Número: 106.     4ª época.     Año XVIII     ISSN: 1989-6289

106 > Aventuras > 1808 > Don José (1808). Por: Don Toribio Hidalgo

 

En la madrugada del 14 de febrero de 1810, dos figuras embozadas se reúnen en la niebla en medio de un campo de labranza que parece abandonado o en barbecho. Una de ellas le da un sobre a la otra y esta, en silencio, lo recoge. Junta sus manos alrededor de él y parece musitar unas palabras, como una oración; tras un breve instante, el sobre desaparece bajo sus ropajes y ambas figuras se separan.

Don José

Esta partida, que lleva el nombre de uno de sus personajes principales, está pensada para un grupo de personajes encargados de las tareas policiales en una población. No la hemos ubicado en ningún sitio concreto, porque entendemos que es fácilmente adaptable a cualquier ciudad que conozcas o en la que jueguen tus personajes. Observarás que la partida tiene una trama poco habitual en 1808 y quizás sea fácil de adaptar a juegos como Rol Negro. Esta decisión responde a dos motivos: mostrar que las partidas de 1808 no tienen que ir siempre de matar franceses y evitar que la tecnología se adueñe de la investigación. Sin embargo, eres libre de adaptarla a juegos de época más contemporánea si te apetece.

La partida se ha escrito pensando que los personajes de los jugadores tendrán nacionalidad española, pero se podría jugar con personajes franceses o ingleses (o con una mezcla de nacionalidad). Solo tendrás que tener cuidado con las reacciones de la población local. Es más difícil que colaboren con un francés, aunque sea la autoridad policial en la zona, que con un inglés y este, a su vez, lo tendrá más complicado que un español. Eso, los franceses, por ejemplo, tendrán recursos intimidatorios que no estaría bien que los usaran los españoles (salvo que deseen ser acusados de afrancesados, claro).

Eleuterio Rodríguez (el difunto)

Eleuterio es un conocido periodista de la localidad. Sus columnas, que siempre firma como "Ele", en el periódico El Pregonero son bastante populares. Es un escritor de mucha calidad y un investigador bastante inquisitivo. Sus detractores le acusan de ser amigo de los franceses, de colaborar con los guerrilleros, de lamer las botas de los ingleses, de cualquier cosa; un signo bastante claro de su independencia periodística. Eleuterio es un periodista integro en una época en la que la integridad del periodismo aún no se ponía en duda.

Por desgracia para Eleuterio, comienza nuestra historia ya muerto. Se encontró con su asesino en un estrecho callejón cercano a su residencia (la taberna de El Cojo) y sin testigos le propinó un navajazo en las tripas, mortal de necesidad y muy doloroso.

Los personajes se encontrarán con el muerto en su ronda nocturna o bien , si lo prefieres, serán avisados por alguna vecina de la zona que llegará corriendo hasta ellos. Desde el primer momento, los personajes deben tener claro (y si es necesario refuerza esa sensación con la intervención de algún oficial superior) que se encuentran ante un problema grave. Eleuterio era una persona respetada en la villa y su muerte no va a agradar a mucha gente. Es importante descubrir al culpable, pero es aún más importante dar la sensación de que la autoridad se toma el caso en serio. De no hacerlo, los ánimos se encenderán y es posible que tengan entre manos una algarada o, peor aún, una revuelta.

Tus personajes sabrán (diles directamente que lo saben) quién era Eleuterio (un famoso periodista), dónde trabajaba (en El Pregonero) y donde residía (en la Taberna de El Cojo). Además, como tendrán que esperar a que vengan a por el cuerpo, sabrán que la muerte de Eleuterio será, rápidamente, la comidilla de la localidad. Un grupo de unas 20 personas, todos varones adultos excepto una meretriz y un jovenzuelo, observarán murmurando las evoluciones del carro y la gente que se lleva el cuerpo. Incluso se molestarán si Eleuterio no es tratado con suficiente respeto.

Primeras pesquisas

Carlos de Filler

El redactor jefe de El Pregonero se llama Carlos de Filler. Es un ilustrado (o un afrancesado que dirían en la época). Cree con firmeza en el poder de la prensa y de la información. Es un revolucionario que aún cree en los ideales de la Revolución Francesa y en aquello que los gobernantes deben gobernar para el pueblo. En ocasiones, sus ideas chocaban con algunos artículos de Eleuterio, pero sabía que era su columna la que mantenía a flote el periódico. Si anunciaban un artículo de él, la tirada se vendía muy bien; cuando no lo llevaba, el periódico flojeaba. La muerte del periodista supondrá, casi seguro, la muerte del periódico local.

