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El asedio de Tarragona
El asedio de Taragona es uno de los episodios militares de la Guerra de la Independencia que merecen ser señalados como posible escenario de aventuras para el juego de 1808, por su duración, variedad de escenarios posibles e impacto emocional. No es objetivo de este artículo tratar en profundidad la historia de este momento de la guerra, sino pararnos en momentos puntuales del mismo que precisamente sirvan para montar partidas alrededor.
Los preparativos
Tras la exitosa toma de Tortosa, el general francés Louis Gabriel Suchet había puesto sus ojos en conquistar Tarragona, algo que había prometido al Emperador Napoleón, habiendo dedicado esfuerzos a reunir los medios materiales para esa tarea. El principal obstáculo para esto era su enemistad con el mariscal francés Étienne MacDonald, quien tenía otros planes. Por suerte para el general, a Napoleón no le hacía gracia MacDonald, mientras que solía mirar con aprobación las acciones de Suchet. Así, el 10 de marzo de 1811, el Emperador dio orden de dividir el ejército francés en Cataluña para que MacDonald contuviera a la principal fuerza española en Lérida, mientras Suchet se lanzaba a tomar Tarragona por asedio.
Habiendo conseguido un ejército bajo su control, Suchet pudo preparar todos sus preparativos para la marcha sobre Tarragona, al mando de 15.000 efectivos franceses, italianos y polacos.
Propuesta de aventura
Los personajes podrían intervenir como agentes de Suchet, llevando y trayendo mensajes que conspiren contra MacDonald, o acumulando en secreto víveres y armas del ejército francés en Cataluña para el asedio, sin que los mandos amigos de MacDonald les pillen.
El asedio
En esa época, las defensas de Tarragona eran importantes. A las murallas de origen romano se habían añadido fortines alrededor de la ciudad, desde los que se podía disparar artillería sobre cualquier atacante que se acercara. Además, en ese momento había una flota inglesa anclada, capaz tanto de disparar sus cañones también sobre las tropas enemigas como hacer llegar refuerzos de otros puertos.
Sus fortificaciones y puerto, junto con la toma de Barcelona, convirtieron a Tarragona en capital de facto de Cataluña. A ella se desplazaron refugiados, soldadesca, funcionarios, acuñadores de moneda, alumnos de la Escuela militar y efectivos de la escuadra de la Royal Navy, al mando del comodoro Edward Codrington.
Los franceses llegaron el 3 de mayo y el asedio comenzó dos días después. Siguieron una serie de asaltos al puerto y a fortalezas exteriores, así como salidas al combate por parte de la guarnición de Tarragona. A pesar de la fuerte resistencia de la ciudad, los franceses fueron logrando colocar sus trincheras cada vez más cerca y acercar los disparos de su artillería a las murallas. A finales de mes, la noche del 29 de mayo, las fuerzas napoleónicas se lanzaron en un peligroso asalto contra el bastión de Fuerte Olivo por dos puntos débiles, mientras tiradores y artillería servían de distracción. En uno de los ataques, las fuerzas francesas asaltante y las españolas saliendo al encuentro chocaron en la oscuridad, mezclándose. La artillería del fuerte no podía disparar por el riesgo de dar a los suyos. Más por suerte que por acierto, el peligroso plan francés tuvo éxito.

[F]Jean-Charles-Joseph Rémond (1837). Prise de Tarragone en Catalogne par le général en chef Suchet. Palacio de Versalles. Obra en Dominio Público
Con la caída del Fuerte Olivo, el marqués de Campoverde, Capitán General al mando de la defensa de Cataluña, propuso reunir un gran ejército de socorro para atacar la retaguardia del asedio. Anunció que partiría él mismo en barco en busca de estos refuerzos, junto con su personal y algunos de los habitantes más ricos de la ciudad. A la vez, el general Caro, que hasta ese momento había ejercido de gobernador, marcharía a Valencia con el mismo propósito, quedando con mando en plaza el general Juan Senen Contreras, recién llegado de Cádiz.
Campoverde consiguió reunir pocas tropas, unas seis mil, insuficientes como para intentar atacar la retaguardia de Suchet. Y la ayuda de Valencia, por desgracia, no llegaría hasta el 14 de junio, con solo 4.000 efectivos. Por su parte, Campoverde no regresaría y los barcos británicos partirían a Cádiz. Esto supuso un fuerte golpe a la moral de las fuerzas en Tarragona.
