Número: 123.     4ª época.     Año XV     ISSN: 1989-6289

123 > Ambientación > Callejero > Amanecer (RN). Por: Roberta Alias

 

Amanecer

Cuando encuentras este local en el barrio Gótico piensas que te has equivocado de barrio o que el que se ha equivocado es el bar. Cuando ves que está lleno de gente, empieza a replantearte tu primera impresión. Su interior está decorado con cierto minimalismo en tonos azul y ocres y el fondo, que el más ancho que la fachada, tiene varios semireservados a dos alturas con asientos de cuero y mesas hexagonales. En la parte delantera, frente a la barra hay varias mesas rodeadas de taburetes cuadrados también de cuero. Por la noche, a partir de las once, estas mesas van desapareciendo y la zona se convierte en una pista de baile iluminada por una falsa claraboya del techo.

El local está en la plaza de la Alhacaba (ver en el mapa de Cunia: Ver) y abre a las 18:00, son muy puntuales, y cierra a las 2:30, aquí son más elásticos. Pablo y Alejandra, hermanos, son los dueños del bar y son los que se encargan de atender la barra (él) y las mesas (ella). En la cocina está Alf (Alfonso), pareja de Pablo, y un excelente cocineros. De hecho, Amanecer tiene mucha fama por su cocina especializada en tapas y es que Alf se esfuerza por sorprender a los clientes cada día. La cocina se cierra a las once de la noche con lo que el bar deja de ser un restaurante y pasa a ser un bar de copas. Es una transición que hacen muy sutilmente. De repente dejan de tener tapas ("se han agotado, lo siento"), pero no presionan a nadie para que abandone su mesa. Según se van levantando, las limpian y, si procede, las retiran. Los clientes habituales ya lo saben y se piden una tapa cercana a la hora de cierre de la cocina. Alguna vez han bromeado de regalarle una campaña a Pablo para emular los pub ingleses. Tras terminar en la cocina, Alf, que tiene unos antebrazos que parece que ablanda la carne a puñetazos, se encarga de la seguridad en la puerta.

Amanecer es un bar de ambiente homosexual, pero a diferencia de los locales más sórdidos que hayamos podido conocer, es un muy agradable. Si lo visitas solo, es más que probable que te pregunten en más de una ocasión si quieres compañía, pero si vas acompañado o después de un par de negativas, nadie te molestará. De hecho, lo habituales preguntan a Pablo antes de abordar a cualquier desconocido. Si ha visto que no busca compañía, les avisará para que no le molesten. Se dice que tanto hombres como mujeres han intentado ligar con Alejandra y, hasta la fecha, permanece inalcanzable.

Lo que la realidad esconde

Pablo y Alejandra nacieron Checoslovaquia, pero no se les nota porque han pasado casi toda su vida en España donde sus padres emigraron tras la Primavera de Praga. Su padre era un político que se vio obligado a emigrar cuando los tanques soviéticos entraron en la capital y aunque tras la caída de la Unión Soviética se le presentaron oportunidades para volver, ya habían rehecho su vida en la ciudad de Cunia, los hijos eran mayores, estaban bien integrados en la sociedad y volver no era una opción. Sin embargo, la familia conservó los contactos que tenía y no todos ellos eran legales. La posición del padre en Cunia fue muy interesante para según qué grupos.

Pablo y Alejandra han heredado de su padre algunos de esos contactos y desde el Amanecer dirigen una red ilegal de adopciones (o trata de niños que sería el término más correcto). Si estás desesperado por tener un hijo, Pablo y Alejandra te encontrarán uno, caucásico, a buen precio y arreglarán todo para que los papeles parezcan legales. De hecho, algunos incluso lo son. Muchas parejas homosexuales han tenido hijos gracias a ellos, pero también muchas parejas heterosexuales adineradas que no tienen tiempo para quedarse embarazados. Los servicios pueden varias desde el medio millón de euros a los cinco o más millones.

Sin embargo, no es esta la parte más repugnante de su negocio. Los amigos extranjeros de Pablo y Alejandra no buscan huérfanos para adoptar. Cuando necesitan un niño, buscan alguno con esas características y, simplemente, se quedan con él. A veces basta con comprárselo a los padres (hay zonas en Georgia y Kazajistán donde las familias están muy desesperadas), pero en otras ocasiones deben provocar que el niño se quede huérfano. Recientemente, una familia de Mochachica adoptó un niño ucraniano (salió en la prensa rosa). En realidad ese niño es ruso y su familia cree que murió junto a sus padres en el incendio de la casa. ¿Nadie se cuenta que faltaba el cuerpo del niño? No, los secuestradores consiguieron otro cuerpo y lo pusieron en la cama del secuestrado antes de incendiarlo todo. Como se dictaminó que el incendio fue un accidente, nadie se molestó en hacer pruebas de ADN comparadas entre los fallecidos. El forense, previamente recompensado, considerado que no eran necesarias.