[Nota: los periódicos de esta época no son como nuestros diarios actuales. En realidad consistían en unas pocas páginas con artículos principalmente de opinión o satíricos que se vendían realmente baratos (aunque el papel era caro y casi todo el precio era por culpa del papel). Su alcance era muy local y su frecuencia muy errática].

Si los personajes quieren hablar con Carlos de Filler enseguida (es de noche), tendrán que ir a buscarles a casa. Les recibirá somnoliento, molesto y, al final, se verá afectado por la noticia. Si esperan a la mañana, le podrán encontrar en las oficinas del periódico (un pequeño local con escasa ventilación donde se almacenas las resmas de papel, las cajas con los tipos móviles y una imprenta de hierro forjado con aspecto de estar muy sucia. En este momento está imprimiendo un nuevo periódico que en su portada lleva un artículo sobre la muerte de Eleuterio y una fuerte crítica contra la falta de seguridad. Arremete duro contra las fuerzas de orden público (es decir, los PJ) y es un poco incendiario.

Carlos de Filler no tiene ningún motivo para no colaborar con los personajes (salvo que ellos se lo den), pero no es mucho lo que puede aportar Eleuterio era muy reservado con sus casos y con sus fuentes y hasta que no terminaba una investigación no le decía casi nada. Les dirá donde reside (por si los personajes no lo sabían), les comentará que una mujer de la taberna era una especie de "amiga" (sí, lo dirá con retintín, porque cree que es una de sus fuentes) y les dirá que pensaba que su siguiente investigación era sobre el Convento de las Carmelitas porque le había preguntado si conocía a alguien en el interior.

Carlos de Filler no recibirá la carta de Eleuterio hasta el segundo día. Seguramente, cuando los personajes hablen con él por primera vez desconozca su existencia. Cuando la reciba, avisará a los personajes mandando a un aprendiz de su taller.

Mario Mariscal

Mario, nadie le llama Mariscal, es el dueño y regente de la taberna El Cojo. El nombre no debe llevar a engaño pues dicha taberna es una especie de hostal bastante apañado. La planta baja está dedicada al bar donde, además de bebidas (alguna no aguada servida por sus hijos) sirven excelentes guisos (cosas de la mujer y de la hija de Mario). Mario es un guerrillero o lo hubiera sido si no fuera por la responsabilidad de cuidar de su familia, por el local, por su edad (y porque aquél día era jueves y no le venía especialmente bien). No le caen bien los franceses, ni los que colaboran con los franceses (donde entran los PJ) y tampoco se fía mucho de los ingleses (que son extranjeros) y, si le apuras mucho, no le gustan los que no son de su pueblo, esos son los únicos de fiar.

Eleuterio le gustaba (aunque no era "local") y llevaba ya varios años residiendo en la posada sin dar problemas. A veces se retrasaba un poco en el pago, pero era porque estaba enfrascado en alguna de sus cosas de periodista y se le olvidaba; cuando se lo recordaba, siempre pagaba. Era generoso y muy atento con su familia y sus clientes. Sí, a veces le había visto en compañía femenina, pero nada serio o permanente y sí, a veces traía a gente al local y charlaba con ellos en el bar. Eso estaba bien porque eran clientes que se dejaban sus buenos duros.

Mario les contará, sin muchos problemas, que Eleuterio tenía una amiga que es frecuente del local (la señalara porque estará presente), que se reunía en ocasiones con chavales en una de las calles laterales de la posada (no sabrá porqué - hay algunas cosas que uno prefiere no saber), y que la noche de su asesinato salió de la posada después de cenar bastante engalanado. "Entiéndanme" les dirá "no iba vestido de domingo, pero se había arreglado algo más de lo normal".

Lo que Mario no contará salvo que le presionen (le amenacen) o demuestren que sean muy de fiar (pegar a unos franceses serviría) es que Eleuterio le entregó una carta para que la echara a Correos al día siguiente sin falta. A él se le olvidó entregarla (maldita sea su estampa), pero cuando se lo comentó a su mujer (él no sabe leer), ella le advirtió que la dirección era la del periódico y pensó que podía subsanar su error llevándola personalmente (lo que quiere decir que mandará a uno de sus hijos a hacer el trabajo mañana mismo).

