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El caso de la muerte del redactor-jefe
Llueve.
Toda esta historia transcurre bajo la lluvia de una oscura noche y su presencia apaga los ruidos y los casuales testigos que sacan a sus mascotas a la calle. Estamos cerca del río y la humedad se puede mascar como un invitado no previsto. Claudia Díaz, la policía que llegó primero al lugar del crimen, descubre al entrar en el vestíbulo de la revista, el cuerpo de la víctima en la parte baja de la escalera que sube a la primera planta. En el resto de la sala solo hay un mostrador para atender a las visitas y unos asientos donde estas esperan. A estas horas, ambos están vacíos. El fallecido, que más tarde sabría que es el redactor-jefe de la famosa revista de juegos Desde el Ático editada en la ciudad de Cunia, parece haberse precipitado escaleras abajo. La muerte parece reciente y lo primero que hace la agente Díaz es cerrar las puertas del edificio (por si queda alguien dentro para que no pueda salir) y avisar a sus compañeros de la comisaría 13.
En realidad, Díaz no está de turno, pero se dirigía a un bar de la zona, el Refugio, conocido por ser parada habitual de la policía federal. Iba a tomarse unas cervezas con los compañeros cuando le extrañó ver la puerta abierta de las oficinas de la revista. Imaginaba que dado que celebraban su publicación 250 (la ciudad está llena de anuncios y habían salido en varios medios de prensa por ese motivo) que la oficina estaría cerrada a esas horas. Entró temiendo un robo, pero descubrió un accidente (más tarde se descubriría que era un crimen).
Algunos redactores aún trabajaban en el sótano de las instalaciones. Parte de la plantilla ya estaba en los actos festivos preparados por la editorial, pero algunos redactores estaban ultimando sus artículos de la revista 251. Ellos trabajan en una especie de entresuelo como a media planta por debajo de la entrada principal. En la primera planta están los despachos del redactor-jefe (RJ), el maquetador y el compositor, así como la sala de redacción (donde hacen las reuniones). Salvo el fallecido, el resto de los ocupantes habituales no estaba en el edificio.
Llegada de los PJ.
La agente Díaz informa de un accidente en las oficinas de la revista y los equipos sanitarios se acercan y certifican la muerte del redactor-jefe. Los PJ pueden ser policías que han sido llamados para investigar las circunstancias (la revista celebra su número 250 y la muerte de su principal responsable es motivo suficiente para dedicarle unas horas y despejar cualquier duda). Pero también pueden ser investigadores contratados por la editorial en cuanto se han enterado de la muerte. ¿Y cómo se han enterado tan pronto? Cualquiera de los redactores que están en el edificio puede haber llamado a los «jefes» cuando la policía les avisa de lo que ha pasado, pero, por otro lado, son una editorial de noticias: ¡enterarse antes que nadie de lo que pasa ES su trabajo!
Es un asesinato
Si no fuera un asesinato no tendríamos un caso, claro. Tus jugadores parten con la ventaja de saber esto, así que primero tendrán que demostrar que no es un accidente, que RJ no se cayó por la escalera por las prisas de ir a echarle la bronca a alguien o irse a la fiesta de la editorial.
Por fortuna, esto no será difícil, pero es el primer paso importante para la investigación. Las pistas:
- la pierna derecha de la víctima muestra una herida recta en el tobillo, como a unos 15 centímetros de altura desde el suelo. [Es la herida que le provoca el cable de nylon reforzado con el que se tropezó].
- hay un clavo de tapicero en el suelo de la recepción como a unos 10 metros de la barandilla de la escalera, cerca de los asientos. [Es uno de los clavos que sujetaban el cable de nylon. Nota: si los PJ no lo ven, el criminal lo hará desaparecer en cuanto lo vea].
- hay un agujero en la madera de la barandilla del primer escalón de la escalera. También hay un agujero en la pared de enfrente. [Son donde estaban los clavos que sujetaban el hilo de nylon].
La conclusión es que RJ murió al caer por la escalera, pero que su caída no fue un accidente. Alguien quería que muriera y que no pareciera un asesinato.
