DESDE EL SÓTANO
Nº: 215 . 3ª época. Año III
Orden de la garra abierta Por: Ignacio Conesa
 

Orden de la garra abierta

El origen de la orden de la garra abierta es relativamente reciente, remontándose a unas pocas décadas. Según enseña el Círculo de Maestros a sus alumnos, el fundador de la orden fue un gnoll llamado Fester Montes. Fester era un caudillo de una tribu no demasiado grande que tenía sus difusos dominios en la gran extensión inexplorada que hay al poniente de la República de Ariak. En una incursión contra esta nación no especialmente afortunada acabó con su tribu diezmada, sus posesiones arrebatadas y su vida pendiente de un hilo. Para evitar su destino final se adentró demasiado en el Espinazo de la Serpiente, hasta verse atrapado por una ventisca de nieve. Demasiado obstinado para dejarse matar por el frío y el hambre, continuó avanzando hasta que finalmente encontró su salvación, un antiguo monasterio de la Orden del Ojo Cerrado.

El monasterio, como otros muchos de la orden, había sido prácticamente abandonado tras el fin de la Guerra de los Portales, y solo unos pocos monjes gárgola vivían allí. Un poco por la sorpresa de encontrar un visitante del exterior y otro poco impresionados por su tenaz resistencia a morir, los monjes acogieron a Fester y cuidaron sus heridas lo mejor que pudieron. Lamentablemente el frío había hecho mella en él y su mano derecha quedó permanentemente desfigurada, retorcida en una forma de garra. Nunca jamás podría volver a blandir un arma con ella. Mientras Fester intentaba hacerse a la idea de que sus días de guerrero habían terminado, intentó recomponer su roto orgullo ayudando en las tareas más mundanas del monasterio. Se dijo que así los monjes recibirían un justo pago por el cobijo que le habían dado y no se sentiría en deuda con ellos. Mientras pagaba su deuda observó cómo los monjes eran capaces de pelear sin usar arma alguna lo que avivó en él el fuego de volver a retomar la senda del guerrero. Poco a poco se fue ganando la confianza de los monjes hasta que uno de los maestros menores, cuyo nombre no se ha conservado, accedió tomarlo bajo su tutela. Pronto Fester se destacó como un alumno entregado, preparado para las más duras tareas del entrenamiento monacal, pero, como a menudo le recordaba su maestro, su espíritu no estaba en paz y las enseñanzas espirituales de los monjes eran para él palabrería sin sentido, excusas que se inventaban los monjes para dificultar su progresión. En defensa de los monjes de aquel monasterio hay que decir que eran una orden en decadencia, El Ojo Cerrado había perdido gran parte de su razón de ser, casi no tenían contacto con otras gárgolas y su número de alumnos no hacía más que descender. Sea como fuere, aceptaron a Fester como un alumno más, enseñándole todo lo que la limitada espiritualidad del gnoll daba de sí.

Al final, llegó un momento en el que las técnicas más avanzadas comenzaron a eludirle, debido a que, como le repetía su maestro, era incapaz de conectar con su energía interior. Frustrado, comenzó a desarrollar un estilo propio, usando su tullida mano como una ventaja y concentrándose en las técnicas que usaban sus dedos engarrados. Sin embargo, esto no era suficiente, Fester quería dar saltos prodigiosos, destrozar gruesos muros de madera con sus manos, aguantar golpes sin magullarse, pero siempre se encontraba con el mismo escollo, no era capaz de focalizar su energía interior. Finalmente llegó a la única conclusión posible, su maestro en el fondo no quería enseñarle más, buscando vanas excusas para esconder que, en el fondo, a sus ojos no era más que un extranjero indigno de las enseñanzas secretas de las gárgolas. Hastiado, abandonó el monasterio y salió al mundo a ganarse la vida con sus nuevas habilidades. Pronto descubrió que ser capaz de matar rápidamente a un hombre sin armas era una gran ventaja. Ganó cierta reputación como asesino y, poco a poco, consiguió formar su propia escuela. Debido a la particularidad de su estilo, solo aceptaba alumnos que tuvieran garras, como otros gnolls e incluso alguna gárgola caída en desgracia.

Su gran momento llegó con el Emperador. Sus particulares habilidades llegaron a oídos del conquistador, que lo hizo llamar a su presencia y le encargó la formación de una fuerza de élite capaz de infiltrarse en las ciudades enemigas y hacer asesinatos selectivos. La orden aumentó de número y su nombre acabó siendo susurrado con temor por los enemigos del Emperador. Fester se sentía invencible, pavoneándose de su ambición y despreciando la estrechez de miras de sus antiguos maestros, hasta que finalmente, el destino le alcanzó. Una noche una gárgola se presentó en la puerta de su escuela principal, reclamando un combate a muerte con el gran maestro. La Orden del Ojo Cerrado había puesto su ciega mirada en ellos. Envalentonado por su éxito, Fester aceptó el reto. El combate fue digno de pasar a la historia, con Fester empleando todos y cada uno de sus trucos y el misterioso monje gárgola demostrando una capacidad de aguante y una fuerza que parecían sobrenaturales. Tras casi una hora de combate, Fester fue cayó muerto a causa del agotamiento y las múltiples heridas recibidas. En cuanto al destino del monje gárgola, el relato se difumina. Unos dicen que también murió a causa de las heridas del brutal combate. Otros que los alumnos de Fester se abalanzaron sobre él y le dieron muerte y unos pocos que consiguió salir con vida de la escuela camino del horizonte para nunca más volver. De cualquier manera, poco después de la muerte de su fundador, el Emperador cayó y su poder se deshizo en la nada. Sin un maestro ni un patrón, la Orden de la Garra abierta se dispersó. Aunque aún es posible encontrar alguno de sus miembros en los caminos, o incluso una escuela oculta en las estribaciones del Espinazo de la Serpiente, su presencia casi ha desaparecido. Algunos incluso argumentan que la Orden del Ojo Cerrado le está dando caza uno a uno, pero eso, como todas las historias que se cuenta sobre la elusiva orden, parece poco probable.

A nivel de juego la Orden de la Garra es una organización muy adecuada si quieres introducir en tus partidas unas artes marciales sin todo el misticismo que envuelve a los monjes de corte más fantástico. Son simples guerreros especializados en el combate sin armas, en la infiltración y el asesinato. Aunque su grueso lo componen gnolls, gárgolas, cualquier raza con garras, como los Ioran, puede engrosar sus filas. Incluso sería posible que cualquier otra raza aprenda sus técnicas, ayudándose, eso sí, de guantes engarrados o nudillos con filo.

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