Isabel Adélez

Isabel es la mujer que observaba el cadáver de Eleuterio en el callejón cuando los personajes se lo llevaron al depósito, también es la amiga de Eleuterio mencionada por Carlos de Filler y también podrán llegar a ella si le preguntan al dueño de la taberna. En la época actual la definiríamos como una mujer moderna, liberal y dueña de su propia vida; para su desgracia, Isabel ha nacido 200 años antes de lo debido. No es prostituta, pero no le importa que mucha gente lo crea. Es una intelectual, sabe leer, escribir (y esto último lo hace muy bien). En realidad, Eleuterio y ella eran una especie de dúo. Él investigaba y sacaba a la luz las cosas y luego ella se encargaba de poner en orden sus ideas y plasmarlas en un escrito coherente. En otras palabras, en realidad, el escritor "Ele es ella. De hecho, siempre les pareció una broma graciosa.

Isabel no les contará que es la escritora tras el seudónimo de Ele, pero sí les confesará que Eleuterio tenía mucha confianza con ella y que sí sabía lo que estaba investigando. Les hablará de Francisca, una pobre joven del barrio que fue a dar a luz al hospital de las carmelitas y que, desgraciadamente, murió en el parto [Nota: morir dando a luz no era muy raro en esta época, pero sí era raro ir a un hospital a hacerlo]. Eleuterio estaba convencido que en aquel alumbramiento había habido algo raro. Le extrañó mucho que en aquel entierro no hubiera un ataúd pequeño para el recién nacido y que no hubiera un recién nacido.

[Nota: los jugadores podrán pensar que si el niño no fue bautizado, no podía ser enterrado en el cementerio y que por eso, madre e hijo, no fueron enterrados juntos. Sin embargo, es raro que el cura, era un hospital católico, no hubiera aprovechado para hacer un bautizo rápido al recién nacido.]

Les contará que Eleuterio creía que el niño estaba vivo aunque le habían dicho a todo el mundo que había muerto con la madre, antes del parto y tenía alguna idea de dónde podía estar, aunque, Isabel lo siente mucho, eso no se lo dijo.

Lo que sí les dirá es otro de los "secretos" de Eleuterio. Tenía una especie de red de informadores en toda la ciudad. Se valía de los jóvenes pilluelos locales para que le informaran de todo lo que acontecía en la ciudad. En ocasiones les mandaba vigilar a alguien o vigilar un local y siempre les recompensaba con alguna moneda si le llegaba buen material.

[Nota: Sherlock hizo lo mismo en el Londres victoriano años después]

Historia de Francisca (por si los PJ se interesan y le preguntan a Isabel)

Francisca era una joven mujer que enviudó al poco de quedarse embarazada, no tenía familiares en la localidad y solo gracias a la caridad de Don José (el terrateniente local) había podido sobrevivir en su difícil situación. Su difunto marido trabajaba para Don José caballerizo y había muerto por culpa de un caballo desbocado que le había pisado la cabeza (en realidad, Isabel sospecha que no fue un accidente). Vista la situación en la que quedaba la mujer (embarazada y sola) y dado que el fallecido era un trabajador suyo, Don José había decidido que trabajara unas horas al día en la cocina y le había prometido que tras dar a luz y reponerse, podría seguir trabajando en la hacienda.

Alfredo (solo Alfredo)

Alfredo es el cabecilla del grupo callejero con el que Eleuterio se enteraba de muchas cosas. Es un personaje muy interesante, huidizo, suspicaz y si los PJ se fijaron en el callejón, era el muchacho que estaba mirando cómo se llevaban el cadáver. La muerte de Eleuterio le ha afectado mucho y, aunque no le gusta que se note, en realidad es un niño. Llorará desconsoladamente si le presionan un poco.

Eleuterio les había pedido que vigilaran la hacienda de Don José, pero no les dijo por qué debían hacerlo. Eleuterio no les daba explicaciones y ellos tampoco las pedían. Era un tipo honrado, de los que cumplen siempre su palabra. Será difícil que Alfredo confíe en los personajes (no dejan de ser policías), pero si saben ganárselo les contará que no habían descubierto muchas cosas. En los días que habían vigilado:

- El padre, Don José, no había salido de sus dominios. No es habitual verlo en la localidad salvo en asuntos oficiales del ayuntamiento (y esos rara vez son públicos).

