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He sido testigo de más nacimientos de revoluciones del rol de las que recuerdo. Sistemas o filosofías que venían para marcar un antes y un después en esto del rol, con sus profetas en sus tronos de piedra y sus detractores con garrotes y antorchas. Sin embargo, tras todas esas promesas de mejores experiencias, siempre quedaba gente jugando a lo mismo (incluso al mismo juego me atrevería a decir). Las mejoras de la comunicación han hecho que las revoluciones ocurran con más frecuencia, pero con idéntico resultado. Seguimos quedando gente jugando a lo mismo.

El rol es para mí una afición. Es cierto que tengo cierto acceso privilegiado a los entresijos de la industria del rol, pero cuando juego a rol no soy el editor, sino un jugador y las partidas de rol son para mí un entretenimiento. Me interesan muchos los libros que hablan de las bambalinas, de las mecánicas, de las posibilidades dentro del rol. Siempre es bueno conocer cómo funciona el mecanismo para poder llevarlo al máximo. Sin embargo no me gusta cuando se entienden esos estudios como una doctrina, como la forma adecuada de jugar a rol. Hay tantas teorías como mesas de juego y ninguna es correcta.
Solo somos gente jugando a rol. Y eso es suficiente.
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