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Ceremonia de sangre
[C]Semilla de aventura para Rol Negro
La ciudad amaneció empapelada con invitaciones discretas pero insistentes: una ceremonia privada en el viejo Hotel Mirador, un lugar venido a menos que aún conserva el prestigio de los viejos tiempos. La novia es Leyla Arambarri, hija única de una familia dedicada oficialmente a la importación de mármol y materiales de construcción. El novio, Iñigo Beltrán, pertenece a una saga de abogados influyentes, conocidos por defender siempre a la gente adecuada. El enlace parece un movimiento natural entre élites. Demasiado perfecto.
El rumor empieza a circular por ciertos lugares de Cunia. Leyla no quiere casarse. Nunca ha querido. Y no solo eso: alguien asegura que mantiene una relación secreta con otra persona, alguien completamente inaceptable para su familia. Un nombre que no debería pronunciarse en voz alta.
La mesa de juego puede ser contratada por distintas partes: un familiar preocupado que quiere "evitar un escándalo", un socio que teme que la boda tape algo más grande, o incluso por la propia Leyla, que busca una salida que no acabe con alguien muerto. Porque en Cunia, las bodas importantes no se rompen sin consecuencias.
Si investigan a los Arambarri, pueden descubrir que el padre de Leyla, Kemal Arambarri, no es solo un empresario respetable. Hace veinte años estuvo implicado en una guerra soterrada por el control del puerto, una guerra que dejó varios cadáveres y un apellido borrado de la ciudad: los Etxeberria. Oficialmente arruinados, extraoficialmente aniquilados.
El problema es que el supuesto amante secreto de Leyla es, o podría ser, Asier Etxeberria, que no debería existir. Cambió de nombre, de vida y de rostro, pero no de rencor. Trabaja ahora como intermediario en negocios grises, siempre cerca del agua, siempre vigilando Cunia desde fuera. Y Leyla lo sabe todo. O casi todo.
También podrían descubrir que la madre de Leyla, Maite Arambarri, juega a dos bandas: aparenta ser una víctima del marido, pero en realidad fue ella quien ordenó el final de los Etxeberria. Y no piensa permitir que el pasado vuelva en forma de romance juvenil.
Es posible que alguien más conozca esta relación y esté dispuesto a usarla. Fotografías, grabaciones, mensajes antiguos… todo apuntaría a un chantaje bien construido. El objetivo no es solo dinero: quieren que la boda se celebre. Pase lo que pase.
Mientras tanto, el novio, Iñigo, no es tan inocente como parece. Él también sabe que Leyla no le ama, pero el matrimonio es una pieza clave para su familia: unir los apellidos les daría acceso a viejos contratos públicos y, sobre todo, a secretos enterrados. Iñigo está dispuesto a cerrar los ojos ante cualquier cosa… siempre que la ceremonia siga adelante.
A medida que se acerca la boda, Cunia se vuelve más densa, más tensa. Aparecen amenazas veladas, accidentes oportunos, viejos testigos que desaparecen. Uno de los PJ puede ser seguido. Otro recibe una llamada anónima con una sola frase: "No os metáis donde no os llaman".
Se comenta que Asier Etxeberria quiere huir con Leyla. Leyla duda. Ama a Asier, pero sabe que la ciudad no perdona a quien intenta marcharse sin pagar el precio.
La mesa puede verse obligada a elegir: ayudar a escapar a la pareja, entregar a Asier para evitar un baño de sangre, o jugar a tres bandas para que todos crean haber ganado… al menos durante un tiempo.
El clímax llega en el Hotel Mirador, si la boda llega a celebrarse. Invitados importantes, policías fuera de servicio, guardaespaldas mal disimulados. Sonrisas tensas y copas de champán que saben a amenaza.
Algo saldrá mal. Siempre sale mal.
Un disparo en un pasillo. Un cuerpo cayendo desde un balcón. Una confesión gritada demasiado tarde. Cualquier contratiempo es posible. Se encontrarán en medio cuando las máscaras se rompan y la verdad salga a la luz, aunque solo sea durante unos minutos.
Cuando todo termina, Cunia sigue en pie. Quizá la boda se celebre. Quizá no. Quizá alguien desaparezca y nadie vuelva a pronunciar su nombre. Pero una cosa queda clara: en esta ciudad, el amor es solo otra moneda de cambio, y la familia siempre cobra sus deudas.
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