- El hijo mayor salía todas las noches. Habían intentado seguirle, pero se movía a caballo, fuera de los caminos y le perdían todas las noches. Le habían visto rondar por la zona del hospital, pero allí hay algunos bares y no está lejos de la zona de las meretrices.

- El hijo menor lleva varios días recibiendo mercaderes locales. Parece como si estuvieran preparando una fiesta. Por las toquillas y los adornos, Alfredo cree que es un bautizo. Han visto al hijo pequeño fabricando una cuna en el porche de la casa.

Si los PJ pagan a Alfredo por la información, quizás ganen unos aliados para el futuro. Si no le pagaran, ganarán un enemigo. Alfredo no pedirá dinero por su soplo; entiende que los hombres de verdad no necesitan esas explicaciones.

Tirando del hilo

Sor Úrsula

Esta madura mujer es la comadrona del hospital de las carmelitas y está presente en todos los nacimientos del hospital. Es muy competente, muy piadosa y tiene un genio de mil demonios (aunque esté mal el decirlo). Si la tratan con amabilidad, les corresponderá de igual forma, pero si entran acusándola de asesinato, de vender bebes y esas cosas, le echará del hospital y les amenazará con excomulgarles (es algo que no puede hacer, pero lo dice muy convencida).

Reconocerá que estuvo hablando con Eleuterio, pero no que le contara nada. Les explicará que le dijo, como ahora le dirá a los personajes, que las carmelitas no pueden chismorrear sobre lo que ocurre en el interior del hospital. Es un lugar religioso y las pacientes que acuden a él, generalmente con pocos medios, merecen respeto y discreción. Reconocerá que algunas madres dejan a sus hijos en adopción y que las hermanas se desviven por encontrarles un buen acomodo. Y sí, a veces, los padres adoptivos se sienten en la obligación de hacer un donativo a la iglesia. Es posible que alguna hermana, excediéndose en sus obligaciones, hay hecho la sugerencia, pero no es un pago por la venta de niños, es una donación a cambio de un servicio a los padres y a los niños, quienes con sus verdaderos padres no tendrían ningún futuro.

Les contará, si se interesan por su trabajo, que ella asiste a todos los nacimientos, excepto que sean complicados. En los alumbramientos complicados es Don Benito quién se encarga. Las instalaciones del hospital son limpias y están bien preparadas (gracias a los donativos) y algunos médicos traen a sus pacientes al hospital para que den a luz aquí (mejor que en casas mugrientas o cochiqueras). Don Benito suele hacerlo también.

Respecto a la mujer que murió, Francisca, poco puede decir. Ella no estaba en el parto, ni lo asistió. Don benito se encargó de todo y por lo que sabe, el niño estaba muerto antes de nacer (de hecho, no llegó a nacer) y la madre murió envenenada por el niño que se había muerto dentro de ella. Un asunto muy desgraciado, confesará, esa pobre familia donde han muerto todos en espacio de pocos meses.

Don Benito Prego (el médico)

Responsable de la salud de la localidad, a Don Benito le gusta más llevarse bien con la gente pudiente que atender a las clases humildes. Reparte mucho tiempo entre las casas de los poderosos, especialmente Don José, el ayuntamiento y el casino de la localidad, donde él y el párroco son una temible pareja de dominó (un juego importado de Francia). Si le buscan, atiende a los parroquianos. No les cobra, pero acepta lo que buenamente puedan darle (que generalmente son cosas buenas del campo que ayudan a mantener su perímetro de cintura).

Don Benito les contará, sin problemas si le invitan a alguna cosa en el casino o si se muestran respetuosos con él, que atendió a la pobre Francisca en su horas finales. La mujer no estaba de parto. Si acudió a verle es porque se mareaba y había empezado a sangrar. Gracias a su experiencia supo que el niño estaba muerto mucho antes de que ella llegara a su casa (era de noche) y en realidad, no había mucho que pudiera hacer por él. Sabía que tenía que sacarlo del interior de ella y por eso la llevó al hospital de las carmelitas. Allí hay material quirúrgico mucho mejor que el de su casa y el hospital está más cerca que la consulta. Todo fue inútil, el niño había envenenado la sangre de la madre; se puso morada, empezó a sangrar por la boca, por los ojos, por todos los orificios de su cuerpo y murió. Don benito será muy específico en los detalles y estos será escabrosos y sangrantes (nota: está mintiendo; el exceso de detalles puede delatarle).