Cuando se descubra que es un asesinato, Claudia Díaz que había permanecido en un rincón con discreción hasta ese momento, dirá que ella descubrió el cadáver y tomó las primeras medidas (cerrar el edificio) y que aunque entiende que no es su investigación, se quedará para seguirla. Argumentará que ya que está de uniforme, puede quedarse. A su jefe de la comisaría no le importará. Nota: en las insignias del uniforme se puede ver un 13 por el número de la comisaría. Ella misma se lo dirá si quieren llamar a su jefe para pedirle permiso. Que se quede o no es decisión de los PJ.
Además de la herida de la pierna, el cadáver presenta varias contusiones y por la temperatura del cuerpo se puede afirmar que ha muerto poco antes de la llegada de la policía Díaz.
En la escalera hay machas de sangre en algunos escalones y, también, pequeñas manchas de agua (nota, esta es una prueba importante, no se la escatimes a los PJ). Además, están los agujeros del primer escalón que hemos mencionado.
Por otro lado, el redactor jefe está vestido con abrigo, como si se dispusiera a salir del edificio.
En la recepción está el clavo que también hemos mencionado, pero en el mostrador de recepción están las cámaras que apuntan a la puerta y las escaleras de bajada. Si ven las grabaciones, verán que no pasa nada durante una hora, luego verán entrar a la policía (que desaparece unos instantes), luego se acerca al mostrador y se la ve coger el teléfono para llamar por encima de la barra (pero ni el teléfono ni el interior del mostrador se ven en la imagen). Parece que ella se mueve al interior del mostrador para marcar, pero en las imágenes no vuelve a salir. Si le preguntan, la policía dirá que llamó por teléfono a los servicios sanitarios. Si le preguntan porque no usó su emisora de policía, dirá que está en el coche porque no estaba de servicio cuando entró.
Primeros interrogatorios.
Los investigadores querrán hablar con los redactores de la revista que aún se hallaban en las instalaciones cuando ocurrió el crimen. En general no han oído nada, no se han enterado de la caída y sí, oyeron golpes, pero el RJ era conocido por sus arranques de ira y cuando oían golpes se quedaban en sus cubículos para que no la pagara con ellos. Cada redactor tiene su propia oficina (más parecida a celdas) desde la que trabaja sin ver a los demás. Ninguno de ellos tiene coartada.
Naturalmente, el nombre de los protagonistas ha sido cambiado para preservar su identidad.
Carmen Vidal
Esta mujer es una de las firmas más veteranas de la revista. Es fácil que esté en ella desde el primer número y es una voz bastante crítica con los contenidos de cada número. Ella cree que se han vendido al mercado y han perdido la pureza y la independencia de los primeros días. La muerte del RJ no parece haberla afectado mucho, pero hablamos de una periodista curtida, quizás sepa ocultar su dolor. Se había quedado trabajando para corregir sus artículos. No estaba convencida de la calidad de los mismos. Es una perfeccionista.
Es bastante mayor y el RJ planeaba jubilarla a la primera oportunidad. Estaba un poco cansado de sus críticas y sus referencias a la historia.
Luis Rojas
A diferencia de Carmen, Luis es uno de los últimos integrantes de la plantilla. Su exceso de trabajo esconde una desmedida ambición ya que espera ir escalando puestos en la organización. La verdad es que es un buen trabajador y crea mucho contenido en cada número. Se había quedado trabajando para hacer méritos con los jefes. Él sabe que lo mejor es decir que viene de la redacción y que sea cierto.
Había hablado en secreto con la editorial para que le hicieran redactor jefe, pero este hecho era conocido por RJ y ya estaba tomando medidas, como hacer un seguimiento cercano de todos sus artículos y destacar públicamente todos los errores.
Clara Núñez
Quizás la persona más integra de la redacción de la revista Desde el Ático. Su activismo político es bastante conocido (milita en un partido minoritario de izquierdas) y su compromiso con la verdad es notorio y conocido. Siempre pide confirmación de las noticias, siempre comprueba sus fuentes y nunca se le ha podido pillar en un renuncio. Se quedó trabajando para revisar números antiguos pensando que nadie más se quedaría.
Su relación con el RJ era muy tirante desde que descubrió que estaba censurando algunos contenidos por intereses comerciales.
