DESDE EL SÓTANO
Nº: 111 . 3ª época. Año III
E2 - El incidente iroiendi Por: A.D.E.G.
 

Un plató de holovisión minimalista. Unas luces con el logotipo del programa, posiblemente dibujadas, una pantalla virtual, añadida en post-producción, dos butacas blancas de amplio respaldo, reales, y dos locutores de edad indeterminada y vestidos con cierta sobriedad propia de una nueva moda aún por imponerse

- ¿Crees que es cierto lo que afirma Pila Ridru?

En la pantalla virtual aparece la imagen de una humana de hermosas facciones.

- No te voy a engañar, yo sí creo que esa mujer sea capaz de zumbarse a todos los Gracos de Vettera en una noche.

Risas enlatadas

- Como eres... no me refería a eso. ¿Puede ser cierto que fuera enviada por los Murciélagos de Jotilsa antes del partido?

- ¿Una especie de guerra química?

- Sería biológica, ¿no?

- No, no, química; no has olido el perfume que gasta esa...

Un ligero pitido suena en la trasmisión; se repite tres veces con más intensidad y luego otras veces algo más suave y largo.

Interrumpimos nuestra programación habitual [una voz artificial generada por un modular AS-34G seguramente] para hacerles partícipes de unas imágenes que están llegando a las redacciones de todas las cadenas de holovisión y las principales páginas de noticias de la GWW. Hemos rastreado la señal y llega a través de varios repetidores a través de la frontera del sector Alfeiron. La multiplicidad de fuentes nos ha convencido de su realidad, pero los telespectadores deben tener en cuenta que la cadena... [varios mensajes legales después] ...desgraciadamente no podemos ofrecerles audio.

[Fundido en Negro]

Recortándose contra una estrella de color blanquecino se adivina la silueta de una nave espacial. Se va haciendo más grande poco a poco y en unos minutos parece eclipsar la mitad de la estrella. Hay otras naves más pequeñas que la acompañan, pero a falta de una referencia, es difícil determinar el tamaño. La imagen gira lentamente, hacia la derecha y hacia abajo, las estrellas de fondo se ven como pequeñas líneas durante un instante. Un planeta verde, con grandes superficies continentales ocupa la parte inferior de la imagen. Hay algunas nubes, también de color verde, y encima de uno de sus mares más grandes parece haber un huracán.

La imagen cambia de plano. Ahora está en la superficie del planeta. Se ven algunos árboles de largos troncos y finas hojas, como agujas. Su color es casi azulado y contrasta con la tonalidad verde del cielo. Entre las copas, se adivina el cielo estrellado y decenas de puntos que se mueven entre las estrellas. La cámara baja y muestra un valle, un río de aguas bravas que salta hasta caer en un lago al fondo. Se adivinan animales y pájaros, aunque nada permite calcular su tamaño real; podrían ser seres sentientes vistos en la distancia.

Nuevo cambio de plano, de nuevo en el espacio, de la sombra oscura que ha ocultado parte de las estrellas de fondo surge una colección de llamaradas. Es una secuencia larga, varios minutos, y los objetos, también oscuros, se pierden en la noche por un momento. De pronto, empiezan a rozar las capas exteriores de la atmósfera planeta, arrancando destellos rojos y blancos por la fricción. Se dirían que están orbitando y descendiendo lentamente y con su estela van formando una rejilla esférica, como una mortal jaula de Faraday hecha de fuego.

Desde la superficie, con la cámara allí instalada, se pueden ver las estelas en el cielo. Son como láseres horadando una lámina de cristal. Las criaturas del valle los han visto y alzan sus cabezas al cielo entre curiosos y asustados. Las llamaradas parecen acercarse.

La jaula de Faraday se desvanece vista desde la órbita. Los objetos han debido alcanzar su velocidad mínima y ahora se precipitan hacia el suelo, invisibles, sin sonido, sin advertencias.

Algo golpea el centro del valle y levanta una nube de escombros, humo y polvo. Los habitantes del valle huyen en todas direcciones, tropezando y encabritándose por las sacudidas del suelo. Cuando todo parece haber terminado, entre la destrucción se yergue un mástil negro, humeante y estrecho, tanto que parece imposible que se sostenga de pié. ¿Cuánto se habrá enterrado en el suelo? Una llamarada azulada surge de su interior en toda su altura, como si miles de orificios tan pequeños que la imagen no los capta, bramarán con el aliento de millones de soles oscuros. El incendio avanza a gran velocidad, ya no queda gente en el valle y en un instante, alcanza la cámara.

Desde el espacio, se ve como pequeños puntos de luz azul se expanden hasta formar círculos y luego enormes toros que van dejando todo negro a su paso. Cuando dos de esas circunferencias se encuentran, el azul se hace más intenso un instante antes de desaparecer. Toda la escena dura minutos y al finalizar, el planeta verde se ha convertido en un planeta negro, casi oculto en la noche eterna del espacio.

Una última conexión a la superficie muestra que la cámara se ha caído, la imagen está torcida, pero se aprecian cenizas negras que caen lentamente, como nieve extraña. No hay árboles, ni valle, ni lago, ni habitantes en sus orillas...

Fin de la trasmisión

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