Don Benito es el cómplice necesario para que toda esta trama tenga lugar y nunca sabremos si Francisca murió en el parto o él ayudó a que muriera desangrada. Y sí, el niño nació y las carmelitas lo entregaron en adopción a la familia Fuentebrava.

Don José Fuentebrava

Don José Fuentebrava es el terrateniente propietario de casi todas las tierras de la localidad. Es un hombre anciano que se ha casado en dos ocasiones, aunque sólo tuvo hijos con su segunda mujer. Temerosos de Dios, piadoso y bondadoso, es bastante respetado por sus vecinos. Sabe que no es uno de los Grandes de España, pero sabe que su trabajo es fundamental para el sostenimiento de la economía local y nacional. Sin sus campos, sus jornaleros, sus ganados todos, quizás menos él, pasarían hambre. Su padre ya poseía esa hacienda y él ha intentado conservar las tradiciones y el buen nombre de la familia todo lo que ha podido.

Don José no sabe nada de lo que ha pasado. Conoce el nombre de Eleuterio y lo describirá como un revolucionario, pero no ha tenido el "disgusto" de conocerlo (Don José está un poco chapado a la antigua). Si le cuentan que ha muerto, supondrá, sin ningún remordimiento, que se ha matado en alguna disputa con sus compañeros revolucionarios, incluso sugerirá que investiguen a ese director del periodicucho local. Reconocerá, si le presionan un poco, que su nieto es adoptado, pero no dirá más. Explicará a los personajes que es un tema privado (y con privado quiere decir: "no es de vuestra incumbencia y si se lo contáis a alguien haré que os trasladen lejos de aquí"; puede hacerlo).

El señorito José Fuentebrava

Hijo menor de los Fuentebrava es, según todo el mundo, el vivo retrato de su madre. De pelo rubio, facciones agradables y ojos claros parece alguien salido de un cuadro y puesto en la casa de los Fuentebrava. Querido por todo el mundo, tiene la imagen de no haber roto un plato en toda su vida; y es cierto, parece como si a alguien se le hubiera caído un bote de bondad mientras lo fabricaban. Atenderá a los personajes con mucha amabilidad y si le acusaran de asesinato se mostraría muy sorprendido. Él no es el asesino y no sabe quién puede ser. En su familia nadie tendría trato con un señor de esas características, compañía de bebedores, editores y gente de mal vivir en general.

Si señalaran a su hermano como el asesino, dirá que es imposible, pero en sus ojos se adivinará que no cree en lo que está diciendo; una pequeña sombra de duda que intentará ocultar cortando la conversación en ese momento.

Si le preguntan si su hijo es adoptado, lo reconocerá, pero les pedirá discreción; no es algo que quiera que se sepa. Su mujer había tenido ya varios abortos y el médico de la familia, Don Benito, les dijo que no podría tener niños (de hecho, es un milagro que sobreviviera al último aborto; los médicos eran un poco carniceros en esta época). Fue Don Benito, quién trabaja en el Hospital de las Carmelitas, quién les propuso adoptar a un niño.

El señorito Fernando Fuentebrava

En todas las familias hay un elemento díscolo, alguien que no se ajusta a los patrones de sus padres y que se cree con derecho a actuar de otra forma; Fernando es ese elemento. Le gustan los caballos, el vino y las mujeres, por ese orden y siempre que puede (generalmente por la noche) abandona las obligaciones de la hacienda y recorre tabernas y burdeles buscando diversión. Su padre cree que es una etapa pasajera (él también ha sido joven) y que sentará la cabeza muy pronto. Se empeña en presentarle mujeres de clase alta, pero él las encuentra aburridas, prefiere el ganado local.