Pedro Salas
El arquetipo de funcionario cansado de su trabajo que sigue viniendo todos los días para que no le despidan, pero que, en realidad, hace lo mínimo posible. Pedro no es funcionario, pero sabe que despedirle es demasiado caro debido a los años que lleva en plantilla. Se desilusionó cuando nombraron redactor jefe al fallecido (pensaba que lo elegirían a él) y perdió todo interés en el trabajo. Se quedó en el trabajo porque no le apetecía estar en la fiesta con el resto de sus compañeros (que no le caen muy bien).
Trabaja en secreto para otra editorial y el RJ lo sabía. Les pasa información sobre los artículos futuros para que la otra cabecera pueda contrarrestarlos con artículos propios o, incluso, adelantarse.
Iván Torres
Cree que su paso por la revista es solo temporal y que está destinado a otro tipo de publicación más seria. Sueña con ser un gran literato y ganar varios premios. Sabe, sin embargo, que primero tienes que hacerte un hueco en el mundillo editorial para que este apueste por ti y te haga ganar un premio como el Planeta, el Nadal o el Letras de Cunia. Aunque se quedó en la oficina, no estaba trabajando en la revista sino ordenando las notas de su novela sobre la redacción.
Está recopilando información para escribir un libro en el futuro y es, probablemente, la persona que más sabe de todos los temas internos de la revista. RJ no era ajeno esto y a veces lo aprovechaba como fuente de información.
Marta «Estrella» Cid
La firma más popular y conocida de la revista. Su especialidad son los artículos de ciencia ficción. Es una escritora prolífica y en cada número hay tres o cuatro artículos suyos. Suele preferir la discreción y no dejarse ver en público. Había utilizado la excusa de acabar un artículo para no ir a la fiesta.
El RJ no se fiaba de ella porque pensaba que su dedicación no era natural. Había mandado investigarla y descubierto que había trabajado para otras editoriales de donde la echaron por diferencias de criterios. Pensaba utilizar esto contra ella si se pasaba de lista.
Investigando a los sospechosos.
Si miran las cámaras (en el mostrador de la entrada) verán que nadie entra ni sale del edificio una hora antes de la llegada de la policía y por el estado de la víctima, la caída debió producirse poco minutos antes de la llegada de la mujer policía. El asesino está dentro. Todos los presentes en la redacción son sospechosos del asesinato.
La interrogación preliminar no desvelará ningún motivo oculto y tendrán que ir investigando cubículo por cubículo para descubrir pistas que señalen al culpable. Si han dejado que la policía Díaz se quede, tendrán a alguien para vigilarlos en el descansillo mientras ellos investigan. Si hicieron que se marchara, podrán llamarla (o llamar a otra persona) para que haga ese trabajo. Que los sospechosos les acompañen a sus respectivos cubículos será decisión de los PJ, pero quizás sea interesante ver sus reacciones cuando descubran cosas.
Lo normal es que empiecen por el despacho de la víctima
Despacho del RJ
La primera impresión que se llevarán del despacho es que la víctima no amaba los detalles decorativos. Es parco y funcional y todo lo que hay a la vista sirve para algo (incluyendo el saco de boxeo colgado del techo). Tampoco era muy ordenado y su mesa está llena de papeles y carpetas. Su ordenador está encendido.
Como puedes imaginar, el despacho de un redactor jefe está lleno de muchas cosas que no tienen nada que ver con su asesinato. Vamos a ponerte una lista de cosas que no tienen nada que ver con la historia para que las uses como relleno sobre las pistas reales:
- Una copia de Comandos de Guerra firmada por el autor. La fecha es de 2007.
- Una pelota antiestrés que, en realidad, es la cabeza de Darth Vader.
- Unas gafas para ver de cerca colocadas en una funda de estuche. El estuche está abierto.
- Un pequeño trípode.
- Una calculadora
- Una colección de auriculares de los que antes regalaban en los viajes de Renfe.
- En su ordenador hay una copia (cada una en una carpeta) de todas las revistas publicadas. Son los contenidos, no la revista maquetada.