A pesar de ello, el asedio se prolongó durante el mes de junio. El día 21 de dicho mes, los soldados franceses lanzaron un ataque directamente sobre la ciudad, llevando el frente hasta los límites de la ciudad antigua. Su posición en altura, sobre en un saliente desde el que se domina el puerto, hizo que esta fase de la lucha se prolongara una semana más.
Propuesta de aventura
Los personajes pueden tomar el papel de soldados franceses, guardias de trinchera, luchando día a día para ir avanzando y abriendo paso para las fuerzas de tierra u húsares, aguantando los cañonazos enemigos y las salidas de las tropas enemigas.
Pero también sería interesante marchar como asistentes de los líderes y ricos que marcharon en busca de ayuda, formar parte de las delegaciones diplomáticas para conseguirla, ver el fracaso y sospechar de los motivos del marqués de Campoverde, hasta el punto de decidir hacer algo al respecto. Quizás incluso cambiar la historia para que este acabe en el fondo del mar.
Lucha callejera
El día 28 de junio se abrió una brecha en el muro de la ciudad y los franceses lanzaron un asalto que logró penetrar en el casco antiguo. En ese momento, se enfrentaron durante varias horas a la última resistencia, las Milicias Urbanas de Tarragona. Creadas el año anterior para aumentar las fuerzas de defensa de la ciudad, que ya había sufrido un asedio anterior, las milicias tenían labores tanto de vigilancia, como de defensa.
Aunque inicialmente se pretendía que fueran muchos más efectivos, el 18 de junio de 1810 formaban frente al sargento mayor Francisco María Villarejo, 2.500 milicianos, vestidos con pantalón azul, casaca y sombrero con escarapela. Comenzaron su labor organizados en dos batallones de 10 compañías cada uno, armados con fusil y bayoneta.
Durante el asalto final, serían las milicias quienes pelearían calle a calle, sin cuartel, replegándose de manera ordenada para resistir el máximo tiempo posible, provocar todas las bajas que pudieran en el ejército francés y proteger a los civiles guarnecidos en la Catedral. La última defensa sería en la plaza frente a esta, al pie de sus escaleras. En esa posición caería, horas después de que los franceses atravesaran la brecha, el último de los oficiales de la milicia.
Como ocurre a menudo con las ciudades que presentan una fuerte resistencia al invasor, las fuerzas napoleónicas se vengaron mediante el asesinato, las violaciones, el robo y la destrucción. El grado real de violencia depende de los cronistas pero se cuentan las víctimas civiles en miles y hay quien dice que en la ciudad quedaron solo unos cientos de españoles con vida, en su mayoría ancianos y niños. Según otros testimonios, se habrían ensañado especialmente con los civiles refugiados en el interior de la catedral. Se habla de palizas, sablazos, degollamientos y defenestramientos desde el campanario. Durante tres días habría habido más saqueos y matanzas.
Aunque puedan ser exageradas estas narraciones, el propio Suchet habría reconocido en su informe de los hechos al Ministro Imperial de la Guerra que en el último asalto se habrían producido “una horrible matanza” y un “terrible escarmiento” que según él ya habría previsto que “habría de hacerse”.

[F]Josep Serra i Porsón (circa 1880). Entry of the French to Tarragona. Historia de España ilustrada, volumen 6. Obra en Dominio Público
Las consecuencias del asedio para las tropas francesas fueron un mayor control de la región y la posibilidad para Suchet de avanzar sobre el levante. Para el bando español, la resistencia de Tarragona habría detenido al ejército francés de Cataluña durante todo el verano.
Propuesta de aventura
En este caso, creemos que es inevitable dar a los personajes el papel de milicianos resistiendo hasta el final. Sí, lo más seguro es que acaben falleciendo. Incluso conviene explicar a la mesa de juego que este sería el final natural, dada la situación. Sin embargo, puedes prometerles puntos extra para crear sus siguientes personajes en base a cuánto logren aguantar, cuánto se retrase la llegada de los franceses a la catedral. Incluso, irles dando nuevos personajes con los que resistir según caen los primeros. Finalmente, si os sentís caritativos, podéis darles la oportunidad de intentar sacar de la catedral en secreto a un grupo de niños con sus madres, llevarles por sótanos y callejones hasta el puerto o las afueras de la ciudad.
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