Tratará a los personajes con soberbia, sintiéndose superior y como posiblemente le pillen montando a caballo, ni siquiera se molestará en bajar para hablar con ellos. No aceptará nada ni explicará nada y lo máximo que dirá es: "ese es un asunto que no les concierne. Si mi padre se enterara que van ustedes haciendo esas preguntas por ahí mandaría que los desollaran" Si le acusan directamente, llamará a los criados y caballerizos y harán que les expulsen. Al día siguiente, los personajes tendrán que dar muchas explicaciones en el cuartelillo y terminarán trasladados al peor sitio posible. Es el precio de acusar a un Fuentebrava sin pruebas

Nota: Lo has adivinado, Fernando es el asesino

El final

Es posible que los personajes ya se hayan hecho una idea de lo que ha pasado tras hablar una vez con todos los personajes, pero si no ha quedado claro, lo resumimos cronológicamente:

La carta

Tus personajes pueden desentrañar el misterio sin llegar a localizar la carta, la última carta, de Eleuterio, pero si la tienen en su poder, podrán utilizarla como consideren adecuado.

Admirado Carlos,

si estás recibiendo esta carta es porque no he podido interceptarla en ese buzón que siempre olvidas revisar y si no lo he hecho es que algo me ha sucedido. Esta noche voy a reunirme con una persona y no estoy muy seguro de estar haciendo lo correcto. Espero que nada me pase, pero si me ocurriera, quiero que sepas lo que está pasando.

Empecé investigando la muerte de una mujer embarazada en el hospital de las carmelitas. Al principio sospechaba que había habido negligencia por parte de Don Benito, ya sabes que ese hombre nunca me gustó; sin embargo, pronto vi que había cosas que no encajaban. Me he visto obligado a hacer una cosa de la que no me siento orgulloso, la pasada noche desenterré el cuerpo de la pobre mujer y he podido comprobar que el no hay ningún niño en el ataúd, ni junto al cuerpo de la madre ni en el interior de ella; es algo que espero no volver a hacer en toda mi vida. Le pregunté a Don Benito por ello, pero no supo responderme e intentó dármela con jerga técnica.

Creo que el niño ha sido robado y la madre asesinado. Tal indigno acto no puede quedar sin nuestra denuncia. Si no volviera o si me sucediera algo, investiga a las familias pudientes que tengan un niño en las próximas semanas. Entre ellos estará el culpable de tal atrocidad.

He recibido una nota anónima para que nos veamos para hablar de este tema. Aunque no es la primera que recibo algo así, esta vez me da mala espina. Aquí hay gente involucrada en puestos muy elevados y no suelen ser amigos de las conversaciones.

Tu amigo:

Eleuterio

PD: Cuida a Isabel, la mujer de laque te he hablado, por mí. Descubrirás que es una mujer muy inteligente y muy preparada. Pídele que te escriba algo para el periódico. Te llevarás una grata sorpresa

"Desfacer" el entuerto

No es fácil. Una cosa es que los personajes sepan quién es el asesino y otra muy distinta es que puedan prender al culpable. No tienen ninguna prueba (a excepción de la carta) ni nada que justifique el arresto. En realidad, su principal objetivo, que la gente les viera interesados por la investigación, ya lo habrán conseguido. Detener al culpable no es importante; si lo intentan es que en el interior de su pecho aún arde la llama de la justicia, algo muy loable, estúpido, pero loable.

Fernando es intocable. No pueden ir a la hacienda y detenerlo. Si lo intentan, Don José les azuzará a los perros (y a todos los que tengan cerca) y los echará a patadas de sus propiedades y al día siguiente les llegará la carta de traslado a ultramar (creo que hay una comisaría en Tierra de Fuego). Podrían intentar engañar a Fernando, sacarlo de la hacienda y detenerlo, pero en cuanto se enterara Don José, acudiría a hablar con el jefe de los personajes, liberaría a su hijo y también terminarían en la Tierra de Fuego.

Hay tres personas en la historia con autoridad suficiente para provocar la detención de Fernando:

Es posible que tus jugadores ideen un final alternativo. Si es así, te agradeceremos que nos lo comentes para que podamos añadirlo a la aventura. Por ejemplo, se les podría ocurrir comentar el caso con su superior y que fuera este el que hablara con los Fuentebrava. Nosotros hemos considerado que el superior les diría que sí, no hablaría con los prebostes locales y luego le diría a sus hombres que ya estaba todo solucionado, que el caso se había cerrado.

De todas formas, el objetivo es que los personajes se vean enfrentados a una situación por encima de sus capacidades, enfrentados a personas poderosas con bajos instintos; un dilema entre el instinto de supervivencia y la justicia, todo ello mientras la guerra ruge a su alrededor.