Antes de continuar, quizás sea importante descubrir la forma de trabajar de la revista:
Los redactores escriben los artículos en sus ordenadores (se supone que el RJ les ha dado indicaciones o que ha habido una reunión previa para hablar de contenidos meses antes). Cuando el artículo está escrito lo suben al servidor (este acceso se registra en un log, cualquier actividad en el servidor se registra en dicho log). Una vez allí, en una especie de bolsa, el RJ seleccionaba los contenidos de cada número y los va incluyendo en la carpeta de la revista pertinente de dónde el maquetador los coge para hacer su magia.
Y ahora vamos con las cosas importantes (indicamos dónde están):
- Una copia de los contenidos de la revista 251 (es una de las carpetas de contenidos). Nota: el contenido de los artículos es falso (ver más adelante).
- Una copia de los contenidos de la revista 151 (es una de las carpetas de contenidos. Puede llamarles la atención porque hay dos carpetas 151: una pone número 151 y la otra número_151). Nota: en realidad son los contenidos reales de la revista 251.
- En la revista real 251, los contenidos escritos por Luis Rojas están llenos de enmiendas y comentarios con una dureza y contundencia mayor de lo habitual. No se trata de contenidos al autor, sino que son para conocimiento de toda la redacción. Una vez se maquetara la revista, los hirientes comentarios serían públicos. No son amables y, en algunos, le pide que deje de escribir sandeces y se saque una plaza de basurero.
- Una carta de recursos humanos con los cálculos de la jubilación de Carmen Vidal (está en uno de los cajones)
- Un log de acceso al servidor de la revista con varias consultas y entradas de Clara Núñez esa misma noche (en el ordenador).
- Un acceso de Pedro Salas a los contenido de la falsa revista 251 (está en el ordenador). Si escarban un poco más, descubrirán accesos de Pedro Salas a cada una de las revistas en el último año y siempre días antes del cierre del número.
- Un informe de un detective sobre Marta Cid (está en uno de sus cajones). El informe no dice gran cosa, salvo que es una persona solitaria, sin amigos, que vive con su madre a la que nadie ha visto en años y que dejó varios trabajos previos sin explicación. Las informaciones de sus anteriores jefes no son concluyentes, solo que dejó el trabajo sin avisar. No hay nada criminal en el informe, pero sí parece que guarda algún secreto.
- Un trabajo de investigación, probablemente hecho por el propio RJ, sobre el juego online y las ventas ilegales en dichos juegos.
La falsa revista 251
El RJ estaba preparando una trampa a Pedro Salas y quería que compartiera una falsa revista a sus rivales. Cuando estos contraprogramaran el número falso, tendría pruebas para despedirle sin pagarle un duro. Los contenidos de la revista falsa son artículos descartados de revistas anteriores. Nunca se llegaron a publicar, pero son contenidos de baja calidad.
Los contenidos reales están en la falsa revista número_151.
El secreto de Marta Cid
No tiene que ver con este caso, pero Marta Cid está un poco trastornada. Su madre murió hace años, pero ella se negó a reconocer este hecho y la mantuvo en casa. Algunos vecinos afirmarán haberla visto en una mecedora a través de la ventana, lo cual es cierto, pero la pobre señora está ahí como la madre de Norman Bates (embalsamada).
Uno de los trabajos previos de Marta Cid fue en una funeraria y allí aprendió a preparar los cuerpos de los fallecidos. Cuando su madre murió abandonó el trabajo, robó algo de material y se encargó de su madre.
Su siguiente trabajo fue en una editorial infantil, pero cuando el jefe, que acababa de leerse un manual de cómo ser jefe, se empeñó en que cada mes se reunieran en casa de alguno un fin de semana para una velada relajada se le complicó la cosa. Se fue del trabajo cuando la siguiente casa era la suya.
La pensión de viudedad de la madre sigue llegando a su cuenta, pero Marta solo saca una cantidad pequeña para aparentar que su madre tiene gastos, pero, en realidad, guarda ese dinero porque no es el lucro lo que la ha movido a hacer lo que ha hecho, sino el dolor.
El RJ no sabía nada de esto, solo que era «rara», pero una excelente trabajadora. Tampoco queda claro que, de haberlo sabido, no hubiera intentado chantajearla de alguna manera.
