Nº: 255 . 3ª época. Año VI
Semillas: Colmacuivië #2: El Espejo del Hostal del Camino Largo Por: Francesc Almacelles
 
 
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El Espejo del Hostal del Camino Largo

[C]Semilla de aventura para Eriloe

Posteriormente a su aventura en el Puente Gris (25383 Ver), en un interludio entre aventuras en su viaje, los personajes llegan al Hostal del Camino Largo, una posada conocida entre comerciantes y viajeros por encontrarse en una antigua ruta que conecta diversas localidades del Reino de Cargrum. Es un establecimiento respetable, de esos que han visto pasar generaciones enteras de mercaderes, peregrinos, soldados y aventureros. El lugar parece tranquilo y acogedor, pero su propietario está preocupado por una serie de sucesos que amenazan con arruinar su reputación.

Desde hace varios meses, algunos huéspedes aseguran haber vivido experiencias difíciles de explicar durante su estancia en el hostal. Hablan de breves e inquietantes sensaciones: reflejos fugaces de personas que no deberían estar allí, la impresión de sentirse observados cuando están solos o el reconocimiento, por apenas un instante, de rostros pertenecientes a familiares o conocidos fallecidos hace mucho tiempo.

Estos episodios, tan discretos como perturbadores, han comenzado a extender cierta mala fama del establecimiento entre comerciantes y viajeros, hasta el punto de que el posadero, temiendo perder su clientela, decide pedir a los personajes que investiguen el origen de aquellos extraños sucesos.

Para los aventureros esta situación puede recordar inmediatamente a la Campana del Puente Gris. Allí descubrieron uno de esos extraños objetos, que algunos estudiosos denominan ecos materiales, improntas o residuos emocionales. La campana parecía recordar antiguas tragedias relacionadas con el puente. Quizá aquí se encuentren ante algo similar.

La investigación lleva a los personajes a descubrir que todos los sucesos parecen tener su origen en un antiguo asesinato cometido en el hostal décadas atrás, durante una violenta pelea que hizo añicos el gran espejo de una de sus habitaciones. En lugar de desecharlo, los fragmentos fueron reutilizados en distintos elementos del edificio y, desde entonces, las extrañas experiencias de los huéspedes parecen concentrarse precisamente allí donde permanecen incrustados, como si aquellos restos conservaran un eco de la tragedia ocurrida tiempo atrás.

La situación pronto deja de ser una simple curiosidad para convertirse en un problema serio. Mientras algunos huéspedes abandonan el hostal convencidos de que el lugar es peligroso, otros acuden atraídos por los rumores, alterando la tranquilidad del establecimiento. La tensión aumenta cuando una acaudalada comerciante asegura haber reconocido entre los extraños reflejos el rostro de un hombre que intentó matarla años atrás y exige registrar el edificio, sembrando la desconfianza entre los presentes.

Al mismo tiempo, uno de los empleados comienza a describir con inquietante precisión a una mujer desconocida que aparece fugazmente en los reflejos, sin saber que su aspecto coincide con el de la víctima del antiguo asesinato, lo que amenaza con desencadenar el pánico y enfrentamientos entre huéspedes y vecinos.

La investigación puede conducir a los personajes a reconstruir los acontecimientos del pasado. A medida que identifican los fragmentos del espejo repartidos por el edificio, descubren que cada uno parece conservar una parte diferente de aquella noche. No se trata de recuerdos completos ni de visiones precisas, sino de impresiones fragmentarias: un rostro asustado, una mano empuñando un cuchillo, una discusión, una puerta cerrándose de golpe.

Quizá el conflicto más delicado surja cuando aparezca un coleccionista de antigüedades que ha oído hablar de los fenómenos. Este hombre está dispuesto a pagar sumas considerables por adquirir los fragmentos del espejo. Sostiene que los objetos con memoria son piezas únicas de valor histórico excepcional. Sin embargo, otros consideran que comerciar con ellos es poco ético o incluso peligroso.

Los personajes deberán decidir cómo actuar. ¿Deben retirar todos los fragmentos y acabar con las manifestaciones? ¿Es preferible conservarlos como testimonio de un acontecimiento olvidado? ¿Existe realmente algún riesgo o todo se debe a la sugestión provocada por la fama creciente del lugar?

 
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