda destroza acabas de hacer.

- Bueno, el jefe lo querría vivo, pero este cabrón ha estado a punto de volarnos los sesos a ti, a mi, y al que se le hubiera plantado delante. Y para terminar, después de pegarle los dos tiros se nos pone a hacer bailecitos por el puto bosque, izquierda, izquierda, derecha, derecha, delante, detrás, un, dos, tres ¿de qué cojones iba eso?

- Y yo que sé, la gente a veces hace cosas muy raras cuando les pegas un tiro en el pecho.

Se miraron a la cara y uno de los dos saco un paquete de tabaco del bolsillo interno de la chaqueta y se echo un pitillo a los labios. Se palpó los bolsillos de la americana y después metió la mano en un bolsillo del pantalón con cara de «por qué carajo no dejaré el mechero siempre en su sitio», finalmente se encendió el piti.

- ¿Y ahora qué? - dijo mirando al otro y encogiéndose de hombros.

- Y ahora no empieces un puto incendio forestal.

- Me refiero al fiambre.

- Pues yo que sé ahora qué, lo cargamos en el maletero tal cual está y buscamos una cabina para llamar al jefe a ver que quiere que hagamos con él.

Se miraron unos segundos poniendo cara de «vaya mierda de jueves nos ha tocado»

- ¿Llevas plásticos en el maletero?

- Y yo qué sé si hay plásticos en el maletero, que mierda de preguntas haces, cuando hemos levantado el coche no me he parado a contarle las tuercas a la rueda de repuesto.

- Jesús, que cruz. El próximo trabajo voy a pedirle al jefe que me ponga con «el Mono».

- Si claro, para que te amplíe el agujero del culo, déjate de chorradas y cógelo por los pies y yo lo cogeré por los brazos. - Se pusieron manos a la obra - y cuidado cuando lo subamos al maletero, que como deje rastros de sangre en el parachoques los vas a limpiar con la lengua.

- Que te den... Y que no te guste.

 
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