Informe sobre el juego online
Más que un informe, parece un artículo a medio escribir o en fase de investigación. Se centra en las partidas de rol online y en los medios «extras» que las plataformas ponen para los jugadores previo pago de una cantidad no muy elevada. Hasta ahí parece un negocio normal, pero parece que el autor del artículo había descubierto una red de apuestas clandestinas en función de los resultados de las tirada de dados de diferentes grupos. Cuanto más popular era la partida (y su retransmisión) más fuertes eran las apuestas. Las casas de juego «influían» en algunos resultados para apañar las apuestas (sin que lo supieran los apostantes, claro).

Algunos participantes habían empezado a señalar la disparidad de los resultados de algunas acciones (sobre todo cuando eran de combate) y a señalar la abundancia de resultados extremos (críticas y pifias). Algunos consideraban que era un problema de la plataforma utilizada para jugar, pero otros habían ido más lejos y escrito a periódicos y a la policía. Un tal Francesco (cuyo personaje se llamaba Javier) había presentado una imagen de una pifia demasiado sospechosa jugando a 1808 a la policía. La denuncia había llegado a la comisaría 13, pero no había ido más allá.
El cubículo de Carmen Vidal
En su mesa de trabajo hay varios diccionarios y libros de gramática y en su ordenador hay una copia en corrección de su último artículo: como incluir reglas anímicas en sistemas de juego ponderados (es decir, sin dados lineales).
Hay una foto de Venecia en una pared. Si le preguntan dirá que piensa visitarla algún día, pero que nunca ha estado.
El cubículo de Luis Rojas
Su artículo, sobre cosplay en las partidas de mesa, lleva desde hace unas horas en el servidor y él ha aprovechado ese tiempo para mirar documentación sobre deportes. Parece bastante aficionados a ellos (hay una foto de Nadal firmada en su pared).
Tiene una agenda con los email de los directivos de la editorial, así como otros datos personales de ellos (teléfono, residencia y demás). Aunque las anotaciones están hechas con la misma letra, la tinta del bolígrafo difiere lo que demuestra que no se han hecho de forma continua sino que añadía cada dato cuando lo descubría. Está a la vista, parece muy celoso de que otros la miren.
El cubículo de Clara Núñez
Ha presentado hace unas horas un artículo sobre la reducida presencia del colectivo queer en las partidas online de rol. Es un artículo bastante beligerante contra la discriminación de este colectivo.
También descubrirán en su ordenador una serie de artículos no escritos por ella en dos versiones, la presentada y la publicada. En las diferencias hay anotaciones varias especulando que dicha información ha debido ser quitada por tal o cual personaje (algunos del mundo oscuro de Cunia, pero la mayoría de empresas del sector: Devir, Nosolorol, Asmodee, Sombra, etc.).
El cubículo de Pedro Salas
Ha escrito hace horas un artículo sobre si 100 orcos pueden matar a un PJ en diferentes juegos de fantasía medieval. Algo muy superficial. Su despacho está bastante sucio y desordenado.
En su terminal también descubrirán copias de todas las revistas días antes de la publicación (la revista se publica el 16 y las copias son de un mes antes) y copias de los correos que ha enviado a la 3d10 (una revista de la competencia). Lleva haciéndolo más de un año. Localizar los correos no será fácil porque los ha borrado, pero una investigación en profundidad los encontrará en la papelera.
El cubículo de Iván Torres
Su artículo sobre la influencia del paganismo en los juegos de rol lleva también algunas horas entregado, pero si investigan los archivos recientes de su ordenador, descubrirán las notas de trabajo de su novela sobre la revista. Hay mucha y jugosa información, pero nada delictivo en una primera lectura (solo chismes de redacción).
En la mesa tiene una agenda en la que tiene anotado nombres de editores y de agentes literarios.
Marta «Estrella» Cid
Estaba escribiendo un artículo para la revista 252 (la siguiente a la siguiente). Se trata de una aventura de un hombre atrapado en una casa terrorífica con un padre loco que ha matado a sus hijos y a su mujer. Gore a tope.
En la mesa del despacho hay una foto de su madre. Parece antigua por la juventud que aparenta, pero el parecido con Marta es indiscutible.
¿Quién es el asesino?
Si has llegado hasta aquí quizás quieras saber quién provocó la caída (y muerte) del RJ.
