DESDE EL SÓTANO
Nº: 182 . 3ª época. Año III
E01 - Nunca digas que el mañana no nacerá Por: Francesc Almacelles
 

3x00 Nunca digas que el mañana no nacerá

1ª Parte: Durmientes

Informado desde la sede del CNI en Madrid, Enrique Romero se pone tras la pista de una posible célula terrorista en Cunia. Una vez identificadas dos personas de posible pertenencia a ésta decide pedir ayuda a Clara y su agencia. Sabe que la profesionalidad de esta y su personal le reportaran información cuanto menos de interés. Y hace bastantes meses que no se ven. No estaría mal volverse a ver, y comprobar cómo se encuentra tras su secuestro.

Les deja el trabajo de seguir a estos posibles miembros mientras él se encarga de recabar información internacional que pueda ser de utilidad. Al cabo de uno días Clara le entrega su informe donde apunta que lo poco que ha podido deducir parece indicar que si que actúan como un célula, pero no terrorista, ni tampoco parece que se dedican a actividades delictivas clásicas como narcotráfico, atracos,…

Al poco Enrique empieza a volverse paranoico. Tiene cierta sensación de que está siendo observado, como si el cazador fuera ahora también presa. No consigue identificar nada concreto, sigue siendo solo una sensación. Pero tiene el radar muy sintonizado. Algo de la investigación le tiene mosqueado.

Una noche, volviendo a su casa, y en una calle ciertamente concurrida, son fiestas de navidad y año nuevo, sufre un aparatoso percance. Él sabe que ha sido atacado. Una luz centelleante, desorientación, un golpe fuerte,… pero para el resto de transeúntes simplemente parece que en el barullo de la calle ha sido empujado con la mala suerte de caer de mala manera al suelo.

Convencido, ahora sí, de que tiene que ver con su investigación de la posible célula esa misma noche intenta acceder a un pequeño almacén cerca de los muelles donde han identificado que se reúnen sus componentes.

Una vez dentro, y después de un registro somero en penumbra, Enrique detecta una sombra en movimiento. Corriendo hacia ella, arma en ristre, ésta de repente se para y parece que le planta cara. Antes de que pueda reaccionar un inmenso destello de luz, de electricidad estática recorre todo el almacén, el cuerpo de Enrique.

Se hace la oscuridad y nuestro agente del CNI se encuentra en el suelo, con todos los músculos como acartonados, respirando con mucha dificultad.

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2ª Parte: Despertares

Transcurren para Enrique lo que parecen horas eternas. Cuando, abotargado, consigue moverse de manera tosca y lenta atestigua que ya es el día siguiente. Le vienen a la mente flashes de lo que intuye que ha ocurrido a su alrededor todo este tiempo. En ningún momento perdió la conciencia, aunque esta si estaba muy adormecida.

Cree recordar gente moviéndose a su alrededor y por todo el almacén. Ruidos de movimiento de objetos. Voces increpándose, discutiendo. Ahora diría que era acento extranjero. No es seguro.

Por lo que recuerda que vio, o intuyó, al entrar en el almacén y lo que puede observar ahora se han llevado bastantes cosas. Al estar en penumbra no puede recordar exactamente que era cada una de ellas. Casi seguro que algo de maquinaria, o de esa guisa, había.

A duras penas consigue volver a su casa. Durante dos días no puede hacer nada más que reponerse del estropicio que hicieron con su cuerpo y su mente. Ésta sana más rápido y aprovecha para indagar sobre la propiedad, o alquiler, del almacén. Tras pasar por varias sociedades pantalla, llega a lo que parece ser una empresa biotecnológica llamada Xphera, de raíces del este de Europa. Que parece casar con la sensación que tuvo que hablaban las sombras.

Consigue, no sin mucho trabajo, una relación de inmuebles en Cunia que son propiedad de Xphera, o están de alquiles, directamente como ellos o a través de otras sociedades. Un almacén, apartado y anónimo, atrae su atención. Parece estar viendo una versión del que ya tuvo su experiencia hace poco. Toma la determinación de cuando esté totalmente recuperado y en forma ir a visitarlo. Esta vez está sobre aviso y no volverá a caer en otra emboscada.

Tres noches más tarde se encuentra vigilando desde las sombras una pequeña puerta lateral del almacén, en una callejuela. Consigue ver trasiego de gente que entra y sale. Y de algunos que parecen no entrar por su propia voluntad.

Y está en uno de estos momentos cuando parece desatarse el infierno. Llega más gente, que en principio Enrique diría son del mismo grupo pero en pocos segundos, cuando el cruce de palabras sube de tono de manera ostentosa, no puede más que quedarse de piedra…

De los ojos de uno de ellos parece surgir algo parecido a unos rayos que impactan en otro, que empieza a arder al momento. Atrás alguien estira su brazo, con la mano abierta en su totalidad y en ese momento alguien sale despedido hacia atrás como si le hubiera golpeado un ariete…

Lo dicho, un infierno se ha desatado delante de Enrique, que lo mira petrificado…

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