La clave está en la investigación de las apuestas en los juegos de rol online. Esto es Cunia, siempre se apuesta por todo y siempre hay alguien dispuesto a sacar más beneficio del natural. Rafael González, uno de los tipos oscuros de la ciudad y que más trabaja con este tipo de asuntos, es quién está detrás de esto, aunque será difícil demostrarlo. Tiene sobornada a alguna gente de la comisaría 13 que es la comisaría que se encarga de los delitos informáticos. Entre esa gente está el jefe de Claudia Díaz y la propia Claudia Díaz. Cuando llegó la denuncia de Francesco la dejaron aparte y la ignoraron porque sabían hasta dónde les llegaría. El redactor jefe llama a la comisaría para pedir información sobre la denuncia y queda con la policía que se pasará por la redacción esa noche para darle toda la información.
Claudia había preparado todo para esa noche, había estudiado el lugar y llevaba preparado todo lo que iba a necesitar para simular un accidente. No era cierto que Claudia estuviera de camino al bar con los compañeros (eso fue una mentira), primero iba a la redacción a cometer el crimen. La puerta no estaba cerrada (como sabría que así sería) y hace el paripé de entrar y llamar por teléfono para luego poder decir que había llamado a la policía, pero, en realidad, ha parado las cámaras, preparado la trampa (lo que deja algunas gotas de agua de su abrigo) y luego llama al despacho del jefe diciéndole que está abajo esperando, que no le haga subir que se ha pasado el día pateando las calles y tiene los pies destrozados. Se ha dejado a prrpósito la centralita y el móvil en el coche para justificar su uso del teléfono interno. Nuestra víctima, inocente y sin sospechar, se prepara para salir a la calle porque después de hablar con la policía piensa irse a la fiesta de la empresa (y llevarse a todos los redactores que sigan abajo).
La caída de la escalera será mortal, pero Claudia se queda en el lugar para rematarlo si fuera necesario (no lo es). Y es entonces cuando llama a los servicios de emergencia desde la centralita de la oficina como si acabara de entrar y descubrir el cadáver. Vuelve a encender las cámaras y como no hay nadie en la estancia cualquier vistazo superficial no notará ningún salto en la imagen (no graban la calle y no pueden haber grabado a nadie pasando). Este «salto» podrían descubrirlo los PJ si hicieran un análisis forense de las imágenes (llevará tiempo) y quién seguro lo hará es el fiscal o el abogado defensor según a quién nombren como culpable.
Mientras llegan los sanitarios, Claudia vuelve a subir la escalera para quitar la trampa y descubre que falta uno de los clavos, pero no le da tiempo a buscarlo porque la ambulancia llega enseguida.
Si dejaron que Claudia se quedara en las oficinas, propondrá ideas que desviarán la atención de los personajes, pero serán sutiles y se inventará excusas para explicar cualquier cosa que parezca señalarle. Si está allí, será fácil detenerla. Si no la dejaron quedarse, tendrán que ir a por ella cuando descubran su culpabilidad. Esta escena final bien podría ser en su casa o en un bar lleno de compañeros de la policía que no entenderán muy bien qué está pasando y quizás se pongan de su parte. Otra posibilidad es intentar detenerla al día siguiente en la comisaría o preparándole una trampa para que vaya a firmar su declaración. En cualquier caso, si a tus jugadores les gustan las escenas de acción, aprovecha la detención para incluir una persecución o un tiroteo (o ambos). En la trama está implicado su jefe y Rafael González, puede ser una buena forma de continuar la aventura. Detener las apuestas fraudulentas de los juegos de rol online bien podría ser el final adecuado como homenaje a nuestro sufrido redactor jefe.
Unas palabras finales
Esta partida surgió como una broma dentro de la redacción de la revista mientras publicábamos el número 250 de la revista. La broma consistió en un comentario que quizás había llegado ya el momento de cambiar al redactor-jefe. Esa broma en Cunia tiene un sentido diferente (como habrás visto) y de ahí esta partida.
El objetivo de la partida ha sido presentar a gente sospechosa para que luego el culpable sea otro que ha estado a la vista desde el primer momento, muy al estilo de las novelas de detectives clásicas.
Creo que no es necesario decirlo, pero insistiré: todos los personajes de la historia son inventados y ninguno hace referencia a ninguna persona real que trabaje en una revista de rol. Es ficción.
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